Película
rodada en el verano del 2010 en la ciudad de Los Ángeles. Según dice su
director, sus fuentes de inspiración fueron títulos como A quemarropa (John Boorman,
1967), Bullit (Peter Yates, 1968) o Driver
(Walter Hill, 1978). Hugh Jackman fue el elegido para
protagonizarla, pero éste tuvo que dejar la producción por exceso de trabajo. Ryan Gosling comenta en una entrevista
que pasó dos semanas en el aparcamiento de una iglesia con el coordinador de
las escenas de acción, Darrin Prescott,
haciendo trompos con un Camaro o con algún Mustang. La experiencia fue divertidísima,
según Gosling.
Adrenalina, atracción por la velocidad, riesgo. Eso es lo
que se siente cuando contemplamos las andanzas de este lobo urbano taciturno al
que se conoce por Driver.
El control y la seguridad de sí mismo, cierta chulería
simpática o el hermetismo formarán parte de su personalidad. Sus dotes al
volante son extraordinarias y le servirán para que trabaje de especialista en
películas de acción (su identidad social) y como hombre contratado en atracos
en los que se precisa una huida rápida, en ocasiones no exenta de habilidad
para el camuflaje (una parte de su aspecto oscuro).
Su soledad es promovida por esa violencia que lleva dentro y
con la que no quiere hacer daño a nadie. Ese es el principal motivo que lo hace
apartarse de la gente. Pero una mujer, vecina suya, lo hará cambiar. Es cuando
surge el amor cuando se sentirá comprometido con ella y con su hijo… de todas
formas puede haber un problema en la relación empezada, aunque sin empezar del
todo, cuando el marido de Irene (Carey Mulligan) sale de la cárcel y
vuelve a casa. Pero he aquí la sorpresa, ese giro producido que hace que la
peli no vaya por donde podía esperarse, cuando en vez de iniciarse el conflicto
entre los dos hombres por Irene hay
un acercamiento en el que Driver
quiere ayudar a Standard Gabriel (el
marido de Irene) por un problema de deuda
contraído con una gente de la cárcel. Los prestamistas amenazan con cobrar la
deuda no sólo de Standard sino de su
mujer y de su hijo. Es entonces cuando Driver
se involucra por esos sentimientos que lo obligan a ayudar a Irene y a los suyos, incluso a su
marido.
Drive recuerda un
cine ochenteno de género negro y acción, con un envoltorio que en ocasiones recuerda Nueve semanas y media, visto en películas como Ocho millones de maneras de morir, la
irregular Vivir y morir en Los Ángeles
o Atrapados sin salida. Hay, sin
embargo, una violencia salvaje, contundente, sin vuelta atrás que no llega a la
frialdad mostrada en El demonio bajo la piel, pero que sí recuerda la
de Taxi Driver.
La noche, o esa soledad y frialdad que aparecen en algunos
personajes, menos cuando tocan la relación sentimental entre Ryan Gosling y Carey Mulligan, marcarán también la personalidad del film, junto a
una música tecno retro que nos lleva mejor a los ochenta, una música con mucho
más ritmo que sentimiento.
Como todo buen thriller de género negro, que aunque nos
traslada a los ochenta tiene en ese género negro esencia de los cincuenta (
igual que lo tenía el de los ochenta), en Drive
hay mafiosos muy duros que querrán cobrar lo suyo, o lo que creen que es suyo,
habrá un robo mal elegido que traerá consecuencias dramáticas (tan mal elegido
como el perpetrado en Antes que el diablo
sepa que has muerto), habrá venganza y mucha violencia; pero también habrá
espacio para la ternura, la amistad y el compromiso dentro de una espiral
trágica que conducirá a nuestro protagonista a un final incierto para salvar a
la persona que más le importa.
Film del danés Nicolás Winding Refn de claras influencias del cine negro y acción de los años ochenta, pero con una violencia más descarnada. De una elegancia fría que le da a las imágenes una sofisticación a lo Michael Mann, y con elementos que ejercen una atracción peligrosa bajo esas luces de neón (y luces de diverso tipo en general) que aparecen de noche iluminando esa gran ciudad en la que pude ocurrir de todo.
Estreno Cine


































