Claro homenaje al
cine de Steven Spielberg, que la
produce, y a todas aquellas películas de gran frescura y fáciles de ver que
siguieron la estela del maestro autor de títulos tan emblemáticos como ET, el extraterrestre, En busca del arca perdida o Encuentros en la tercera fase, por
nombrar algunos de los films más conocidos de los 80 o muy cercanos a esa
década dorada de su cine, una de ellas. En este homenaje de J.J. Abrams nos encontramos con muchas
de las características que forman parte del estilo inconfundible de este
creador de ilusiones vistas con los ojos de un niño. La inocencia hará evocar emociones
de asombro típicas en una edad en la que todavía se está formando gran parte de
lo que serán nuestras personalidades. Ya con el simple título nos damos cuenta
de tal homenaje: Spielberg rodó sus
primeras imágenes de ficción con una cámara Super 8 igual que la que usan los
niños de la película para hacer su aproximación al cine de zombies y tomar los
primeros contactos con la cámara y las imágenes, igual que hizo Spielberg en su momento. No fueron
exactamente homenajes los que hicieron directores que cayeron bajo la
influencia tanto de Spielberg como de
George Lucas, cuya productora de
efectos especiales (magníficos) trabajó para la película, como John Landis, Joe Dante o el mismo Tom
Holland en alguna de sus películas de género de terror, sino que fueron
disciplinados discípulos, más o menos confesos, que siguieron un camino
iniciado por el maestro y que llenó de espectadores ávidos de aventura e
historias extraordinarias los cines de medio planeta. Es por ello normal que en
este homenaje se aprecien cosas de películas como Los Goonies en esas relaciones de amistad y compañerismo de unos
niños unidos por la aventura y con un parecidísimo sentido del humor, Noche de miedo, o la misma Gremlins, en la recreación de ese
misterio y su equilibrada evolución, y que siguieron mucho más allá de los 80
hasta reconocerse en otras películas tipo Destino
final producida más de 20 años después. Pero si Super 8 tiene aspectos de estos directores es imposible que no los
tenga del maestro. La película es muy parecida a ET, el extraterrestre y a Encuentros
en la tercera fase. De hecho los malos de ET salen del mismo lugar que los
de Super 8 y hacen las cosas de un
modo muy parecido, y los buenos, chicos incluidos, y familias que los quieren
más que a nadie en este mundo, se zafan de los malos y actúan como lo hacían
los protagonistas de ET. Ese es otro de los rasgos característicos del estilo de Spielberg que recrea Abrams en su película-homenaje: la
importancia de la familia y el marcado
sentimentalismo en las relaciones, muy humanas y enternecedoras… ¿a quién no se
le humedecieron los ojos en la relación que
mantenía ET con su amigo y niño cuidador? El encuentro de ese niño con
su padre y las emociones que salen a flote son parecidas a las que manifiesta
el policía padre del niño protagonista en Super
8. Y es que Spielberg gestionaba
muy bien el lado emocional y en este buen homenaje también se cuida ese
aspecto.
La película es
esencialmente de género fantástico y de aventuras. Hay misterio y algo de
acción desarrollada con un ritmo acertado; tiene también una especie de
hipnotismo que aparece por la perfecta sincronización de la música y las
imágenes; esto hará que el espectador sucumba a la emoción que el director,
igual que hacía Spielberg, quiere crear de una forma totalmente inducida y
planificada. Al ser de género fantástico y recurrir a elementos poco cotidianos, rozando, o llegando a tocar
plenamente, lo inverosímil, hará que la historia sea más bella desde su
plasticidad. Esto no hará que la parte más real o la temática a desarrollar se
eclipse o estropee. Los encuadres, el ritmo, la acción o la iluminación hacen
avanzar tanto los momentos de clímax como cambiar su discurso. La iluminación,
concretamente, matizará a los personajes individualmente. No sólo los diálogos,
acciones o movimientos lograrán crear ambientes sino esa iluminación
individualizada. Hay un equilibrio entre lo técnico y lo artístico en las
películas de Spielberg, aunque en Super 8 la parte técnica esté más
desarrollada; aquí tiene mucho que ver la digitalización y el excesivo uso de
ella en las escenas de acción. Los personajes infantiles suelen tener algún
tipo de problema o conflicto o tienden a aislarse, en Super 8 hay una tragedia familiar que marca al niño y al padre. Eso
hará que su mundo interior sea rico de contenidos y que sean niños especiales,
muy enternecedores y que se sienta gran empatía por ellos. Los diálogos suelen
ser muy clásicos y de naturaleza escénica en esos momentos en los que hay que
recrear atmósferas, acciones físicas o estados anímicos. Con detalles simples
hay información suficiente y útil sin la necesidad de recurrir a diálogos
interminables y aburridos o a largas tomas insufribles. El uso de los planos y
los movimientos de cámara (se pasa de un plano largo, o mendio-largo, a uno más
cercano, incluso primer plano muy detallado) se hace para resaltar lo que sucede
en una escena. La técnica Spielberg
la usaba mecánicamente y Abrams es un
fiel discípulo en ese sentido; eso le servirá para la planificación más certera
de muchas de las escenas. Y una cosa más a destacar es que los datos que se
ofrecen los irá retomando para hacer avanzar la trama y crear complicidad y guiños con respecto al
espectador (el niño pirómano y su afición a quemar todo lo que le apetece, el
trágico accidente de la madre del niño protagonista, el físico del dueño de la
cámara que quiere hacer la película o la aparente lentitud de reflejos del que
parece mayor del grupo y lleva gafas, etc), con ello hay una clara intención de hacer
identificar al público con el personaje en cuestión. Y por último comentar que
el alienígena, versión similar a la de ET, pero con algo más de mala hostia por
motivos más que comprensibles y justificables (se las hicieron pasar muy
jodidas al pobre bicho), es un simpático mcguffin para contarnos esa historia
de amistad y familia con bastante sentimiento, muy bien representada, como lo
hacía el maestro Spielberg.
Estreno Cine






