Otro
exceso en plan gracioso de Álex de la Iglesia con el que pasas un rato divertido, a pesar
de que vaya perdiendo frescura según avanza esta locura fantástica, en donde
las mujeres, da la impresión de que todas sin excepción (esto sería como una
guerra de sexos donde la mujer es la peor parada), son unas brujas metafórica y
literalmente; ellas lo que querrán y mejor harán será joder a los hombres de
una u otra forma, volverlos locos, destruirlos si el tema se complica con
señoras que andan por el techo mientras se toman una taza de té.
El
arranque, como ya dejé caer, es prometedor, a mil por hora, con un ritmo movido
que está muy bien llevado y con un humor un tanto surrealista, perruno, en el
que se critican aspectos que tienen que ver con la relación hombre-mujer e
hijos pequeños que pueden entrar en la disputa y que son casi siempre víctimas
de las desavenencias (las custodias en este punto tendrían una importancia capital). Por supuesto la mujer sale siempre peor parada y es más
culpable que el hombre en esos conflictos de pareja.
El director se posiciona claramente del lado de los hombres, como si estuviese
resentido por algún motivo con el sexo femenino (tal vez le dieron muchos palos
o unas cuantas calabazas y lo sintió). De cualquier modo hay cierta
“reconciliación” con ellas reflejada en el personaje de la nieta-bruja, la
joven motera que se siente atraída (enamorada podemos decir sin pudores) por el
personaje interpretado por uno de los guapos oficiales del cine y la TV en España, un tal Hugo Silva (eso lo digo porque muchas
mujeres me lo tienen dicho. A mí, sinceramente, no me lo parece ;-D). El amor vence cualquier contratiempo,
parece que quiere expresar el director vasco, algo con lo que estaría de
acuerdo.
La
peli está plagada de tópicos en lo que concierne a la relación Hombre Vs.
Mujer, en los problemas que surgen en cualquier relación que se deteriora y provoca
reacciones o comportamientos chungos que lo único que hacen es perjudicar a
terceros, los hijos, con unos daños colaterales que pueden resultar traumáticos
(tema muy manido, pero que sigue teniendo vigencia y es importante); de la Iglesia aquí, sin embargo, hace un gran
sarcasmo con una transgresión simpática (siempre con la exageración que lo
caracteriza) ya que al hijo la mala relación de los padres y su situación en
vez de sentarle mal, o traumatizarlo, hace que se lo pase pipa cuando, por
ejemplo, atraca un banco con su padre.
Pero
de ese tópico Álex hace una hipérbole
en forma de comedia disparatada fantástica (parecido en ese sentido a la de El día de la bestia)
que no deja de divertir, pero que se repite un poco en su desarrollo y que no
por ese hecho no resulta aceptable, con momentos estupendos. Por supuesto que en
los tópicos que aparecen nos encontramos sobre todo prejuicios, algunos con
tufillo machista que con la excusa del humor se pasan con mayor benevolencia, y
generalizaciones un tanto facilonas que no tienen que ver demasiado con la
realidad, y si existen se transforman de una manera grotesca por inflar las
cosas desmedidamente para que la crítica surta más efecto (ahí la exageración,
no sólo de ésta sino de otras muchas películas de la filmografía de Álex de la Iglesia).
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