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domingo, 14 de diciembre de 2014

Miniencuesta 2x1# Cine Independiente y de Autor Vs. Grandes Producciones y Comercial# Vértigo, La Ventana Indiscreta o Psicosis







El detective Ferguson en peligro

Como si de un juego para niños se tratara, tremendamente sencillo y con su punto de ingenuidad, os traigo una sección en la que podréis elegir una de entre las dos o tres opciones que se ofrecerán en la encuesta propuesta.
En los comentarios sería de agradecer que pusieseis lo que habéis votado, existiendo la posibilidad de matizar vuestra elección con la explicación que consideréis oportuna. Procuraré que la pregunta elegida, unida a las opciones dadas, tenga un sentido claro con el fin de que nadie tenga problema alguno a la hora de decidir.

Típica superproducción: Troya, protagonizada por Brad Pitt
  
Habrá casos en los que se tendrá que pensar la contestación un poco más de lo habitual y hacer un pequeño ejercicio reflexivo o de memoria para elegir; en cualquier caso habrá que decantarse por una de las opciones a pesar de que la diferencia que haya entre una u otra (u otras) sea pequeña.


Ejemplo de cine Independiente: Hairspray, de John Waters
 
Por otro lado habrá alguna pregunta cuyo resultado esté claro por anticipado por ser clara favorita una de las opciones. En ese caso lo interesante será conocer el porcentaje por el que ganaría la opción favorita sobre la otra (u otras).


L. B Jefferies acompañado de su novia Lisa Carol


Otro ejemplo de cine Independiente: Dead Man (Jim Jarmusch)


Cine Comercial de superhéroes: Ironman



Marion Crane (Janet Leight) en el filme Psicosis


Cuando termine el plazo para contestar no cabrá la posibilidad de seguir votando y pondré en esta misma entrada los resultados obtenidos en la encuesta además de una valoración o análisis de lo acontecido.

Para votar tendréis que desplazaros a la parte superior del blog, justo encima de esta entrada


John Ferguson, “Scottie” con Madeleine Elster en el filme Vértigo

  

Jefferies observando a sus vecinos en La ventana Indiscreta

 

Marion conversa con Norman Bates


En la miniencuesta de hoy se preguntará lo que sigue a continuación:

1. ¿Qué cine eliges, o prefieres: el cine independiente y de autor o el cine de las grandes productoras y más comercial (generalmente de estudios de Hollywood, aunque aquí podrían entrar superproducciones europeas, asiáticas, etc)?


2. De las tres películas de Alfred Hitchcock: Vértigo, La ventana indiscreta y Psicosis, ¿Cuál es tu favorita?




Scottie con, ahora, Judy Barton


Lars Thorwald (interpretado por Rymond Burr)
 vigilado por Jeff desde el edificio de enfrente


Marion Crane en la famosísima escena de la ducha en el Motel



domingo, 16 de noviembre de 2014

La Pianista/ Michael Haneke/ Francia 2001





Impactante drama de Michael Haneke protagonizado por una impresionante Isabelle Huppert en un papel nada fácil por la oscura y perturbada personalidad que interpreta en su vida menos social, que convivirá con otra existencia más convencional cuando se refleja la exigencia profesional y meticulosidad de una celebridad en el mundo de la música clásica.
Es en ocasiones muy incómoda de ver, incluso desagradable, pero su grandeza es evidente y complicado que alguien pueda sentirse indiferente. Hay obras de arte que no por oscuras, difíciles o desagradables dejan de ser obras de arte; que hay si no de Las Pinturas Negras, de Goya, El Grito, de Munch, El Jardín de las Delicias, de El Bosco, o mismo algunos de los autoretratos de Van Gogh.


Hanecke se maneja magistralmente en un precipicio profundo y escarpado que provoca temor y mucho vértigo. La profesora elitista de piano quiere llevar hasta sus últimas consecuencias el control cuando hace de su sexualidad algo así como un juego muy estudiado, igual que en su vida profesional en lo referente a lo cerebral; por momentos podemos llegar a creer (por el añadido de su lado más maléfico…escena de los cristales rotos) que estamos ante una psicópata. Pero no es el caso, o al menos eso creo, y más que ante una psicópata (aunque vuelvo a repetir: a veces lo parece… ella misma dice que no siente nada, y que si sintiera algo lo reprimiría sin dudarlo; su comportamiento se muestra demasiado frío) estamos ante una mujer que manifiesta su sexualidad de un modo extravagante a pesar de ese control citado (para mí sería una especie de control descontrolado, un control dentro de una sexualidad perversa, insana, que ya no conduce como se debería porque concierne a alguien más que no es ella misma y provoca dolor).




En su sexualidad hay comportamientos de dominación, de riesgo exhibicionista en los que podría sentir gran excitación – relaciones en los servicios públicos ante el peligro de que alguien pudiera entrar y ver todo el espectáculo, en el autocine – sadomasoquistas, perversos. Se quiere tener el control sobre la sexualidad y la parte emocional que encierra, como en su vida social-laboral; eso hará de su sexualidad un fracaso por la racionalidad absoluta que se quiere introducir en algo donde el sentir lo es prácticamente todo, pero la represión produce inestabilidad, saliendo lo emocional a flote de un modo perverso y mórbido. En resumidas cuentas: la represión hará de su vida sexual algo insano y muy cerebral, con conductas que podrían resultar compulsivas, pero el control que se quiere establecer se desmorona al resultar antinatural. La sexualidad se hará destructiva ya que se hiere, aunque seguramente en el fondo no se pretenda; tal comportamiento ocasionará mucho sufrimiento no sólo a ella misma sino a quien la podría llegar a querer.
El desequilibrio podría estar originado por una madre castradora insoportable, absolutamente odiosa. La profesora tiene una relación con ella conflictiva, eso salta a la vista, y el amor-odio que siente la confundirá (interpreto), terminando por socavar su psiquismo. La vertiente sexual hará que el dominio que ejerce la madre hacia la protagonista se vuelva, o se convierta, en un comportamiento antinatural, perverso (impresionante la escena en la cama con su madre que deja acojonado al más pintado).
En esta experiencia vital y familiar hay semejanzas con la relación que mantienen madre e hija en la película de Darren Aronofsky Cisne Negro. En ambos casos hay excesiva exigencia para hacer del hijo alguien perfecto en su vida profesional y poder triunfar. La presión puede que haga reventar el equilibrio psíquico; pero tampoco es cuestión de profundizar mucho más en el tema, de hacer un diagnóstico psicológico, incluso psiquiátrico, acerca del comportamiento y actitudes de la profesora de piano porque creo que las precisiones serían complicadas y tampoco soy un psiquiatra para hacerlo con garantías; sólo he apuntado lo que interpreto de su personalidad y manera de actuar, aunque seguramente se me escapen cosas relevantes y en todo lo explicado haya dudas, o discrepancias.




Estamos ante una película difícil por su aspecto gris oscuro, a veces prácticamente negro, por su impenetrabilidad  y hermetismo – el que demuestra la protagonista en lo emocional –, una película que sorprende por su atrevimiento, provocativa al parecer querer irritar al espectador con su terrible propuesta, sin complejos a la hora de tratarla, cuando cuenta lo que pretende sin disfraces políticamente correctos, dulcificaciones o giros esperanzadores, seria e inteligente (por su profundidad y coherencia) y de una perfección en el estilo, en el modo de ser contada, que fascinan y conmueven al mismo tiempo; un filme bello a pesar de tanta oscuridad, que refleja una intensidad dramática similar a la que nos suele tener acostumbrados Lars Von Trier (aunque en Haneke los excesos sean más cerebrales y pasen en ocasiones por el filtro de la intelectualidad, además de tener cierta contención: excesos elegantes, o con su elegancia, valga la ¿contradicción?): un dramatismo sordo, asfixiante, que ahoga por lo angustioso, molesto, inquietante, una película durísima y triste, pero en la que cabrán incluso momentos simpáticos, graciosos, introducidos con la enorme clase del que sabe estar en cualquier circunstancia por muy complicada que sea, como cuando la pareja protagonista da por acabada su primera relación escabrosa y sorprendente (en la parte que toca al muchacho que ahora será no sólo alumno de la mujer sino su especial y desconcertado amante) en un servicio, y el chico le sugiere, cuando se está despidiendo, que se relaje y disfrute más después de “soportar” la actitud dominante de la profesora… curioso cuando tiempo después le dice a su amante que le puede pegar de un modo determinado (la mujer a veces parece ser dominante y a veces prefiere desarrollar el papel contrario)




Bueno, nada más, he visto una enorme y especialísima película. Es cierto que puede herir sensibilidades, por lo que habría que tener cuidado, pero también es cierto que es sincera y que lo que cuenta lo hace con honestidad, además de gran fuerza. Hace reflexionar a la vez que engancha por su historia turbia y complicada. Lo aparente juega un papel importante; no es real todo lo que parece y en las intimidades de la gente siempre podría haber desequilibrios que podrían hacer saltar todo por lo aires.

             
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domingo, 9 de noviembre de 2014

Interstellar/ Christopher Nolan/ Estados Unidos 2014




Futurista (de un futuro no muy lejano), ciencia ficción que parte de un mensaje ecologista donde el pesimismo se instala en las vidas de los hombres y mujeres que habitan la tierra. La esperanza, de todos modos, sigue viva y la salvación, no sólo de la especie humana sino también de la familia y los que se quedan en un planeta a punto de morir, todavía es posible.


Hay sentimentalismo, mucho amor y mucho dolor por las consecuencias de un proyecto en el que el tiempo es un enemigo cruel, pero con el que se tiene que contar si se quiere tener éxito en una aventura espacial llena de espectáculo y de unas dimensiones que escapan a los límites de todo conocimiento.

Permite reflexiones de todo tipo, como ocurría en 2001, una odisea del espacio. Las especulaciones que plantea tienen que ver con la ciencia, lo moral e incluso lo religioso. El aspecto místico está ahí (“ellos  lo pusieron ahí...”), una perspectiva religiosa que se contrapone al lado más materialista – y en este caso no lo digo en sentido negativo – del planteamiento, el que hará el protagonista, Cooper (Matthew McConaughey), un piloto de la NASA (ahora ex piloto metido a granjero, el oficio más requerido ahora mismo en la tierra) cuando la agencia no operaba a escondidas (“ellos no hicieron todo esto, lo hemos hecho nosotros mismos cuando hemos aprendido, en el futuro... “, más o menos nos vendrá a decir Cooper en un momento clave del filme).


 



La película de Christopher Nolan se ve con agrado, a pesar de esa grandilocuencia y cierta dosis de pretenciosidad con la que construye sus proyectos últimamente. Todo lo teórico de esta ciencia ficción ayuda. Nolan hace una gran pompa de jabón con un frasco que emana aromas gratos y colores maravillosos; sorprendentemente nunca explotará, manteniéndose en el aire majestuosamente, aunque con algún que otro desplazamiento violento cargado de adrenalina que nunca, o muy pocas veces, le hará perder la sofisticación de la casa. Esa dosis de pedantería es la que menos me gusta del último Nolan; lo veo en ocasiones poco humilde en sus planteamientos, quizás más en su fondo que en su forma, auque ésta también pueda ayudar lo suyo en ocasiones. Y es que lo sencillo poco va con él. De todos modos lo conseguido es aplaudidle porque no deja de ser espectacular y efectivo, mágico en cierto modo. El director británico te sumerge en un tobogán espacio-temporal que permite salir por cualquier lado – y nunca mejor dicho al meterse dentro de un agujero de gusano y de un agujero negro –. La ciencia no puede explicar todo porque aún no ha podido llegar tan lejos, tanto como, ahora, ha llegado la expedición comandada por Cooper gracias a una ayuda muy bienvenida que no se sabe con certeza (¿Dios?) de dónde ha salido.





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miércoles, 29 de octubre de 2014

Bloody Sunday (Domingo Sangriento)/ Paul Greengrass/ Gran Bretaña 2002



El popular grupo irlandés U2, cuya valoración musical voy a permitirme no exponer ahora mismo, hizo una canción, “Sunday Bloody Sunday, allá por el año 1983 recordando el trágico suceso ocurrido en Derry (Bogside), Irlanda del norte, el 30 de enero de 1972
Los unionistas protestantes están en guerra, poco menos, con la población católica que ve pisoteados sus derechos y consideran al inglés un invasor de su tierra, Irlanda. El IRA es el grupo armado que apoya a los católicos y pretende unir la isla de Irlanda. El conflicto entre católicos  y unionistas es continuo y se alarga en el tiempo.


La película lleva la lucha desigual a una tensión que estalla en un acontecimiento tristemente recordado por los católicos irlandeses cuando, en una manifestación pro derechos civiles, se asesina impunemente a catorce de los participantes que se querían dejar oír y hacer de sus reivindicaciones su gran causa.
El escenario y la situación son perfectos para la represión de la población católica, un ideal caldo de cultivo para el escarmiento. El odio entre ambas poblaciones hará prender la chispa. Las provocaciones de los unionistas no harán otra cosa que promover una reacción natural en forma de estallido violento entre los católicos por la imposición que sienten, por las intimidaciones. Los paracaidistas británicos que participan en la represión de la manifestación, y que tienen la orden clara de detener a discreción a todos los manifestantes de la marcha que puedan, haciendo del objetivo militar (y político) un asunto de deplorable guerra sucia, se aprovecharán y darán rienda suelta a su odio, al que sienten hacia los católicos y, sobre todo, hacia su mayor enemigo que les viene causando demasiados problemas: el IRA.



Si bien es cierto que los británicos aprovechan el caldo de cultivo que se da para cumplir sus objetivos y desahogarse con deshonra, no es menos cierto que Paul Greengrass hace de la trama, de lo trágico de un momento histórico complicado, otro perfecto contexto para desarrollar su estilo ágil y contundente, cámara nerviosa que lo está por lo que ve (y siente): una fuerza excesiva e injustificable por parte de los británicos. El director maneja con pericia y excelente ritmo el gran número de personajes que salen en el filme y tienen alguna relevancia (además de todos los extras que se mueven con la misma credibilidad – realismo – que lo haría la gente de cualquier documental que retratase sociedades urbanas, aquí con el añadido de la acción en, prácticamente, un estado de guerra).
En resumen: gran película de Greengrass, ganadora en el año 2002 del Oso de Oro en el festival de cine de Berlín (Berlinale), ex aequo con El viaje de Chihiro, contada de maravilla y que conmueve por la injusticia que enseña, sin excesos ni efectismos a la que podría prestarse en muchos de esos momentos que presenciamos llenos de rabia.

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domingo, 6 de abril de 2014

Contacto amistoso e integración de rostros pálidos en comunidades indígenas americanas

Tom Jeffords con su amada indígena en situación romántica
Una vez descubierta América a finales del siglo XV por los españoles, otras naciones europeas, además de la ibérica, apostaron por colonizar las tierras recién descubiertas. A los españoles le siguieron portugueses y británicos algún tiempo después; franceses y holandeses se disputaron, junto a los dos pueblos de la península ibérica, la hegemonía del nuevo mundo. Fueron momentos de guerras y repartos territoriales acordados por tratados. En esa evolución ganaron sobre todo España y Gran Bretaña a costa de franceses y holandeses que no pudieron, estos últimos, conseguir amplias zonas de influencia teniéndose que conformarse con pequeñas plazas o regiones en Sudamérica, como la que hoy en día es el Surinam. Nueva York, sin ir más lejos, se la arrebató Gran Bretaña a los holandeses en una guerra que enfrentó a tulipanes contra británicos. La ciudad fue creada por los holandeses y se le puso inicialmente el nombre de Nueva Ámsterdam; después de la victoria británica se le cambió el nombre por el actual. La zona de influencia de Portugal sería Brasil. En la gran película de Roland Joffe, La Misión, se trata el tema, además de otros, del reparto entre España y Portugal por el que se delimitaba la frontera entre posesiones españolas y zonas de influencia lusitana.
Pero el tema no es exactamente este, ahí comenzó todo, y sirve para situarnos, el contexto histórico que nos da algunas pistas, pistas, por otro lado, bastante conocidas.


John dumbar y su compañera en Bailando con lobos


Los nuevos huéspedes del continente venidos desde Europa se encontraron, sin buscar demasiado, con tribus autóctonas que vivían en las tierras, ahora pisadas por el nuevo inquilino, desde hacía mucho tiempo y que vieron en el hombre pálido una amenaza por el desconocimiento que había sobre ellos y por las diferencias evidentes entre ambos grupos. La amenaza se convirtió en algo real cuando los europeos comenzaron a establecerse, o invadir directamente tierras en las que se asentaban los indios. A las guerras lógicas por este hecho se le unían las enfermedades traídas desde fuera y que dieron como resultado un gran número de muertos por devastadoras epidemias. La aniquilación de la población autóctona por ambos hechos fue enorme y trágica. El choque cultural ayudó al conflicto. El poder militar del hombre blanco hizo aniquilar culturas enteras; los indígenas tuvieron que irse adaptando con sacrificios al nuevo amo y a su modo de vida, que ahora sería su nuevo modo de vida (En este caso, y en principio, en Sudamérica. En Norteamérica los británicos harían que la asimilación de la cultura europea por el indígena fuera escasa al no haber a penas mestizaje, marginándose a los autóctonos en reservas una vez vencidos). Quedó cultura indígena, se mantuvieron algunas tradiciones, pero la influencia europea en las vidas del indígena fue enorme y éste tuvo que adoptarlas irremediablemente con el tiempo. Hispanoamérica fue evangelizada casi totalmente por los españoles, con todo lo que significó el hecho desde el punto de vista histórico – social.

Indios protagonistas del film Hacha de Guerra
 
En Hispanoamérica la mezcla, que no tanto la integración, entre hombres blancos e indígenas fue contemplada y asumida como habitual (también con la población negra). La población se fue mezclando a todos los niveles. Los británicos del norte no hicieron lo mismo. En los territorios dominados por la corona española se acordó, en un debate teológico sobre la naturaleza de los habitantes indígenas, no permitir la esclavitud; mucha de esa población, sin embargo, fue sometida a un régimen semejante a la servidumbre y maltratada, aunque los evangelizadores venidos desde España ayudaron a los indígenas y denunciaron situaciones injustas. La excepción a lo anteriormente dicho, dada la escasez de mano de obra indígena por la diezma a causa de las enfermedades llevadas desde el viejo continente, fue cuando se decidió hacer esclava a población negra subsahariana comprada a compañías comerciales de países extranjeros; para los españoles no eran personas como los indígenas, curiosamente, por lo que no se podían evangelizar (a mí no me sorprende que ya por entonces hubiera motivos económicos más importantes que humanos). El papa Alejandro VI ordenó a la corona castellana, sin embargo, que todos los súbditos españoles, incluidos afroamericanos, pudieran ser convertidos al catolicismo. De todas maneras no habíamos dejado de ganar a colonizadores británicos, portugueses, que aunque se mezclaran con la población también la esclavizó, y unos holandeses que hicieron verdaderas escabechinas en la Guayana. Los británicos fueron derrotando y arrinconando en su expansión hacia el oeste a los pueblos autóctonos, con lo que Sioux, Apaches, CherokeesPawnees y demás pueblos de Norteamérica fueron reducidos a su mínima expresión, haciendo ghettos en forma de reservas donde fueron recluidos.
Fue en esas condiciones de conflicto y guerra donde surgieron excepciones, casos a parte, en las que algunos rostros pálidos entrarían en contacto con los autóctonos de una manera diferente, pacífica, más amable; gente que conoció la cultura del pueblo receptor y la asumió como propia, o que le atrajo hasta el punto de querer quedarse para aprender más de ellos y convivir...  hubo también algunos que vivieron a medio camino entre su cultura y la indígena para ayudar a la convivencia entre ambos pueblos, para que la paz prevaleciera por encima de todo. Estos hombres aportaban su conocimiento de ambas culturas para ayudar al entendimiento recíproco. Pero el camino no dejaba de ser dificultoso…


Sioux en la película de Kevin Costner Bailando con lobos


El pueblo de los invisibles y Tomme en La selva esmeralda





El teniente John J. Dunbar (tentiente para los sioux) sale bien parado de una jugada hecha por el destino en la guerra civil norteamericana en la que no sólo salvará su pierna sino la vida cuando intentaba perderla (la vida) en un acto heroico de renuncia cuando el ejército del norte, al que pertenece, se encuentra bloqueado en una refriega contra los sureños. Se observa bastante gráficamente la fragilidad humana cuando no se consigue avanzar por miedo; los soldados son como flanes y los oficiales no reaccionan al no saber (o no atreverse) tomar decisiones en los momentos clave. La acción heroica del teniente hará que las líneas del norte se sienten alentadas y empujadas hacia la victoria. Es por este gesto por el que Dunbar será proclamado héroe viviente con derecho a elegir un puesto que le satisfaga (no me quedó claro, pero creo que eso ocurre cuando ya ha acabado la guerra civil). Su decisión será dirigirse hacia el oeste, hacia la frontera india. Su destino será el fuerte Sedgewick, el último emplazamiento de los blancos en esas tierras inexploradas en las que habitan los indios.

Los últimos militares que habitan fuerte Sedgewick deciden marcharse siguiendo los consejos de su superior; creen haber sido abandonados a su suerte por un ejército que parece no existir. Cuando llega Dunbar no encuentra a nadie, sólo el maltrato que ha sufrido el entorno (mensaje ecologista) por culpa de unos irresponsables que parecían vivir más como animales que como gente civilizada. El teniente arreglará el lugar, lo limpiará y mantendrá un protocolo de actuación de un militar cumpliendo la misión encomendada. Era lo que buscaba. Los momentos de soledad no le disgustan. No hace grandes cosas, pero sabe que debe estar allí.

Cochise y Jerónimo enfrentados en Flecha Rota

La primera vez que ve un indio se protegerá y lo verá como a un enemigo, un enemigo que quiere robarle su caballo. En el poblado sioux al que pertenece el primer visitante del teniente debaten si sería bueno hablar (parlamentar sería un mejor término) con él o hacerle frente. Pájaro Guía, el indio que tiene su primer contacto con él se muestra conciliador.
Otros indios se acercarán al fuerte, y siempre con la misma intención: llevarse el precioso caballo del teniente. Pero éste se cansará y decidirá tomar la iniciativa intentado llegar al poblado de los visitantes sioux.
En el camino se encontrará a una india (curiosamente de raza blanca) intentando poner fin a su vida. Ella será la que haga de enlace entre el hombre blanco y su pueblo (ahora el sioux) para entenderse ya que recuerda un poco el idioma del nuevo inquilino. Cuando Dunbar la lleva desmayada al poblado le obligan a marcharse, pero no le hacen ningún daño.
Enseguida volverán a tomar contacto y los encuentros serán cada vez más satisfactorios para una y otra parte. Hay, sin embargo, un interés en los sioux, plasmada sobre todo en Pájaro Guía al querer obtener información acerca de los propósitos del hombre blanco y si llegarán más. El teniente irá dando largas para no alterar su paz y tranquilidad, aunque sabe que no tardarán en llegar en gran número. La conquista está servida y el teniente John Dunbar simpatiza cada vez más con el enemigo, en la teoría militar y del hombre blanco.


Dumbar y sus nuevos compañeros sioux al acecho del búfalo


Dunbar conoce cada vez más al pueblo sioux, sus costumbres, el respeto por la naturaleza que practican, su protección hacia la familia y el gran cariño por los suyos, el equilibrio en todo lo que hacen. Lo suyo no sólo será un flechazo hacia la mujer sioux blanca, correspondido por ella sin reservas, recogida de niña cuando otros indios (enemigos de los sioux) habían matado a toda su familia, sino hacia la cultura de un pueblo noble y orgulloso de su tierra y su modo de vida. Todo lo que el teniente había oído de ellos en el este era mentira, propaganda interesada para poderlos combatir mejor y arrebatarles sus tierras.

El compromiso del teniente con el que ahora es su nuevo pueblo se pone de manifiesto cuando participa en la guerra que mantiene el pueblo sioux contra otra tribu enemiga. Él matará por los suyos igual que había hecho antes con su ejército vestido de azul. Cuando vuelve a tener contacto con los blancos, éstos lo tratarán como a un indio más, un desertor que se ha unido al enemigo, maltratándolo como si fuese un animal, un animal como el compañero de Dunbar en el fuerte, un lobo solitario al que había puesto el nombre de Calcetines y que tampoco había salido bien parado por la maldad del hombre blanco.


El protagonista de Hacha de guerra con un militar y una india
 

Tom Jeffords  es un buscador de oro que el pasado había pertenecido al ejército. Los apaches están en guerra contra los blancos y un jefe llamado Cochise lidera al orgulloso y guerrero pueblo. Arizona año 1870. Los correos que envían los blancos son un objetivo para Cochise; cree que son una amenaza mandando órdenes e información en la guerra contra ellos. Al hombre blanco le causa un gran perjuicio el hecho de no poderse comunicar por medio del correo. Jeffords decide intentar contactar con Cochise después de haber tenido un encuentro con los apaches del que casi sale sin vida. Un indio adolescente, que es curado por él cuando lo encuentra herido, lo ayudará cuando un grupo de apaches captura a Tom en sus tierras. Gracias al chico se salvará y entenderá mejor a los indios en su breve convivencia. Hasta ese momento no entendía que una madre apache pudiese llorar la pérdida de un hijo ya que para Tom Jeffords los indios eran poco menos que alimañas. Los prejuicios de Tom con respecto a los apaches son los mismos que los que tienen la mayoría de blancos; pero una primera aproximación del buscador de oro, interpretado por James Stewart, hará que cambie su forma de ver a los que hasta hace poco eran enemigos suyos.


John Morgan, el aristócrata capturado por los indios en Un hombre llamado caballo
Habrá un debate moral de Jeffords con la comunidad blanca que representa y con él mismo. Cree que los indios merecen vivir en paz y ser tratados con justicia. Pero entiende que civilización muchas veces va unida a conquista, pero no a cualquier precio. Con su gente tiene problemas por intentar pactar con ellos. Algunos lo tratarán de amigo de los indios y éstos entenderán que su pueblo lo tendrá cada vez más difícil con la llegada de más gente desde el este (preocupación constante que también tenía Pájaro Guía en Bailando con lobos), por lo que tendrán que pactar y llegar a un buen tratado. A Cochise no le gusta la idea, pero sabe que la nueva realidad puede borrarlo del mapa junto a su pueblo si no obra inteligentemente y con prudencia con prudencia.

Jeffords querrá conocer la cultura apache para tratar con Cochise llegado el momento. Cuando contactan se entienden bien porque el hombre blanco es sincero y Cochise ve lo que hay dentro de la gente. Jeffords le expondrá un mensaje de convivencia y paz: vivir como hermanos indios y blancos. El gran jefe apache le contestará que esas palabras no son las del hombre blanco...Cochise creerá que Tom es alguien especial que puede ayudar en un proceso que tarde o temprano debe llegar. Es en la estancia en el poblado indio donde vive Cochise donde Tom conoce a una mujer apache de la que se enamora. ¡Qué mejor manera de interesarse por su pueblo!
Con Cochise tratará el tema de los correos. Le explicará que esos correos que mata no llevan órdenes contra ellos sino que son para que los blancos que no hacen la guerra se comuniquen, como hacen los indios con las señales de humo. Cochise acuerda no matar más correos. Será un primer paso para la paz que se seguirá gestando gracias a un general enviado desde Washington al que llaman el general cristiano por tener profundas creencias religiosas y hacer una interpretación de la Biblia en la que no hay desigualdades. Para este general todos los hombres son iguales ante Dios, sea su piel del color que sea, y pertenezcan al pueblo que sea.

El padre indio de Tommy en La selva esmeralda

Jeffords decide casarse con la mujer india a pesar de las advertencias de Cochise. Éste les alerta de que su vida se convertiría en una penuria si decidieran seguir adelante con su intención, una vida llena de discriminaciones en la que sentirían el odio de mucha gente que no aceptaría la relación. Sigue habiendo demasiado odio y prejuicios. La pareja seguirá de todas formas con su compromiso y decidirán casarse. Tom se sentirá uno más entre el pueblo apache y su boda con la mujer demostrará el grado de implicación que tiene con el pueblo dirigido por su amigo Cochise.
La conferencia de paz que se convoca resultará un éxito a medias, pero esperanzador. Un grupo disidente de la mayoría, dirigida por Jerónimo, seguirá haciendo la guerra a los blancos por su cuenta. El resto de indios, con su jefe Cochise al frente, llegará a un acuerdo de paz, una amistad que a Jeffords le costará mucho más que a cualquier otro apache.





Los indios capturan a un aristócrata británico que viaja por las nuevas tierras americanas recién descubiertas. En una cacería lo sorprenderán, sometiéndolo a todo tipo de vejaciones, humillaciones que lo convertirán en un animal, en un caballo. En ese primer contacto entre hombre blanco e indio hay enemistad y violencia, a diferencia de lo que ocurría en Bailando con lobos cuando se encontraban los, en teoría, contendientes. Esa diferencia se hará más patente en la actitud que demostrarán unos indios en comparación con los otros; en Un hombre llamado caballo los indios no se sorprenderán tanto de la presencia del hombre blanco e irán con unas intenciones claras de dar caza a ese invasor cuya tierra pisada no es la suya. Tal vez ese sea un hecho por el que es tan mal tratado. Es posible que los indios de Un hombre llamado caballo supieran que significaba la presencia del hombre extranjero en su tierra, una amenaza que iría cobrando cada vez más relevancia en número y en la que se apreciarían mejor las intenciones de los recién llegados. En Bailando con lobos los indios parecen más ignorantes ante lo que se encuentran; saben, seguramente, de la existencia del hombre blanco y de que ya hay muchos de ellos en sus tierras, pero desconocen hasta que punto pueden acabar con su histórica primacía. Coherente es, pues, que el amigo indio, Pájaro Guía, del teniente protagonista de Bailando con lobos se interese tanto por la más que probable llegada de más hombres blancos a las tierras de sus antepasados; sus propósitos también serán una preocupación constante ya que el hecho tendrá que ver con el futuro inmediato de su pueblo.

En Un hombre llamado caballo el aristócrata británico John Morgan se convertirá en la distracción de una vieja india, en su mascota, un caballo con el que jugarán los niños del poblado y al que golpeará a su antojo la anciana de malas pulgas cuando algo no le parece bien. Como caballo, mientras es tratado como un animal, el aristócrata observa las costumbres de los salvajes desde su pésima y humillante posición. Ya dejé un apunte antes de que el trato que recibe Morgan por parte de sus captores es motivado por el odio que el indio tiene hacia el hombre blanco (seguro que el ser un pueblo esencialmente belicoso también tiene que ver). Saben que vienen para quedarse, o intentarlo (muy posiblemente en esta fase piensan más bien así), en sus tierras y echarlos para ocupar su lugar; son por esto una amenaza muy real para su cultura.

La visión del indígena que ofrece Un hombre llamado caballo es más primitiva y cruel que la  que nos muestra Bailando con lobos, más humana y civilizada, más pacifista también, aunque no por ello deje de haber momentos para la lucha cuando hay amenazas exteriores.


John Morgan demostrará su valor en el ritual sangriento del Juramento al sol
Del calvario al que es sometido John Morgan en su cautiverio se irá pasando progresivamente a un trato más transigente por parte de los indios. Sus intentos de huida habían sido solo eso, intentos que lo habían humillado hasta sentirse una piltrafa humana. Intentará cambiar de planes para escaparse cuando conozca a otro cautivo que habla su lengua, Baptiste – Constantes: mayor conocimiento de su cultura y costumbres por la información aportada por el cautivo; parecido a lo que ocurría en Bailando con lobos: la mujer de la que se enamora el teniente, adoptada por los sioux de niña cuando su familia es aniquilada por otra tribu, le aporta al teniente una información muy valiosa. La mujer pondrá en contacto, en mejores condiciones por el idioma, al militar destacado con el pueblo del que ahora forma parte –.

Pero en su idea inicial –: integrarse en la medida de lo posible con el pueblo que lo tiene retenido para que se confíe y poder así tener una mejor oportunidad de fuga, hacerse uno más entre ellos matando incluso a indios enemigos – se interpondrá, y le hará más difícil la decisión de huir (aunque en un principio le pudiera servir de ayuda, y así lo pensara) una india de la que se enamora (nuevamente) y un ritual salvaje en la comunidad cuando ha demostrado su implicación en la lucha y su integración cultural y social (querrá casarse con la india, y acabará haciéndolo una vez pasado un último obstáculo sangriento). El ritual denominado juramento al sol hará de él uno más. En él se deberá demostrar valentía y compromiso. El salvaje ritual es pasado con éxito y sufrimiento. Morgan terminará casándose con la india y su fuerza como gran guerrero lo convertirá en el nuevo jefe. Su integración es tal que ya no piensa en la huida, como antes, porque se siente tan o más indio que hombre blanco. De cualquier forma, en la tragedia de los acontecimientos, en la guerra y en el dolor que produce la muerte de la gente amada, John decidirá abandonar el poblado y volver a su hogar, a su otro hogar. Su marcha será, pues, consentida una vez ha ayudado a los indios y éstos se lo agradecen dejándolo ir sin más condiciones que las ya cumplidas. Morgan no necesitará argucias para volver a su tierra como había planeado cuando era un cautivo sin derecho alguno, el que no le permitía haber sido por un tiempo un caballo.


En Hacha de Guerra el componente de mezcla interracial es puesto encima del tapete sin ningún disimulo


Tomme con un arco (La selva esmeralda)




El hijo de Bill Markham, un ingeniero estadounidense encargado de la construcción de la mayor presa del Amazonas en el Mato Grosso, es secuestrado por una tribu de indios llamada Los invisibles. Durante diez largos años sus padres no perderán las esperanzas de encontrarlo, buscándolo sin descanso.
La integración de Tommy en la tribu amazónica está prácticamente completada. Ahora es uno más entre los habitantes del poblado, aunque su aspecto físico sea muy diferente al del resto de indios con los que convive. Su vida trascurre en total libertad cazando, guerreando, amando, participando en las costumbres del pueblo que lo ha acogido (aunque hubiera sido a la fuerza cuando se lo llevaron de muy niño).
El origen de lo que es Tommy (ahora Tomme entre los indios) es sólo un sueño del que no se olvida y del que habla con los demás miembros del poblado. Su verdadero padre todavía es recordado en sus sueños.
Pero la búsqueda del padre finalizará. En una expedición al interior del Amazonas Bill Markham encontrará a su hijo cuando es perseguido por indios de otra tribu con intenciones caníbales. Será a partir del encuentro cuando el filme se convierte en un intento infructuoso para que Tommy vuelva con su padre. Pero el deseo no se cumplirá, será inútil empecinarse; Tommy ya no pertenece al mundo del que había llegado, un mundo de progreso desmedido, que no respeta la naturaleza, que para proseguir su tenebroso itinerario tiene que destruir.
La desesperación del padre, al darse cuenta del hecho de que su hijo es feliz y ya no volverá con él, hará que él también cambie y lo ayude en la medida de lo que pueda.
En La selva esmeralda, de John Boorman, se engrandece la naturaleza y la vida en comunión con ella. El progreso no siempre es bueno y la vida en la llamada civilización es muy diferente a la que puede llevar cualquier miembro de cualquier tribu primitiva. En el filme se ensalzan las virtudes de la vida “salvaje”, donde la existencia es plácida y las emociones no disfrazadas de ninguna hipocresía: civilizaciones primitivas y simples en la tecnología, pero civilizaciones al fin y al cabo que tienen claro lo importante: el hombre que forma parte de una comunidad en la que todos son iguales (o muy parecidos), y el respeto y conocimiento del entorno natural que les proporciona una vida plena de libertad.