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domingo, 6 de abril de 2014

Contacto amistoso e integración de rostros pálidos en comunidades indígenas americanas

Tom Jeffords con su amada indígena en situación romántica
Una vez descubierta América a finales del siglo XV por los españoles, otras naciones europeas, además de la ibérica, apostaron por colonizar las tierras recién descubiertas. A los españoles le siguieron portugueses y británicos algún tiempo después; franceses y holandeses se disputaron, junto a los dos pueblos de la península ibérica, la hegemonía del nuevo mundo. Fueron momentos de guerras y repartos territoriales acordados por tratados. En esa evolución ganaron sobre todo España y Gran Bretaña a costa de franceses y holandeses que no pudieron, estos últimos, conseguir amplias zonas de influencia teniéndose que conformarse con pequeñas plazas o regiones en Sudamérica, como la que hoy en día es el Surinam. Nueva York, sin ir más lejos, se la arrebató Gran Bretaña a los holandeses en una guerra que enfrentó a tulipanes contra británicos. La ciudad fue creada por los holandeses y se le puso inicialmente el nombre de Nueva Ámsterdam; después de la victoria británica se le cambió el nombre por el actual. La zona de influencia de Portugal sería Brasil. En la gran película de Roland Joffe, La Misión, se trata el tema, además de otros, del reparto entre España y Portugal por el que se delimitaba la frontera entre posesiones españolas y zonas de influencia lusitana.
Pero el tema no es exactamente este, ahí comenzó todo, y sirve para situarnos, el contexto histórico que nos da algunas pistas, pistas, por otro lado, bastante conocidas.


John dumbar y su compañera en Bailando con lobos


Los nuevos huéspedes del continente venidos desde Europa se encontraron, sin buscar demasiado, con tribus autóctonas que vivían en las tierras, ahora pisadas por el nuevo inquilino, desde hacía mucho tiempo y que vieron en el hombre pálido una amenaza por el desconocimiento que había sobre ellos y por las diferencias evidentes entre ambos grupos. La amenaza se convirtió en algo real cuando los europeos comenzaron a establecerse, o invadir directamente tierras en las que se asentaban los indios. A las guerras lógicas por este hecho se le unían las enfermedades traídas desde fuera y que dieron como resultado un gran número de muertos por devastadoras epidemias. La aniquilación de la población autóctona por ambos hechos fue enorme y trágica. El choque cultural ayudó al conflicto. El poder militar del hombre blanco hizo aniquilar culturas enteras; los indígenas tuvieron que irse adaptando con sacrificios al nuevo amo y a su modo de vida, que ahora sería su nuevo modo de vida (En este caso, y en principio, en Sudamérica. En Norteamérica los británicos harían que la asimilación de la cultura europea por el indígena fuera escasa al no haber a penas mestizaje, marginándose a los autóctonos en reservas una vez vencidos). Quedó cultura indígena, se mantuvieron algunas tradiciones, pero la influencia europea en las vidas del indígena fue enorme y éste tuvo que adoptarlas irremediablemente con el tiempo. Hispanoamérica fue evangelizada casi totalmente por los españoles, con todo lo que significó el hecho desde el punto de vista histórico – social.

Indios protagonistas del film Hacha de Guerra
 
En Hispanoamérica la mezcla, que no tanto la integración, entre hombres blancos e indígenas fue contemplada y asumida como habitual (también con la población negra). La población se fue mezclando a todos los niveles. Los británicos del norte no hicieron lo mismo. En los territorios dominados por la corona española se acordó, en un debate teológico sobre la naturaleza de los habitantes indígenas, no permitir la esclavitud; mucha de esa población, sin embargo, fue sometida a un régimen semejante a la servidumbre y maltratada, aunque los evangelizadores venidos desde España ayudaron a los indígenas y denunciaron situaciones injustas. La excepción a lo anteriormente dicho, dada la escasez de mano de obra indígena por la diezma a causa de las enfermedades llevadas desde el viejo continente, fue cuando se decidió hacer esclava a población negra subsahariana comprada a compañías comerciales de países extranjeros; para los españoles no eran personas como los indígenas, curiosamente, por lo que no se podían evangelizar (a mí no me sorprende que ya por entonces hubiera motivos económicos más importantes que humanos). El papa Alejandro VI ordenó a la corona castellana, sin embargo, que todos los súbditos españoles, incluidos afroamericanos, pudieran ser convertidos al catolicismo. De todas maneras no habíamos dejado de ganar a colonizadores británicos, portugueses, que aunque se mezclaran con la población también la esclavizó, y unos holandeses que hicieron verdaderas escabechinas en la Guayana. Los británicos fueron derrotando y arrinconando en su expansión hacia el oeste a los pueblos autóctonos, con lo que Sioux, Apaches, CherokeesPawnees y demás pueblos de Norteamérica fueron reducidos a su mínima expresión, haciendo ghettos en forma de reservas donde fueron recluidos.
Fue en esas condiciones de conflicto y guerra donde surgieron excepciones, casos a parte, en las que algunos rostros pálidos entrarían en contacto con los autóctonos de una manera diferente, pacífica, más amable; gente que conoció la cultura del pueblo receptor y la asumió como propia, o que le atrajo hasta el punto de querer quedarse para aprender más de ellos y convivir...  hubo también algunos que vivieron a medio camino entre su cultura y la indígena para ayudar a la convivencia entre ambos pueblos, para que la paz prevaleciera por encima de todo. Estos hombres aportaban su conocimiento de ambas culturas para ayudar al entendimiento recíproco. Pero el camino no dejaba de ser dificultoso…


Sioux en la película de Kevin Costner Bailando con lobos


El pueblo de los invisibles y Tomme en La selva esmeralda





El teniente John J. Dunbar (tentiente para los sioux) sale bien parado de una jugada hecha por el destino en la guerra civil norteamericana en la que no sólo salvará su pierna sino la vida cuando intentaba perderla (la vida) en un acto heroico de renuncia cuando el ejército del norte, al que pertenece, se encuentra bloqueado en una refriega contra los sureños. Se observa bastante gráficamente la fragilidad humana cuando no se consigue avanzar por miedo; los soldados son como flanes y los oficiales no reaccionan al no saber (o no atreverse) tomar decisiones en los momentos clave. La acción heroica del teniente hará que las líneas del norte se sienten alentadas y empujadas hacia la victoria. Es por este gesto por el que Dunbar será proclamado héroe viviente con derecho a elegir un puesto que le satisfaga (no me quedó claro, pero creo que eso ocurre cuando ya ha acabado la guerra civil). Su decisión será dirigirse hacia el oeste, hacia la frontera india. Su destino será el fuerte Sedgewick, el último emplazamiento de los blancos en esas tierras inexploradas en las que habitan los indios.

Los últimos militares que habitan fuerte Sedgewick deciden marcharse siguiendo los consejos de su superior; creen haber sido abandonados a su suerte por un ejército que parece no existir. Cuando llega Dunbar no encuentra a nadie, sólo el maltrato que ha sufrido el entorno (mensaje ecologista) por culpa de unos irresponsables que parecían vivir más como animales que como gente civilizada. El teniente arreglará el lugar, lo limpiará y mantendrá un protocolo de actuación de un militar cumpliendo la misión encomendada. Era lo que buscaba. Los momentos de soledad no le disgustan. No hace grandes cosas, pero sabe que debe estar allí.

Cochise y Jerónimo enfrentados en Flecha Rota

La primera vez que ve un indio se protegerá y lo verá como a un enemigo, un enemigo que quiere robarle su caballo. En el poblado sioux al que pertenece el primer visitante del teniente debaten si sería bueno hablar (parlamentar sería un mejor término) con él o hacerle frente. Pájaro Guía, el indio que tiene su primer contacto con él se muestra conciliador.
Otros indios se acercarán al fuerte, y siempre con la misma intención: llevarse el precioso caballo del teniente. Pero éste se cansará y decidirá tomar la iniciativa intentado llegar al poblado de los visitantes sioux.
En el camino se encontrará a una india (curiosamente de raza blanca) intentando poner fin a su vida. Ella será la que haga de enlace entre el hombre blanco y su pueblo (ahora el sioux) para entenderse ya que recuerda un poco el idioma del nuevo inquilino. Cuando Dunbar la lleva desmayada al poblado le obligan a marcharse, pero no le hacen ningún daño.
Enseguida volverán a tomar contacto y los encuentros serán cada vez más satisfactorios para una y otra parte. Hay, sin embargo, un interés en los sioux, plasmada sobre todo en Pájaro Guía al querer obtener información acerca de los propósitos del hombre blanco y si llegarán más. El teniente irá dando largas para no alterar su paz y tranquilidad, aunque sabe que no tardarán en llegar en gran número. La conquista está servida y el teniente John Dunbar simpatiza cada vez más con el enemigo, en la teoría militar y del hombre blanco.


Dumbar y sus nuevos compañeros sioux al acecho del búfalo


Dunbar conoce cada vez más al pueblo sioux, sus costumbres, el respeto por la naturaleza que practican, su protección hacia la familia y el gran cariño por los suyos, el equilibrio en todo lo que hacen. Lo suyo no sólo será un flechazo hacia la mujer sioux blanca, correspondido por ella sin reservas, recogida de niña cuando otros indios (enemigos de los sioux) habían matado a toda su familia, sino hacia la cultura de un pueblo noble y orgulloso de su tierra y su modo de vida. Todo lo que el teniente había oído de ellos en el este era mentira, propaganda interesada para poderlos combatir mejor y arrebatarles sus tierras.

El compromiso del teniente con el que ahora es su nuevo pueblo se pone de manifiesto cuando participa en la guerra que mantiene el pueblo sioux contra otra tribu enemiga. Él matará por los suyos igual que había hecho antes con su ejército vestido de azul. Cuando vuelve a tener contacto con los blancos, éstos lo tratarán como a un indio más, un desertor que se ha unido al enemigo, maltratándolo como si fuese un animal, un animal como el compañero de Dunbar en el fuerte, un lobo solitario al que había puesto el nombre de Calcetines y que tampoco había salido bien parado por la maldad del hombre blanco.


El protagonista de Hacha de guerra con un militar y una india
 

Tom Jeffords  es un buscador de oro que el pasado había pertenecido al ejército. Los apaches están en guerra contra los blancos y un jefe llamado Cochise lidera al orgulloso y guerrero pueblo. Arizona año 1870. Los correos que envían los blancos son un objetivo para Cochise; cree que son una amenaza mandando órdenes e información en la guerra contra ellos. Al hombre blanco le causa un gran perjuicio el hecho de no poderse comunicar por medio del correo. Jeffords decide intentar contactar con Cochise después de haber tenido un encuentro con los apaches del que casi sale sin vida. Un indio adolescente, que es curado por él cuando lo encuentra herido, lo ayudará cuando un grupo de apaches captura a Tom en sus tierras. Gracias al chico se salvará y entenderá mejor a los indios en su breve convivencia. Hasta ese momento no entendía que una madre apache pudiese llorar la pérdida de un hijo ya que para Tom Jeffords los indios eran poco menos que alimañas. Los prejuicios de Tom con respecto a los apaches son los mismos que los que tienen la mayoría de blancos; pero una primera aproximación del buscador de oro, interpretado por James Stewart, hará que cambie su forma de ver a los que hasta hace poco eran enemigos suyos.


John Morgan, el aristócrata capturado por los indios en Un hombre llamado caballo
Habrá un debate moral de Jeffords con la comunidad blanca que representa y con él mismo. Cree que los indios merecen vivir en paz y ser tratados con justicia. Pero entiende que civilización muchas veces va unida a conquista, pero no a cualquier precio. Con su gente tiene problemas por intentar pactar con ellos. Algunos lo tratarán de amigo de los indios y éstos entenderán que su pueblo lo tendrá cada vez más difícil con la llegada de más gente desde el este (preocupación constante que también tenía Pájaro Guía en Bailando con lobos), por lo que tendrán que pactar y llegar a un buen tratado. A Cochise no le gusta la idea, pero sabe que la nueva realidad puede borrarlo del mapa junto a su pueblo si no obra inteligentemente y con prudencia con prudencia.

Jeffords querrá conocer la cultura apache para tratar con Cochise llegado el momento. Cuando contactan se entienden bien porque el hombre blanco es sincero y Cochise ve lo que hay dentro de la gente. Jeffords le expondrá un mensaje de convivencia y paz: vivir como hermanos indios y blancos. El gran jefe apache le contestará que esas palabras no son las del hombre blanco...Cochise creerá que Tom es alguien especial que puede ayudar en un proceso que tarde o temprano debe llegar. Es en la estancia en el poblado indio donde vive Cochise donde Tom conoce a una mujer apache de la que se enamora. ¡Qué mejor manera de interesarse por su pueblo!
Con Cochise tratará el tema de los correos. Le explicará que esos correos que mata no llevan órdenes contra ellos sino que son para que los blancos que no hacen la guerra se comuniquen, como hacen los indios con las señales de humo. Cochise acuerda no matar más correos. Será un primer paso para la paz que se seguirá gestando gracias a un general enviado desde Washington al que llaman el general cristiano por tener profundas creencias religiosas y hacer una interpretación de la Biblia en la que no hay desigualdades. Para este general todos los hombres son iguales ante Dios, sea su piel del color que sea, y pertenezcan al pueblo que sea.

El padre indio de Tommy en La selva esmeralda

Jeffords decide casarse con la mujer india a pesar de las advertencias de Cochise. Éste les alerta de que su vida se convertiría en una penuria si decidieran seguir adelante con su intención, una vida llena de discriminaciones en la que sentirían el odio de mucha gente que no aceptaría la relación. Sigue habiendo demasiado odio y prejuicios. La pareja seguirá de todas formas con su compromiso y decidirán casarse. Tom se sentirá uno más entre el pueblo apache y su boda con la mujer demostrará el grado de implicación que tiene con el pueblo dirigido por su amigo Cochise.
La conferencia de paz que se convoca resultará un éxito a medias, pero esperanzador. Un grupo disidente de la mayoría, dirigida por Jerónimo, seguirá haciendo la guerra a los blancos por su cuenta. El resto de indios, con su jefe Cochise al frente, llegará a un acuerdo de paz, una amistad que a Jeffords le costará mucho más que a cualquier otro apache.





Los indios capturan a un aristócrata británico que viaja por las nuevas tierras americanas recién descubiertas. En una cacería lo sorprenderán, sometiéndolo a todo tipo de vejaciones, humillaciones que lo convertirán en un animal, en un caballo. En ese primer contacto entre hombre blanco e indio hay enemistad y violencia, a diferencia de lo que ocurría en Bailando con lobos cuando se encontraban los, en teoría, contendientes. Esa diferencia se hará más patente en la actitud que demostrarán unos indios en comparación con los otros; en Un hombre llamado caballo los indios no se sorprenderán tanto de la presencia del hombre blanco e irán con unas intenciones claras de dar caza a ese invasor cuya tierra pisada no es la suya. Tal vez ese sea un hecho por el que es tan mal tratado. Es posible que los indios de Un hombre llamado caballo supieran que significaba la presencia del hombre extranjero en su tierra, una amenaza que iría cobrando cada vez más relevancia en número y en la que se apreciarían mejor las intenciones de los recién llegados. En Bailando con lobos los indios parecen más ignorantes ante lo que se encuentran; saben, seguramente, de la existencia del hombre blanco y de que ya hay muchos de ellos en sus tierras, pero desconocen hasta que punto pueden acabar con su histórica primacía. Coherente es, pues, que el amigo indio, Pájaro Guía, del teniente protagonista de Bailando con lobos se interese tanto por la más que probable llegada de más hombres blancos a las tierras de sus antepasados; sus propósitos también serán una preocupación constante ya que el hecho tendrá que ver con el futuro inmediato de su pueblo.

En Un hombre llamado caballo el aristócrata británico John Morgan se convertirá en la distracción de una vieja india, en su mascota, un caballo con el que jugarán los niños del poblado y al que golpeará a su antojo la anciana de malas pulgas cuando algo no le parece bien. Como caballo, mientras es tratado como un animal, el aristócrata observa las costumbres de los salvajes desde su pésima y humillante posición. Ya dejé un apunte antes de que el trato que recibe Morgan por parte de sus captores es motivado por el odio que el indio tiene hacia el hombre blanco (seguro que el ser un pueblo esencialmente belicoso también tiene que ver). Saben que vienen para quedarse, o intentarlo (muy posiblemente en esta fase piensan más bien así), en sus tierras y echarlos para ocupar su lugar; son por esto una amenaza muy real para su cultura.

La visión del indígena que ofrece Un hombre llamado caballo es más primitiva y cruel que la  que nos muestra Bailando con lobos, más humana y civilizada, más pacifista también, aunque no por ello deje de haber momentos para la lucha cuando hay amenazas exteriores.


John Morgan demostrará su valor en el ritual sangriento del Juramento al sol
Del calvario al que es sometido John Morgan en su cautiverio se irá pasando progresivamente a un trato más transigente por parte de los indios. Sus intentos de huida habían sido solo eso, intentos que lo habían humillado hasta sentirse una piltrafa humana. Intentará cambiar de planes para escaparse cuando conozca a otro cautivo que habla su lengua, Baptiste – Constantes: mayor conocimiento de su cultura y costumbres por la información aportada por el cautivo; parecido a lo que ocurría en Bailando con lobos: la mujer de la que se enamora el teniente, adoptada por los sioux de niña cuando su familia es aniquilada por otra tribu, le aporta al teniente una información muy valiosa. La mujer pondrá en contacto, en mejores condiciones por el idioma, al militar destacado con el pueblo del que ahora forma parte –.

Pero en su idea inicial –: integrarse en la medida de lo posible con el pueblo que lo tiene retenido para que se confíe y poder así tener una mejor oportunidad de fuga, hacerse uno más entre ellos matando incluso a indios enemigos – se interpondrá, y le hará más difícil la decisión de huir (aunque en un principio le pudiera servir de ayuda, y así lo pensara) una india de la que se enamora (nuevamente) y un ritual salvaje en la comunidad cuando ha demostrado su implicación en la lucha y su integración cultural y social (querrá casarse con la india, y acabará haciéndolo una vez pasado un último obstáculo sangriento). El ritual denominado juramento al sol hará de él uno más. En él se deberá demostrar valentía y compromiso. El salvaje ritual es pasado con éxito y sufrimiento. Morgan terminará casándose con la india y su fuerza como gran guerrero lo convertirá en el nuevo jefe. Su integración es tal que ya no piensa en la huida, como antes, porque se siente tan o más indio que hombre blanco. De cualquier forma, en la tragedia de los acontecimientos, en la guerra y en el dolor que produce la muerte de la gente amada, John decidirá abandonar el poblado y volver a su hogar, a su otro hogar. Su marcha será, pues, consentida una vez ha ayudado a los indios y éstos se lo agradecen dejándolo ir sin más condiciones que las ya cumplidas. Morgan no necesitará argucias para volver a su tierra como había planeado cuando era un cautivo sin derecho alguno, el que no le permitía haber sido por un tiempo un caballo.


En Hacha de Guerra el componente de mezcla interracial es puesto encima del tapete sin ningún disimulo


Tomme con un arco (La selva esmeralda)




El hijo de Bill Markham, un ingeniero estadounidense encargado de la construcción de la mayor presa del Amazonas en el Mato Grosso, es secuestrado por una tribu de indios llamada Los invisibles. Durante diez largos años sus padres no perderán las esperanzas de encontrarlo, buscándolo sin descanso.
La integración de Tommy en la tribu amazónica está prácticamente completada. Ahora es uno más entre los habitantes del poblado, aunque su aspecto físico sea muy diferente al del resto de indios con los que convive. Su vida trascurre en total libertad cazando, guerreando, amando, participando en las costumbres del pueblo que lo ha acogido (aunque hubiera sido a la fuerza cuando se lo llevaron de muy niño).
El origen de lo que es Tommy (ahora Tomme entre los indios) es sólo un sueño del que no se olvida y del que habla con los demás miembros del poblado. Su verdadero padre todavía es recordado en sus sueños.
Pero la búsqueda del padre finalizará. En una expedición al interior del Amazonas Bill Markham encontrará a su hijo cuando es perseguido por indios de otra tribu con intenciones caníbales. Será a partir del encuentro cuando el filme se convierte en un intento infructuoso para que Tommy vuelva con su padre. Pero el deseo no se cumplirá, será inútil empecinarse; Tommy ya no pertenece al mundo del que había llegado, un mundo de progreso desmedido, que no respeta la naturaleza, que para proseguir su tenebroso itinerario tiene que destruir.
La desesperación del padre, al darse cuenta del hecho de que su hijo es feliz y ya no volverá con él, hará que él también cambie y lo ayude en la medida de lo que pueda.
En La selva esmeralda, de John Boorman, se engrandece la naturaleza y la vida en comunión con ella. El progreso no siempre es bueno y la vida en la llamada civilización es muy diferente a la que puede llevar cualquier miembro de cualquier tribu primitiva. En el filme se ensalzan las virtudes de la vida “salvaje”, donde la existencia es plácida y las emociones no disfrazadas de ninguna hipocresía: civilizaciones primitivas y simples en la tecnología, pero civilizaciones al fin y al cabo que tienen claro lo importante: el hombre que forma parte de una comunidad en la que todos son iguales (o muy parecidos), y el respeto y conocimiento del entorno natural que les proporciona una vida plena de libertad.

domingo, 9 de marzo de 2014

Ángeles sin paraíso/ John Cassavetes/ Estados Unidos 1963



Gran drama del director John Cassavetes protagonizado por Burt Lancaster en el papel de Doctor Matthew Clark, psiquiatra y director de un centro infantil de discapacitados mentales, y Judy Garland interpretando a la profesora de música Jean Hansen, nueva empleada del centro en una especie de periodo de pruebas en el que conocerá a un niño al que cogerá especial cariño, Reuben (Bruce Ritchey).

La rebeldía del niño y su tristeza motivada por el abandono de sus padres –llevan años sin ir a verlo, pero él seguirá esperándolos incansablemente cada semana – llamarán la atención de la nueva mujer contratada. Su falta de cariño hará que Jean tome al niño como protegido y lo cuide con una ternura sobrecogedora. Reuben llega al centro en unas circunstancias muy traumáticas no sólo para él mismo sino para sus padres. Las ilusiones puestas por el padre, un arquitecto acomodado, en su futuro, unido al enorme amor y sufrimiento que padece la madre por su situación harán que un día cualquiera lo ingresen en el centro para discapacitados psíquicos y decidan no volver a verlo, en palabras de su madre: por su propio bien. La nueva empleada no entiende la decisión tomada por los padres. En un intento de arreglar la situación hablará con Matthew Clark – Gran papel hecho, como de costumbre, por Burt Lancaster –. Éste intentará que Jean no se meta en el asunto. Tratará de hacerle ver que para el chico lo mejor es que su madre no lo vea.






Las diferentes formas de entender cómo llevar el caso de Reuben crearán un conflicto entre la profesora de música y el director del centro. Ella se inclinará por una permanente atención al niño, dándole todo el amor del que es capaz; él, sin embargo, querrá ayudarlo de otro modo: desde la disciplina, pero sin excesos, equilibradamente y enseñándole a arreglárselas por sí mismo dentro de las posibilidades que tendría con su problema.




El filme de Cassavetes es duro, pero sincero, y está contado con sensibilidad y ternura sin que llegue en ningún caso a esa lágrima fácil a la que este tipo de películas se podría prestar. Los tremendismos serán rechazados por un realismo en el que no dejará de aparecer lirismo a toneladas. Creo ver en Ángeles sin paraíso una crítica a la forma que tenían algunos padres (y aún hoy en día pueden ocurrir casos similares) de afrontar, aunque tuviesen una buena situación económica, el gran drama de unos hijos con discapacidades que en ocasiones parecían querer ser escondidos de la sociedad por una especie de vergüenza incomprensible. En este caso el padre lo ingresará en el centro porque lo ve como un fracaso, incluso personal, al que hay que mantener al margen, poco menos que esconder, para intentar olvidarlo… pero no lo pueden hacer: olvidar a su hijo. La madre actúa por amor. Su decisión está marcada por el gran amor que siente por el niño. Cree sinceramente que no verlo le hará bien a la larga, piensa que es la mejor decisión, aunque el niño pueda sufrir al principio – supongo que tendría claro que con el tiempo la situación sería reversible para el bien del hijo –. El psiquiatra parece apoyar la postura de la madre desde la razón, desde lo estrictamente terapéutico.



En la película de Cassavetes también hay una crítica al sistema de apoyo y ayudas del Estado a las instituciones que se encargan de la protección, enseñanza (dentro de lo posible) y cuidado de los pacientes que son retratados en el filme. Hay una escena reveladora en la que unos políticos de pacotilla, apoyados por un médico también de pacotilla, y sin escrúpulos, hablarán con el psiquiatra para intentar hacerle entrar en razón de que hay que recortar ayudas a los enfermos porque son demasiado caros para la sostenibilidad del sistema…¿os suena de algo? El director del centro, por supuesto, los pondrá en su sitio con argumentos contundentes y les dirá que piensa de sus malditos recortes sociales. El mensaje que me queda al contemplar la escena es que hay gente que trabaja para unos pocos, el poder económico, y otros, el psiquiatra y su gente, que lo hacen para hacer, o al menos intentarlo con principios, una sociedad más justa y mejor.





 El final personal del niño protagonista con su padre es esperanzador. Este último parece haber entendido, y asumido, quien es su hijo y cómo hay que quererlo. Hermoso final, en definitiva, para una película con mucha sensibilidad y discurso reivindicativo, hermosa, pero con una historia que no deja de entristecernos.



¿Temas que toca? La diferencia y el rechazo, la disciplina y la educación para poder vivir con dignidad, la asistencia social en enfermedades que incapacitan y las diferentes visiones ideológicas al respecto, el amor frustrado y la sobreprotección de hijos indefensos tomados como fracasos personales, y la renuncia a ellos por esa especie de maldición que les ha caído encima por culpa de una sociedad exigente e inhospitalaria.



lunes, 10 de febrero de 2014

Red State/ Kevin Smith/ Estados Unidos 2011



Uno se pone a ver este film de Kevin Smith y lo primero que le puede venir a la cabeza es: “Anda, otra en plan Porky´s!”, si desconociera el argumento. Ese instituto y esos jóvenes demasiado salidos no nos podrían hacer llevar a creer otra cosa; por si fuera poco, el tono, si bien es cierto que no es tan en plan erótico-festivo y tontorrón como en todas esas pelis de y para adolescentes salidos (la mayoría), o descerebrados (también hay unos cuantos), tiene lo suficiente de esto último (lo  tonto, como podría ser lo loco) como para creer que andas en algo parecido; además: la dirige un director al que le gusta hacer comedias  y bien podía haberse metido en algo por el estilo. Pero después viene la primera transición que conduce (los tres jóvenes van en un coche a la cita) a algo parecido, en las sensaciones que produce el ambiente, a otro tipo de películas muy, otra vez, del gusto adolescente: esas de terror en plan Sé lo que hicisteis el último verano, o mismo Scream (ésta sí que la vi, la primera…menuda castaña!). O sea, que el asunto se empieza a poner delicado y un poquitín oscuro, sheriff atormentado por su sexualidad incluido en el anecdotario, que no en la trama porque poco tiene que ver... hasta que esa cita se convierte en un cebo, una trampa perfectamente tendida de la que no puede salir nada bueno para los tres chicos atrapados.


 

Es a partir de ahí cuando hay otra vuelta de tuerca, u otra película, ésta sí, bastante oscura y con su buena dosis de dramatismo, que lleva a los confundidos chicos (cuando los cogen no saben quién lo hace y por qué motivo) al mismo infierno. Y es en ese infierno lleno de fanatismo religioso donde se llevará a cabo un ritual de justicia divina, materializada por la familia Cooper, con su patriarca y pastor al frente, el abuelo Abin Cooper (Fenomenal Michael Parks), un hombre que interpreta las Sagradas Escrituras como le parece cuando mezcla verdades con medias verdades y con propias consideraciones que son del todo descabelladas y producidas por una mente enferma y llena de odio. Porque en la liturgia maldita de venganza habrá víctimas que, aunque pudiera parecer que tienen algo de culpa, no la tienen en absoluto. El discurso de la nueva Gomorra del reverendo es exagerado hasta la total manipulación y no tiene sentido, pero tiene su encanto y está desarrollado con inteligencia para que creamos que los fanáticos tienen algo por lo que luchar y en lo que creen porque encierra la verdad, una confusión con graves consecuencias que lleva a unas ejecuciones injustas contadas con cierta crudeza. Es en la parte del macabro ritual cuando crees estar en algo parecido a Hard Candy, pero en vez de encontrarnos con una adolescente haciendo su personalísima justicia con justificaciones acerca de su acción, nos topamos con una de las grandes familias de los horrores fanático-religiosos. ¿Y por qué podemos creer que estamos ante algo similar a Hard Candy siguiendo con las comparaciones y a pesar del giro final que da este último film? Porque los acusados son secuestrados y se las hacen pasar canutas en ese ceremonial de castigo que terminará en una probable muerte para esos presuntos pecadores, una muerte justa según los acusadores. Es cierto que en Hard Candy hay más ambigüedad en la culpa del retenido que en ésta, donde los chicos poca culpa tienen, y si hay alguna es la de ser algo salidos (son adolescentes incontenibles, como los de Porky´s) y querer experimentar el sexo de un modo un pelín morbosillo, pero sin que haya ningún tipo de maldad en ello.
Pero no está ahí precisamente la semejanza que quiero recalcar sino más bien en todo el ceremonial que justifica la acción de la chica adolescente en Hard Candy y de la familia Cooper en Red State, una acusación que tiene que ver con una sexualidad señalada como depravada o malsana (qué surrealista que a los Cooper le pueda parecer malsana la acción de los tres muchachos y no su castigo!) que en Hard Candy tendría su sentido, la acusación me refiero (una vez que se demuestra cierta), no el método de la justicia empleada; no así en Red State donde no hay nada reprochable que demostrar.


Y todo esto hasta que se da otro golpe de volante cuando entran en acción las fuerzas de seguridad alertadas por el sheriff local. Es en ese punto final cuando la ensalada de disparos está garantizada y nos encontramos ante otro asalto a Waco. Las órdenes que llegan desde arriba al agente Keenan (John Goodman) es la de acabar con todos los miembros de la iglesia formada por la familia Cooper. Pero no cuentan conque los Cooper tienen dentro alguien ajeno a ellos que sufrirá igualmente las consecuencias de las órdenes dadas.

sábado, 25 de enero de 2014

Miniencuesta 2X1# Espartaco, Ben Hur o Gladiator# Ernst Lubitsch Vs. Billy Wilder


Billy Wilder posando con casco (parece que prusiano)

Como si de un juego para niños se tratara, tremendamente sencillo y con su punto de ingenuidad, os traigo una sección en la que podréis elegir una de entre las dos o tres opciones que se ofrecerán en la encuesta propuesta.
En los comentarios sería de agradecer que pusieseis lo que habéis votado, existiendo la posibilidad de matizar vuestra elección con la explicación que consideréis oportuna. Procuraré que la pregunta elegida, unida a las opciones dadas, tenga un sentido claro con el fin de que nadie tenga problema alguno a la hora de decidir.


Charlton Heston remando en una galera en la película Ben Hur

Habrá casos en los que se tendrá que pensar la contestación un poco más de lo habitual y hacer un pequeño ejercicio reflexivo o de memoria para elegir; en cualquier caso habrá que decantarse por una de las opciones a pesar de que la diferencia que haya entre una u otra (u otras) sea pequeña.
Por otro lado habrá alguna pregunta cuyo resultado esté claro por anticipado por ser clara favorita una de las opciones. En ese caso lo interesante será conocer el porcentaje por el que ganaría la opción favorita sobre la otra (u otras).


Kirk Douglas es dirigido por Stanley Kuibrick en Espataco

Cuando termine el plazo para contestar no cabrá la posibilidad de seguir votando y pondré en esta misma entrada los resultados obtenidos en la encuesta además de una valoración o análisis de lo acontecido.

Para votar tendréis que desplazaros a la parte superior del blog, justo encima de esta entrada (Las preguntas se ven claramente).

Podréis ir viendo los resultados provisionales (mientras no se termine la encuesta) marcando en VOTAR o en VOTE, pero OJO: no lo hagáis antes de elegir vuestro voto, si no es muy posible que después no os deje hacerlo, o sea: poder votar (debe haber un conflicto ahí raro en las encuestas de Vorbeo  ;-)


Ernst Lubitsch fumándose un puro, pero no parece que esperando a nadie


En la miniencuesta de hoy se preguntarán las siguientes cuestiones:

  1. ¿Qué película te gusta más: Espartaco (Kubrick), Ben Hur (Wyler) o Gladiator (Scott)?


  1. ¿Qué comedias consideras mejores: Las tres mejores de Ernst Lubitsch o las tres mejores de Billy Wilder?

Se agradece que en esta segunda pregunta de la encuesta se diga qué tres comedias de cada uno de estos directores (aproximadamente ya que puede resultar difícil una elección así) fueron las seleccionadas para decidir en la votación (de los dos directores, no sólo del elegido). Muchas gracias.


El general de las legiones romanas Máximo Décimo Meridio, conocido como Hispano entre sus incondicionales, destacado a las orillas del Danubio, pasa revista a sus tropas









La encuesta empezará el día sábado 25/01/14 a las 18 horas aproximadamente y terminará el día viernes 31/01/14 a las 18 horas aprox. 


 Resultados de la encuesta:

Espartaco – 10 votos / 56% de los votos
Ben-Hur (Es cierto, va con guión en medio) – 7 votos / 39% de los votos
Gladiator – 1 voto tremendamente respetable de mi amigo Javier Ramírez / 6% de los votos.

Haré una pequeña valoración en un último comentario a continuación de los vuestros, que se han agradecido mucho: gracias por vuestra inestimable participación.