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sábado, 7 de julio de 2012

Hierro 3/ Kim Ki-duk/ Corea del Sur 2004




Este comentario servirá como una especie de colaboración del festival de cine asiático que está llevando a cabo el compañero y amigo bloguero David, en colaboración con otros blogueros, en su blog Lost Highway Blog. Espero que no le disguste demasiado mi aportación  :-P.

Antes de meterme en faena decir, para que quede meridianamente claro, que esta es una maravillosa película del director coreano Kim Ki-duk




Tae-suk es una persona solitaria que vive como un fantasma en las casas de los demás. En sus incursiones en la privacidad de los hogares no hace mal alguno; el chico es como un duende, pero de los amables, que cuidará de que todo esté en orden y en perfecto estado. Si peca en algo es de curiosidad por saber qué tipo de gente vive en las casas en las que se instala, algo que seguramente hace para sentirse más integrado y estar más a gusto en el nuevo entorno (cada casa será un mundo diferente).
Su existencia parece tranquila a pesar de una osadía que cualquiera podría pensar innecesaria sabiendo de sus capacidades para vivir una vida diferente, y entre el resto del mundo.
Ya instalado, después de haber cumplido su meticuloso procedimiento que le dará el visto bueno para entrar en esos hogares ajenos, pero sin ninguna mala intención, habitará las casas con el mismo cariño que sus dueños y tendrá especial prudencia por no deteriorar no sólo lo físico del espacio sino lo espiritual. Tae-suk hará un papel similar al del ángel guardián, pero de los lugares donde habitan los hombres, y sabedor de que tiene una deuda con los dueños de las casas, y para no sentirse peor, incluso aprovechado, Tae-suk pagará su autoinvitación cuidando de la armonía del hogar; para completar ese cometido arreglará todo tipo de objetos susceptibles de estropearse, como relojes, equipos de música o básculas para pesarse.



En una de las casas se le escapa algo fundamental sin pretenderlo: habitarla habiendo alguien dentro. Una chica llamada Sun-hwa permanece en una de las habitaciones de la casa en la que se acaba de meter Tae-suk. La chica observa durante un tiempo que hace el nuevo inquilino. Está muy lejos de ser un ladrón o alguien que pueda atemorizar por cualquier otro motivo oscuro. El hombre es pura delicadeza y casi ni se deja sentir. Hace de comer, lava la ropa, la tiende, limpia, riega las plantas… todo lo lleva a cabo con una dedicación y entusiasmo que resulta no sólo conmovedor sino sorprendente. ¿Quién es ese chico? ¿Por qué hace aquello? Es algo extraño, pero a la chica le atrae Tae-suk

Pero ella es infeliz porque en su matrimonio hay maltratos por parte del marido y porque lejos de querer a este hombre, que un día prometió hacerla feliz, lo desprecia.

Después de un tiempo, Tae-suk y Sun-hwa llegarán al convencimiento de que son almas gemelas y que deben estar juntos para siempre por muchas dificultades que surjan. El chico, además, cree, siente, que debe protegerla y hacer que desaparezca su dolor. Ella formaba parte de una de aquellas casas que cuidaba Tae-suk y, aunque el encuentro fuera un accidente no buscado por el chico, su papel es el de desvanecer el sufrimiento que hay en ella. Es por tal motivo por el que deciden escaparse cuando el marido de ella vuelve…


 


Y la historia pasará de una alegoría sobre el sufrimiento, la protección, el amor, la posesión, los celos, a algo mágico lleno de espiritualidad, de un misticismo muy a la oriental, dramático, aunque se puede decir que de final feliz, y con un lirismo romántico que emociona, donde lo espectral adquiere un significado pleno, íntimo y trascendente. Él siempre estará con ella de una u otra forma y Sun-suk se sentirá afortunada por ello.

Spoiler (no leer el spoiler en color azul para no descubrir partes de la película)
La escena final de la báscula a la que se suben los dos amantes hace indicar que ambos están muertos y que son sólo sus espíritus los que vuelven a utilizar aquel objeto que un día los acercó. Esa podría ser una explicación, creo yo.



miércoles, 8 de junio de 2011

El arco/ Kim Ki-duk/ Corea del Sur 2005



Producida por Happinet Pictures y Kin Ki-Duk Films, su presupuesto fue de 950.000 $ y distribuyó Golem.
Se rodó en el mar cerca de la “roca de las Hadas” en el pueblo de Euolwang, en Incheon, en un viejo barco de pescadores que se reparó y se echó a la mar. Como el barco era el único decorado prácticamente de la película, el encargado se empeñó en que debía encajar a la perfección con el paisaje marítimo. Antes de comenzar el rodaje se invirtió mucho tiempo en decorarlo; había que transformar un barco común en un lugar para pescar en alta mar. Su reducida cabina debía convertirse en una habitación para el viejo pescador y la muchacha. En la escena en la que el viejo pescador predice el futuro, la chica debía columpiarse delante de un retrato de Buda mientras que el pescador disparaba una flecha hacia el cuadro. El realizador encargó al pintor Jung Byung-Gook que pintara un Buda tradicional coreano.

El jefe de atererezzo pensó en hacer un arco nuevo artesanalmente, pero Ki- Duk eligió comprar un arco cualquiera; envolvió los extremos con telas de colores, para que fuese un poco más llamativo y se dio pátina a la madera para que pareciese más fuerte, pero usada.
El rodaje comenzó el 2 de Enero del año 2005 y duró 17 días en un barco que carecía de un lavabo en condiciones o un sitio donde resguardarse del frío invernal. 



El guión de la película es del propio director, así como el montaje. El director de fotografía es Jang Seung-Baek, el mismo que el de Hierro 3. En cuanto a la música, el director se preguntó si sería posible sacar notas musicales de la cuerda del arco; ante la imposibilidad de conseguir un buen sonido se decidió usar un violín coreano al tocarse como se podría hacer con un arco. Kim Ki-duk tuvo la oportunidad de oír un concierto de Kang Eun- Il y se quedó maravillado. La música le pareció escrita específicamente para la película por lo que se utilizaron dos piezas para cuerda de Kang Eun-il, Desaparición y Vuelo.
Se presentó en el Festival de Cine de Cannes dentro de la sección Una cierta mirada y en la sección Zabaltegi del Festival de Cine de San Sebastián.
Esta es una película con la sensibilidad que sólo los orientales saben darle a su cine, muy poética y visual, no en cuanto a montaje o técnicas cinematográficas que tengan que ver con lo tecnológico, sino más bien por una puesta en escena y una forma de moverse, de mirar o de expresar emociones que se veían en otros tiempos, yo iría hasta muy lejos: los comienzos del cine, el cine mudo que expresaba tanto con miradas o gestos y que también era muy visual porque la imagen y su significado lo eran todo. Y ésta de Ki-Duk, como todas las de su cine,  podrían haber salido perfectamente de aquél cine mudo, pero si lo viéramos, o nos lo imagináramos más bien, en blanco y negro.
Como todas las de Ki-Duk la historia es extravagante. Aquí hay poco diálogo. Importan las emociones que se expresan por distintos caminos y cómo el film es contado con calma y sencillez. Lo sugerente de la historia hace que se puedan interpretar muchas situaciones. No se sabe muy bien por qué la protagonista tiene ese vínculo tan especial con el viejo… ¿es una especie de síndrome de Estocolmo? ¿Está realmente enamorado de él, o del chico que la conoce en el barco más adelante? ¿Cómo conoció al viejo, y cuándo? Se supone que el viejo la recogió de la calle cuando era muy niña. Si es así hay un punto bastante morboso y enfermizo en la trama porque ese toque que mencioné antes del síndrome de Estocolmo no sería tan descabellado tenerlo en cuenta, unido a una relación que sería de padre y amante entre la joven y el anciano. Es un encierro y un aislamiento un tanto forzado porque el viejo no le da otra opción más que la de estar con él aislada de todo.



SPOILER (No leer el spoiler en color azul para no descubrir partes de la película)
Hay que tener en cuenta que el viejo la tiene siempre en un barco en medio del mar y la chica no sabe qué es el mundo: sólo conoce el mundo que le ofrece su padre, que también es su amante (descabellado!), porque, curiosamente, la chica ama de una forma singular al viejo, y él a ella, pero con el añadido, por parte del hombre, de que además es un amor posesivo. /FIN SPOILER (Ya se puede seguir leyendo sin problema)
Sin libertad todo lo que consigue el viejo es engaño y manipulación. El amor que refleja la película es enfermizo para cualquiera: el chico que conoce a la chica así se lo dice al viejo; pero los sentimientos de la chica hacia el viejo no dejan de ser contradictorios ya que también lo quiere a su modo, como ella aprendió en ese mundo hermético y triste. Las de Kim Ki- Duk son historias que hacen reflexionar; de todas formas hay una serie de repeticiones y constantes que rebajan un tanto el buen nivel de El arco, escenas calcadas que significan lo mismo y que dan la sensación de que está pasando poca cosa, aunque sí pase.