Es serie B, sí, se ve que no hay mucho dinero para su
realización y que los FX, por muy llamativos que sean, en una época en la que probablemente nuestros padres
se habrán quedado un tanto flipados si eran de ir a ver este tipo de pelis
menos serias de lo acostumbrado, no dejan de tener ese punto cutre que resulta
surrealista y espectacular al mismo tiempo (más si los vemos hoy).
Pero la película en otro sentido tiene un gran encanto y
resulta de lo más interesante. Su narración es vigorosa, su atmósfera pesimista, decadente (partes en la feria que
es tratada como si de una variación de Freaks
se tratara), oscura, trágica, un film que nos habla de lo que tantas otras
películas de género fantástico, que se acerca al terror, han contado: la
curiosidad por saber más, por el avance científico sin restricciones, y en
ocasiones a ciegas, aunque el conocimiento proporcionado pueda traer
consecuencias trágicas (La mosca). En ese terreno nos meteríamos de lleno
en lo que se denominarían películas con científico loco. Y es que en El hombre con rayos x en los ojos, el Dr. James Xavier (se llama como yo, el
tío :-D) descubre algo que hace poder
ver más allá, literalmente (aunque eso pueda ser una metáfora del conocimiento
científico, del descubrimiento), de lo que el ojo humano puede percibir. La
revolución del descubrimiento hará que Xavier,
protagonizado por el gran actor galés, de presencia imponente, Ray Milland, continúe por un camino
peligroso que lo cambiará como persona, encerrándose en sus conjeturas y
huyendo de todo lo que tiene que ver con lo establecido y lo socialmente
aceptable, ciencia académica incluida, con violencia incluso cuando se lleva
por delante a un compañero médico como él que lo ayudaba en sus ensayos y que
en ese momento trata de pararlo (su propia transformación tiene que ver en
ello. Su descubrimiento actuará como una droga perjudicial a la larga, aunque
sus efectos inmediatos sean asombrosos y se vean en ellos la posibilidad de
cambiar para mejor la vida, la humanidad. Deseo demasiado megalómano para que
resulte bien…).
Hay una chica en la historia que siente atracción por él,
una doctora que supervisa su trabajo y la encargada de darle los informes a una
junta que aprueba la financiación del estudio. La mujer se llama Diane Fairfax.
Cuando el Dr. Xavier
realiza el experimento sobre sí mismo, para demostrar que ha descubierto algo
importante y poder así seguir contando con el apoyo de la junta, su
personalidad comienza a cambiar. Parece que su especial droga, poderosa,
enigmática, llena de posibilidades, pero también de incertidumbre, lo está
trastornando de algún modo. Es cuando acontece lo trágico cuando Xavier tiene que huir. Diane no lo retendrá y le urgirá a que
escape… A partir de ahí la trama comenzará a cambiar, y de ser el Dr. James Xavier pasará a ser Mentallo, alguien abatido por el
sufrimiento que le ha ocasionado su descubrimiento, pero que usará los todavía
evidentes poderes para su provecho, y el de un rufián-pequeño empresario que
querrá aprovecharse de él. Me encanta esta parte. Me parece tremendamente Lynchiana en su ambiente
nebuloso, onírico, con aspectos, como dije antes, similares a los de la
fascinante Freaks, de Tod Browning, en lo referente a lo que
representa el personaje como monstruoso, extraño, alguien que produce temor por
lo inhabitual y lo poco que se conoce por ese aislamiento autoimpuesto.
En esta
parte la película se irá volviendo más mística, trascendente de algún modo por
la significación que otros le darán a Mentallo,
una importancia que no dejará de tener por sus poderes reales que usará para
calmar el sufrimiento de la gente que recibe como si de un brujo se tratara. La
gente cree en él y eso le dará esperanza. Esa podría ser la frontera entre el
aspecto científico de la película y el religioso ya que esas personas, esos
pacientes que lo visitan clandestinamente, ven en él alguien con poderes
sobrenaturales, alguien que tiene que ver con lo religioso, cuando él en el
fondo es un científico atrevido e inteligente, pero que ha elegido mal su
camino. Esta especie de ironía me parece bastante interesante como la
desarrolla Roger Corman… el final
aleccionador nos dirá, como la moralina de un cuento, que no se deben
sobrepasar ciertos límites que entrarían en un terreno vedado en el que sólo
Dios tiene cabida. Alguien como Xavier
sería un pecador que merece el castigo más cruel. El final es impactante y se
puede estar más o menos de acuerdo con él en la idea que comunica (Ciencia vs.Religión); pero viendo como se ha
desarrollado la peli no deja de ser grandioso y lleno de sentido.
Por
cierto, y para terminar, la chica, Diane,
como lo quiere lo buscará para ayudarlo a pesar de que el hombre lo tenga
bastante crudo. Un amor sin condiciones, un amor que, aunque no se desarrolla,
porque no es lo principal a contar, denota compromiso y solidaridad con alguien
que ha cometido un error y ya no tiene remedio. Diane es una gran mujer y un pequeño (o grande…eso tampoco lo tengo
claro) consuelo para el martirio del Dr.
Xavier.
La
película tiene partes que han quedado anticuadas en muchos aspectos, pero siendo
del año 63 hay que reconocerle su fuerza, su vigencia narrativa, su fascinante
atmósfera. Un muy buen film del famoso director de películas de serie b Roger Corman.






