A mi este tipo de películas me hacen pasar un rato divertido y muy ameno, por lo general, pero las veo como rarezas en el cine y las veo cada mucho tiempo porque tampoco es que me digan gran cosa; sin embargo se hacen muy especiales y recordadas cuando consiguen dar en el clavo, pero éstas son las menos. De todas formas la calidad, por lo general, brilla por su ausencia no sólo por la falta de medios para realizarlas sino por la carencia, en la mayoría de los casos, de brillantez en la realización.
Hay quien teniendo de base este tipo de cine hace cosas bastante interesantes, como John Carpenter, un maestro en hacer series B acondicionadas a su apabullante estilo visual. En películas como En la boca del miedo, de la que pronto hablaré en mi blog, Están vivos, El príncipe de las tinieblas o en su Vampiros del año 1999, este director demuestra un claro dominio de todas las reglas que tienen que ver con el cine de serie B; pero lo hace con un gusto distinguible y distinguido; lo hace con una personalidad y solvencia fuera de toda duda, y su estilo marca tendencia. Hay quien lo considera genial dentro de las limitaciones que su fantasía desbordante y su presumible inmadurez conllevan. Otros directores como Tobe Hooper han hecho algo parecido a lo que hizo John Carpenter, pero sin éxito: tan sólo hay que ver Invasores de Marte para darse cuenta. Sin embargo Hooper ha hecho buen fantástico que no tiene que ver demasiado con la serie B, como Fuerza vital, con una muy atractiva Mathilda May paseándose desnuda por la ciudad de Londres, actriz que trabajó años más tarde con Bigas Luna en La teta y la luna. De Hooper no se debería olvidar su magistral La matanza de Texas, un paroxismo de terror y de sangre, con la sierra mecánica más famosa de la historia del cine, pero ésta poco tiene también de serie B, no así la ya citada, y muy malograda, Invasores de Marte, cuya comparación con algunas de Carpenter quería destacar.
Y va y nos llega Robert Rodríguez con ese trabajo tan certero llamado Planet terror: un ejercicio de estilo y dominio de la técnica cinematográfica como pocos. Aquí el de origen mexicano nos sumerge en una sesión doble de un cine de barrio de una ciudad cualquiera; hay un trailer antes de la película que forma parte de la misma película, el avance es Machete, un personaje peculiar y vengador que destroza a sus víctimas con el arma que da nombre a su personaje. Rodríguez descuida los fotogramas haciendo que aparezcan esas líneas horizontales molestas, o fotogramas velados para realzar esa sensación de cine de serie B, y no sólo eso: se atreve a meter cortes que deberían ser desechados, pero que por descuido por falta de organización, o intencionadamente por falta de medios económicos (¿quién lo sabe?), se introducen en el montaje final: todo un acierto para impregnarla aún más de ese espíritu cutre de la serie B.
Es cierto que lo fantástico le va mucho, y cuando se desata es un creador. Aquí coge la más genuina serie B y le da mil piruetas para que no nos aburramos. Es movida, divertida, graciosa, sencilla en como cuenta la historia, compleja en las formas de contarla, como claro dominador de cualquier técnica cinematográfica que se le ponga por delante: a Rodríguez, cuando se pone así, no se le escapa ni una. Nada que ver con el Rodríguez que hace The Faculty, ese entretenimiento light para adolescentes muy comercial y previsible.




