Grandísima película del director británico Michael Winterbottom trascurrida en la ciudad de Londres con múltiples personajes apareciendo y desapareciendo de pantalla con bastante acierto y un equilibrio envidiable tanto en lo estético como en el fondo. Podría considerarse un film coral por el hecho de que hay un claro nexo de unión en el protagonismo de tres hermanas con sus diferentes historias que contar y que coinciden en diversos momentos del metraje con una naturalidad envidiable. A las hermanas se les unirán otros personajes, cada uno por el lado que le toca a cada una de las chicas, con lo que nos meteremos mejor en sus historias personales. Unos cuantos de estos personajes secundarios (algunos de ellos tendrán casi tanto protagonismo como las hermanas, como sus padres y la mala relación que mantienen) se encontrarán en momentos concretos con otros con los que no parecían guardar ninguna relación; o sea: los del círculo de una de las hermanas se terminan encontrando tarde o temprano con otra de las hermanas o con alguna de la gente que pertenece a su círculo... es por todo esto por lo que la peli del director británico tiene mucho de coral.
¿Y
qué nos encontramos en la película de Winterbotton?
Pues con fragmentos de vida muy bien contados, de una honestidad brutal y sin
ningún tipo de exceso, aunque haya bastante drama en muchas de las pequeñas
historias que contemplamos.
La
soledad de una de las hermanas es patente y entristece. Ésta hará de su estado
una continua búsqueda de un hombre al que poder querer y con el que se
encuentre bien; de encontrarlo en sus múltiples quedadas tal vez no se sienta
tan insignificante y desaparezca su soledad.
La
segunda hermana está embarazada y su marido tiene dudas relacionadas con su
vida y su trabajo. El chico ha dejado el trabajo porque no lo aguanta y ahora
que su novia se ha enterado parece haberle sentado muy mal. La inseguridad en
su vida, sobre todo ahora con uno más en la que parecía recién formada familia,
lleva a una situación difícil de llevar llena de dudas y de un futuro incierto.
Que el chico desaparezca sin dejar rastro durante horas hará que la mujer se
desespere aún más y se resguarde en su familia, en sus padres y sus hermanas.
Y
llegados hasta aquí sólo queda decir algo sobre la tercera hermana, una chica
separada, peluquera y con un hijo pequeño de unos 7 u 8 años cuyo padre es un
perfecto inmaduro con ramalazos violentos producidos posiblemente por sus
inseguridades y una cultura callejera un tanto macarra y barata. Al conocer un
poco a este hombre no nos extraña que la madre del niño lo trate con tan poco
respeto. De cualquier modo la chica defenderá a su ex cuando las cosas se ponen
serias para así dejarle claro a su pequeño hijo que su padre no es mala
persona, sólo un poco tarambanas que con el tiempo cambiará para mejor si lo
intenta.
Me
gusta mucho el estilo que se imprime a la historia, algo parecido al
documentalismo, sobrio a la vez que dinámico en el ritmo. Su fotografía medio
granulada es un acierto. Las escenas urbanas son como sacadas de cualquier
documental de cualquier gran ciudad con un añadido valiente y que encaja a la
perfección: un montaje lleno de técnica cinematográfica puesta a disposición de
lo que acontece, visualmente una fiesta del montaje en la que todos esos
momentos de realidad que aparecen por un lado, se desvanecerán mágicamente por
el otro de un modo más bien poético cuando el objetivo no se fija en nadie en
concreto y trata de hacer una radiografía del entorno.
La
película es realista ya que es como la vida misma, con sus dramas, alegrías y
tristezas, momentos divertidos, esperanzas y bajones vitales producidos por la
inestabilidad de unos personajes que no lo tienen tan fácil como querrían. Winterbotton hace un film tal cual es la
vida, sin imposturas o moldes de géneros, quiere retratar momentos en las vidas
de cualquiera de nosotros. Los conflictos surgidos y las personalidades tan
bien definidas se reflejarán de un modo sincero, honesto, sin efectismos ni
ningún tipo de pedantería (la más mínima pedantería quedaría aquí como el
culo). Y la telaraña de relaciones resulta estupenda, es redonda y llega a
emocionar. Lo social, tímidamente manifestado, se entremezcla suave y
armónicamente con lo familiar y unas relaciones problemáticas en las que la
llama de la esperanza y los mejores arreglos, en los que el amor hará de gran
motor, pondrán la nota más positiva.
Aunque
este es un cine menos social, reivindicativo, que el de Ken Loach, no deja de tener una
mirada social, un reflejo de lo que ocurre realmente, aunque la crítica sea
menos explícita. El no tener la intensidad de los dramas más descarnados no
hará que no dejemos de interesarnos (e identificarnos) con su realismo, con la
ternura y dureza que hay, con ese espejo en el que nos sentimos reflejados que
transmite vida y emociones. En el film de Winterbotton
las pequeñas cosas que ocurren, rutinarias incluso, son tan importantes que
harán feliz a quien las experimenta en momentos en los que se necesita la
ternura. A veces lo pequeño dice mucho y es con lo que mejor nos sentimos por
familiar y cercano, por no haber en ello ninguna tipo de falsedad.














