Se aproxima bastante a un Oliver
Stone desnortado que se ha dejado llevar por un hippismo utópico a modo de cartoon, pero curiosamente no carente de una violencia
exagerada, no digo a lo Rasca y Pica,
pero cerca le anda, tan increíble que resulta hasta hilarante.
No es que sea una historia, ésta de narcotráfico y control por el mercado
y el poder a base de todo tipo de intimidaciones, poco creíble por exagerada,
como lo son casi cualquiera de las de James
Bond, sobre todo las más actuales, lo es por surrealista. La relación
idílica que mantienen los jóvenes protagonistas es bastante alucinante. Uno de
ellos es un tío duro, un hombre de acción con experiencia adquirida en
Afganistán (y sus compañeros de profesión secundándole cuando el asunto se pone
difícil), el otro, su amigo del alma fiel hasta el final y gran compañero, es
todo lo contrario: pacífico y sensible, pero que cuando el asunto se tuerce colabora
con su amigo en el torbellino de
violencia y acción, una contradicción un tanto incoherente y sin demasiado
sentido; y ambos enamorados y correspondidos por la misma chica con aspecto
californiano, muy dulce y muy guapa, suave como el terciopelo, una mujer
acostumbrada a fumar marihuana, ahora, con los métodos de producción de sus
chicos, bastante buena, la mejor que se puede encontrar según se nos vende en
la peli; con lo que encontrará en ellos su Edén particular…
¿Y en qué líos se ven envueltos nuestros especiales chicos?: en algo
peligroso. Un cártel mexicano, encabezado por Salma Hayek y su hombre de acción Benicio del Toro, quiere expandirse
acuciado por otro poderoso cártel del país azteca, cuyo jefe, El azul, se va volviendo más y más
poderoso. La estrategia del cártel amenazado por El azul será captar productores de droga independientes
establecidos en los EEUU para que se asocien a la organización. Quieren mejorar
la producción y la calidad, y es ahí donde encajará el trío protagonista…
Pero su surrealismo, con una base real en lo que ocurre identificable y
que nos la podemos encontrar en cualquier noticiario que cuente represalias de
un cártel mexicano cualquiera, no deja de resultar un despropósito, aunque con
su pizca de encanto, si bien no tanto como otros despropósitos históricos. Me
viene ahora a la cabeza uno de mis últimos post cuando hablé de Sopa de
ganso de los hermanos Marx… ese
es otro tipo de despropósito, y difiere mucho de la de Stone no sólo en el género sino por creerse más y mejor lo que
presenciamos, aunque pueda parecer lo más descabellado posible. En Sopa de
ganso lo que acontece, y el marco en el que se da, no es que sea o no
creíble, sino que queda bien… en Salvajes, no del todo…
De todas formas me sigue gustando la agilidad narrativa y el ritmo que le sigue
metiendo Oliver Stone a sus películas,
con un montaje grandioso y una técnica cinematográfica magistral, visualmente
poderosa y deslumbrante. Tiene giros de guión magníficos y escenas con un
gancho indudable, brillantes a pesar de que por momentos se enfangue un tanto
la historia. Stone nos sigue
mostrando genialidades, como la escena de la persecución de la chica a la que
van a secuestrar los del cártel mexicano, o en la que aparecen Travolta y Del Toro, en el apartamento del policía…simpatiquísima y con
similitudes a una de las buenas de Quetin
Tarantino en el diálogo y la situación surgida; muy grande es también la
escena de “cómo me lo habría imaginado yo y cómo fue en realidad”.
Acabando: me atrae mucho más el Oliver Stone de Giro al infierno, una
peli de género negro descarada que nunca llega a desacreditarse a sí misma, una pesadilla angustiosa para Sean Penn en un pueblucho desértico de mala muerte, el de Asesinos natos y su
violencia como cultura, como un modo de vida, casi una religión o el de Un Domingo cualquiera, con su
vertiginosa visión del mundo competitivo del deporte, que el Stone de Salvajes,
un film demasiado palomitero para contar algo tan oscuro y violento, con un
estilo ñoño y chulesco que me recuerda pelis al estilo 60 segundos o A todo gas…
eso aquí, naturalmente, poco pega.
Estreno Cine









