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domingo, 9 de marzo de 2014

Ángeles sin paraíso/ John Cassavetes/ Estados Unidos 1963



Gran drama del director John Cassavetes protagonizado por Burt Lancaster en el papel de Doctor Matthew Clark, psiquiatra y director de un centro infantil de discapacitados mentales, y Judy Garland interpretando a la profesora de música Jean Hansen, nueva empleada del centro en una especie de periodo de pruebas en el que conocerá a un niño al que cogerá especial cariño, Reuben (Bruce Ritchey).

La rebeldía del niño y su tristeza motivada por el abandono de sus padres –llevan años sin ir a verlo, pero él seguirá esperándolos incansablemente cada semana – llamarán la atención de la nueva mujer contratada. Su falta de cariño hará que Jean tome al niño como protegido y lo cuide con una ternura sobrecogedora. Reuben llega al centro en unas circunstancias muy traumáticas no sólo para él mismo sino para sus padres. Las ilusiones puestas por el padre, un arquitecto acomodado, en su futuro, unido al enorme amor y sufrimiento que padece la madre por su situación harán que un día cualquiera lo ingresen en el centro para discapacitados psíquicos y decidan no volver a verlo, en palabras de su madre: por su propio bien. La nueva empleada no entiende la decisión tomada por los padres. En un intento de arreglar la situación hablará con Matthew Clark – Gran papel hecho, como de costumbre, por Burt Lancaster –. Éste intentará que Jean no se meta en el asunto. Tratará de hacerle ver que para el chico lo mejor es que su madre no lo vea.






Las diferentes formas de entender cómo llevar el caso de Reuben crearán un conflicto entre la profesora de música y el director del centro. Ella se inclinará por una permanente atención al niño, dándole todo el amor del que es capaz; él, sin embargo, querrá ayudarlo de otro modo: desde la disciplina, pero sin excesos, equilibradamente y enseñándole a arreglárselas por sí mismo dentro de las posibilidades que tendría con su problema.




El filme de Cassavetes es duro, pero sincero, y está contado con sensibilidad y ternura sin que llegue en ningún caso a esa lágrima fácil a la que este tipo de películas se podría prestar. Los tremendismos serán rechazados por un realismo en el que no dejará de aparecer lirismo a toneladas. Creo ver en Ángeles sin paraíso una crítica a la forma que tenían algunos padres (y aún hoy en día pueden ocurrir casos similares) de afrontar, aunque tuviesen una buena situación económica, el gran drama de unos hijos con discapacidades que en ocasiones parecían querer ser escondidos de la sociedad por una especie de vergüenza incomprensible. En este caso el padre lo ingresará en el centro porque lo ve como un fracaso, incluso personal, al que hay que mantener al margen, poco menos que esconder, para intentar olvidarlo… pero no lo pueden hacer: olvidar a su hijo. La madre actúa por amor. Su decisión está marcada por el gran amor que siente por el niño. Cree sinceramente que no verlo le hará bien a la larga, piensa que es la mejor decisión, aunque el niño pueda sufrir al principio – supongo que tendría claro que con el tiempo la situación sería reversible para el bien del hijo –. El psiquiatra parece apoyar la postura de la madre desde la razón, desde lo estrictamente terapéutico.



En la película de Cassavetes también hay una crítica al sistema de apoyo y ayudas del Estado a las instituciones que se encargan de la protección, enseñanza (dentro de lo posible) y cuidado de los pacientes que son retratados en el filme. Hay una escena reveladora en la que unos políticos de pacotilla, apoyados por un médico también de pacotilla, y sin escrúpulos, hablarán con el psiquiatra para intentar hacerle entrar en razón de que hay que recortar ayudas a los enfermos porque son demasiado caros para la sostenibilidad del sistema…¿os suena de algo? El director del centro, por supuesto, los pondrá en su sitio con argumentos contundentes y les dirá que piensa de sus malditos recortes sociales. El mensaje que me queda al contemplar la escena es que hay gente que trabaja para unos pocos, el poder económico, y otros, el psiquiatra y su gente, que lo hacen para hacer, o al menos intentarlo con principios, una sociedad más justa y mejor.





 El final personal del niño protagonista con su padre es esperanzador. Este último parece haber entendido, y asumido, quien es su hijo y cómo hay que quererlo. Hermoso final, en definitiva, para una película con mucha sensibilidad y discurso reivindicativo, hermosa, pero con una historia que no deja de entristecernos.



¿Temas que toca? La diferencia y el rechazo, la disciplina y la educación para poder vivir con dignidad, la asistencia social en enfermedades que incapacitan y las diferentes visiones ideológicas al respecto, el amor frustrado y la sobreprotección de hijos indefensos tomados como fracasos personales, y la renuncia a ellos por esa especie de maldición que les ha caído encima por culpa de una sociedad exigente e inhospitalaria.



domingo, 17 de noviembre de 2013

Persona/ Ingmar Bergman/ Suecia 1966



Me entusiasmó tanta genialidad condensada en a penas 80 minutos rebosantes de fascinante reflexión existencial, cuyo discurso, como si de un psicoanálisis o íntima confesión se tratase (con la mujer “muda”), sería la propia película. Persona es una comedura de coco existencial del gran director sueco Ingmar Bergman, reflexión profunda sobre el ser humano elevada a la categoría de obra de arte. 
En su discurso no hay resistencias y se procura ser sincero en la voz de Alma, a pesar del obstáculo interpuesto en su personalidad (apropiado el nombre, después de todo su alma se desnuda), algo que no ocurre tan fácilmente en una vida llena de falsedades.

Alma es una enfermera encargada del cuidado de una actriz que ha sufrido un episodio desconcertante cuando representaba una obra de teatro, Electra; la mujer deja de hablar en plena obra y muestra unos síntomas preocupantes de inestabilidad emocional que, una vez puestos a examen en una clínica, no demuestran ningún tipo de alteración que haga sospechar por su salud mental. La actriz, Elisabeth (Liv Ullmann), y la enfermera (cuyo papel hace la actriz Bibi Andersson) intentarán arreglar el mutismo de la primera trasladándose a una casa de verano donde las condiciones de tranquilidad serán ideales para el caso.







Lo que parecía una cosa: el misterio que escondía el mutismo de la actriz, un silencio revelador con el que no quiere seguir desnudándose para pasar de ser alguien observado y juzgado a ser como una cosa que se protege del mundo (¿Una buena elección para dejar de sufrir?), qué era lo que le podía ocurrir y si había algún remedio para el estado en el que se encontraba, se pasará gradualmente a un ejercicio vivencial llevado a cabo por la enfermera, que para intentar arreglar lo de Elisabeth se lanza a un intenso e íntimo monólogo en el que habla de ella misma. Es en ese relato donde lo existencial y los desequilibrios cobran presencia de un modo rotundo. El silencio de la actriz ayudará a Alma a expresarse. En su relato hay angustia, deseo y remordimientos. Las imposturas reflejan inautenticidad y la frialdad es una constante. El yo (unido a ese superyó freudiano censurador) y el ello se confrontarán y producirán una alteración. El pulso entre el deseo y un deber incómodo atormentará a Alma quien, no obstante, elegirá en ocasiones el camino con el que luego se sentirá culpable. Puede que el desdoblamiento surja por la presión sentida en la disputa interior, quién sabe, pero lo que sí puede creerse más fácilmente es que el conflicto provoca una reacción desestabilizadora que conllevará angustia y obsesiones de tipo moral. Esa angustia se percibe intensamente y de un modo fantasmagórico cuando observamos los primeros estadios del desdoblamiento de la personalidad; el miedo al mundo, a la crueldad del mundo, será insoportable y no se podrá escapar de él. Las dos mujeres se convertirán en una única persona. 



Las imágenes inconexas llenas de poder visual, a veces hipnóticas, nos bombardearán de un modo abrumador, pero sin ningún tipo de excesos (lo formal es equilibrado, curiosamente, tratando el tema que trata y de una elegancia absoluta, elegancia existencial se le podría llamar, primeros planos incluidos), igual que en ese inicio en el que se suceden las simbologías de connotaciones religiosas y en las que la presencia de la muerte no deja de incomodar; es también aquí donde se dejará caer que la propia filmación es una mascarada, una fantasía, una escisión de la realidad cuando se nos mete de lleno en sus entrañas y descubrimos aspectos técnicos que después en pantalla nos maravillarán, pero siempre recalcando que es una representación en la que se usan numerosos trucos, como en la vida, pero sin ser la vida misma. ¿Y qué decir sobre esos primeros planos ya mencionados? No sé, pero son distintos a cualquier primer plano de cualquier película que se nos ponga. Son grandiosos y están llenos de vida, pero no de esa vitalidad alegre de quien la ama y la disfruta con plenitud sino de dura existencia, expresan casi lo inexpresable por la dificultad que conllevaría intentarlo con palabras, esas palabras que, sin embargo, tan bien se expresan en el monólogo interior de Alma que oímos todos y que tanto sentido tienen, dolor incluido, o en las palabras de la, creo que era, directora del hospital referidas a Elisabeth. Y si a tales imágenes se les ayuda (que tampoco hacía falta) con una música de apariencia difícil, inestable, pero hermosa, confusa, impenetrable como la propia mente, mejor que mejor; porque esa música arrastra a las mil maravillas a un ambiente que oprime por la culpa y una existencia amarga en la que las mascaradas se sucederán y en la que ni la ternura de un hijo, y el amor que necesita de su madre, es suficiente para calmar el malestar provocado por el propio egoísmo, un interés que se resiste a renunciar a sí mismo y que, tal vez,  por un efecto rebote, obligue a odiar al propio hijo.

martes, 21 de mayo de 2013

La soledad del corredor de fondo/ Tony Richardson/ Gran Bretaña 1962



Me ha gustado mucho la frescura con la que retrata Tony Richardson, representante de la que se dio en llamar corriente Free Cinema inglés, el mundo de la juventud, la delincuencia, el futuro y la reinserción social.

Hay una alegoría interesantísima en el título. La soledad del corredor de fondo es correr sin una meta concreta, como dirán en el film, y eso podría estar diciendo algo así como que uno vive la vida sin planes, dejándose llevar, sin ataduras y responsabilidades que te anulen desde cualquier punto de vista : – laboralmente, socialmente, institucionalmente –. Colin Smith es el protagonista que se siente así y que no tiene ningún tipo de aspiración social que pase por lo que quieren los demás, ninguna meta a la que llegar, ningún camino parecido al que recorrió su padre tristemente (en su trabajo y con su mujer, la madre del chico), que lo deshumanice y lo haga ser un infeliz en cualquiera de los trabajos en los que lo normal es la explotación y las malas condiciones laborables, donde se consigue un poco de dinero cuando ya has estirado la pata y la empresa te “agradece” los servicios prestados.




 



Hay paralelismos entre este film y La Naranja Mecánica en cuanto a la educación y la reinserción de delincuentes, con diferentes tratamientos (en la Naranja Mecánica la violencia será extrema, y la “curación” también), pero con un fondo común, y tratando temas parecidos (la política conservadora y represora en muchos casos también aparece en ambos films).

El Estado y las instituciones que lo sustentan tienen una hoja de ruta para reconducir a los que consideran una plaga, por lo menos así lo creen algunos de los miembros responsables políticos que tienen el cometido de gestionar la política penitenciaria e interior de la Gran Gran Bretaña (no me he equivocado al repetir Gran). No se mira tanto al individuo y sí mucho el engranaje social y lo establecido. Las instituciones no se preguntan tanto ni se preocupan de las condiciones de esa juventud malparada, de sus vidas y de los problemas familiares que puedan tener. En la película hay una especie de amago terapéutico, bastante chistoso, al que quiere ser sometido Smith: un simulacro crítico con el reformatorio al que va a parar el chico por el robo de un dinero en una panadería ayudado por su amigo de correrías. En el centro hay cierta disciplina y la rebeldía de Smith no es tomada demasiado en serio cuando el director sabe de las dotes como corredor del muchacho. Este hecho es aprovechado por el director para su triunfo personal, para conseguir él, y su institución, un prestigio que parece ser el único motivo por el que le mueve ese interés y atenciones hacia la promesa atlética: una reinserción a la carta interesada e hipócrita. Alguien podría pensar que así también se le está ayudando al chico… pero es que resulta que el chico no quiere eso porque no quiere ser dirigido y que se aprovechen de sus aptitudes. El director pretende que la meta del chico sea alcanzada en primer lugar para su satisfacción. Cuando ve las posibilidades lo ayuda con privilegios y atenciones que no son muy bien vistas por algunos de los compañeros del reformatorio. Smith pasa por eso por su propia comodidad y para no pasarlo mal allí dentro, y más con una actitud desafiante que es reprochada al principio por el mismo director del reformatorio, para ver qué puede salir de ahí; pero en el fondo Colin aborrece que lo traten mejor que al resto por un interés egoísta, “patriotero”, hipócrita. En el muchacho prevalece un sentimiento que podría tener algo que ver con el anarquismo en cuanto a la negación de cualquier tipo de autoridad que dirija su vida, y con el socialismo en lo que él considera clasismo por poder económico. A Colin Smith lo consideraría un anarquista en Espíritu, vital, y un socialista en lo que tiene que ver con el pragmatismo político. 



La libertad del chico será experimentada de un modo intenso, sin importarle responsabilidades que lo hagan agachar la cabeza, aunque en momentos concretos su madre le recuerde que tiene que hacer algo de provecho. Su vida fuera del reformatorio, antes de su encierro, que en la película se retrata con flashbacks integrados perfectamente en la historia, de una fluidez digna de mención, maravillosa, trascurre entre las salidas con su amigo y dos chicas con las que están saliendo ambos, y una convivencia familiar en la que se dará perfecta cuenta de las miserias de la vida que viven todos, aunque él se entretenga de una forma divertida y descarada (el robar no le importará; mejor robar que trabajar y ser como el padre – recién fallecido –) en compañía de su amigo y las dos chicas a las que acaban de conocer, mujeres jóvenes, existencialmente desencantadas y con un futuro más que dudoso en cuanto a su felicidad.
 

 



El tono de la película es simpático, no así el fondo, más bien duro y dramático. Este hecho lo dará sobre todo el que haya momentos de picaresca, muy vitales, en los que nos damos cuenta de que los muchachos no son tan malos chicos, sólo producto de una educación y de una situación que no les va del todo, y de la que se ríen (momento en la que le quitan la voz de la televisión al político – creo que al primer ministro británico – y éste parece más un payaso que otra cosa hablando y gesticulando… y los tíos muriéndose de risa, mofándose de lo que representa ese hombre y las mentiras que suelta sin disimulo, descaradamente…). La relación que mantiene con las chicas (y su amigo) es natural, sana, típicamente juvenil, emocionante y con una dosis de locura divertida, pero sin reacciones o comportamientos salidos de madre o perniciosos. Hay buenos sentimientos, tiernos (entre las dos parejas) y camaradería (entre Colin y su colega).

En definitiva: una maravillosa película británica de los sesenta, muy recomendable y difícil de olvidar si se tiene la oportunidad de ver.

martes, 15 de enero de 2013

Tierra en trance/ Glauber Rocha/ Brasil 1967



El director brasileño Glauber Rocha nos vapulea con una reflexión trágica sobre la política, el poder y las necesidades de un pueblo que parece estar adormecido, un pueblo indolente al que le cuesta cobrar protagonismo en sus emergencias sociales de pobreza y desigualdad.
Hay un componente de desgracia en lo contado, de una profundidad considerable, de una poesía existencial que habla sobre el sufrimiento, sobre la necesidad de un cambio de conciencias para activar la acción política que permita la esperanza de un pueblo pisoteado, humillado por indeseables políticos corruptos capaces de lo que sea con tal de estar en la brecha, como será el caso del oscuro personaje de nombre Porfirio Díaz. Y todo contado excesivamente, de un modo simbólico, y en muchos momentos con una teatralidad que podría recordar a Fellini. Si a este exceso medio felliniano en alguna de sus formas se le añadiera lo ceremonialmente existencial que podría recordarnos a Igmar Bergman, el resultado sería Terra em transe, pero con toneladas de conciencia social, esa que pretende echar a un poder corrupto que va en contra del pueblo y a favor del capital más deshumanizado.


 


En otro tiempo el escritor y periodista Paulo Martins estuvo en la órbita del político Porfirio Díaz. Entre ellos surge una amistad engañosa, sobre todo para Paulo, aunque un tiempo después se corte de raíz. Los dos critican al pueblo, pero desde distintos enfoques. Al político el pueblo le asusta porque lo considera ambicioso y malo, vengativo, sin ninguna capacidad para emprender nada noble que ayude a la nación. La suya es una visión totalmente negativa, defensiva, en la que existe una autoridad que puede ejercerse sobre él por su inferioridad. La concepción en el presente del pueblo que tiene el protagonista, el librepensador y de tendencias anarco-revolucionarias, Paulo Martins es negativa, pero esperanzadora si prendiera la llama de la lucha y la conciencia, difícil eso en un pueblo ignorante y esclavo. Curiosamente la cultura y las ideas progresistas que querría Paulo para su pueblo vienen desde fuera, pero desde el extranjero también viene la explotación y el proceder corrupto.


 
Paulo desea formar parte de una élite política que se empapa de una cultura extranjera para “despertarse” y poder cambiar algo, como querría que ocurriese con su pueblo, pero se da cuenta de que ahí, en las alturas, existe algo peor que la ignorancia, más pútrido e indeseable... Él cree que el pueblo humilde está dormido, sin conciencia de lo que realmente le ocurre ni ideología que lo anime a la acción; aunque también cree que con un buen mensaje los dormidos se pueden despertar, la conciencia y las aspiraciones pueden cambiar. La religión que abraza el pueblo no es sino un impedimento para que sigan anestesiados. Paulo sentirá la indignación más profunda por una cultura religiosa que hace a la gente más sumisa; pero el escritor no quiere eso, quiere activistas, gente concienciada que anime a cambiar a los que aún no lo están. Es por este hecho, y haciendo un ejercicio de pragmatismo, como Paulo se une al proyecto del político populista, pero sincero (aunque a veces tenga flaquezas motivadas por presiones de poderosos políticos y empresarios), Vieira en la región de Eldorado, un hombre que pretende ayudar a los necesitados y devolverles la ilusión en un lugar en el que  Porfirio Díaz, junto a las ladronas multinacionales extranjeras,  es dueño y señor con su empresa  La explint, aliado en un último momento de “peligro” con otro empresario que se tenía por patriota y hombre de izquierdas, un individuo que pretendía competir con esas empresas extranjeras que arruinan al país, pero que a la hora de la verdad se deja comprar y se une a Díaz, o por miedo o por bajos principios morales (yo más bien creo que por este último motivo; me da que Julio Fuentes, que así se llama este empresario autóctono, se deja convencer porque es un corrupto)




Será con Vieira con el que habrá alguna posibilidad de cambio, un cambio con mensaje reivindicativo y progresista, por eso Paulo se une a él, con el incentivo de Sara, de la que está enamorado (una fiel colaboradora de Vieira).

Es triste como asesinan a un hombre que se atreve a decir la verdad de lo que pasa: que su familia pasa hambre y sus hijos se mueren, que la casa en la que viven los suyos es poco menos que una cabaña y que las tierras de las que habían vivido desde siempre se las quitarán ahora unos hombres que vienen desde fuera sin muchas ganas de solidarizarse con nadie. Y al pobre hombre, muerto y con la esposa llorándole entre sus brazos, se atreven a llamarle extremista los colaboradores y simpatizantes de los dueños de todo, incluso de sus vidas. ¡Increíble! Pero también terrible.



lunes, 8 de octubre de 2012

El hombre con rayos x en los ojos/ Roger Corman/ Estados Unidos 1963



Es serie B, sí, se ve que no hay mucho dinero para su realización y que los FX, por muy llamativos que sean, en una  época en la que probablemente nuestros padres se habrán quedado un tanto flipados si eran de ir a ver este tipo de pelis menos serias de lo acostumbrado, no dejan de tener ese punto cutre que resulta surrealista y espectacular al mismo tiempo (más si los vemos hoy).



Pero la película en otro sentido tiene un gran encanto y resulta de lo más interesante. Su narración es vigorosa, su atmósfera  pesimista, decadente (partes en la feria que es tratada como si de una variación de Freaks se tratara), oscura, trágica, un film que nos habla de lo que tantas otras películas de género fantástico, que se acerca al terror, han contado: la curiosidad por saber más, por el avance científico sin restricciones, y en ocasiones a ciegas, aunque el conocimiento proporcionado pueda traer consecuencias trágicas (La mosca). En ese terreno nos meteríamos de lleno en lo que se denominarían películas con científico loco. Y es que en El hombre con rayos x en los ojos, el Dr. James Xavier (se llama como yo, el tío  :-D) descubre algo que hace poder ver más allá, literalmente (aunque eso pueda ser una metáfora del conocimiento científico, del descubrimiento), de lo que el ojo humano puede percibir. La revolución del descubrimiento hará que Xavier, protagonizado por el gran actor galés, de presencia imponente, Ray Milland, continúe por un camino peligroso que lo cambiará como persona, encerrándose en sus conjeturas y huyendo de todo lo que tiene que ver con lo establecido y lo socialmente aceptable, ciencia académica incluida, con violencia incluso cuando se lleva por delante a un compañero médico como él que lo ayudaba en sus ensayos y que en ese momento trata de pararlo (su propia transformación tiene que ver en ello. Su descubrimiento actuará como una droga perjudicial a la larga, aunque sus efectos inmediatos sean asombrosos y se vean en ellos la posibilidad de cambiar para mejor la vida, la humanidad. Deseo demasiado megalómano para que resulte bien…).


Hay una chica en la historia que siente atracción por él, una doctora que supervisa su trabajo y la encargada de darle los informes a una junta que aprueba la financiación del estudio. La mujer se llama Diane Fairfax.
Cuando el Dr. Xavier realiza el experimento sobre sí mismo, para demostrar que ha descubierto algo importante y poder así seguir contando con el apoyo de la junta, su personalidad comienza a cambiar. Parece que su especial droga, poderosa, enigmática, llena de posibilidades, pero también de incertidumbre, lo está trastornando de algún modo. Es cuando acontece lo trágico cuando Xavier tiene que huir. Diane no lo retendrá y le urgirá a que escape… A partir de ahí la trama comenzará a cambiar, y de ser el Dr. James Xavier pasará a ser Mentallo, alguien abatido por el sufrimiento que le ha ocasionado su descubrimiento, pero que usará los todavía evidentes poderes para su provecho, y el de un rufián-pequeño empresario que querrá aprovecharse de él. Me encanta esta parte. Me parece tremendamente Lynchiana en su ambiente nebuloso, onírico, con aspectos, como dije antes, similares a los de la fascinante Freaks, de Tod Browning, en lo referente a lo que representa el personaje como monstruoso, extraño, alguien que produce temor por lo inhabitual y lo poco que se conoce por ese aislamiento autoimpuesto.
En esta parte la película se irá volviendo más mística, trascendente de algún modo por la significación que otros le darán a Mentallo, una importancia que no dejará de tener por sus poderes reales que usará para calmar el sufrimiento de la gente que recibe como si de un brujo se tratara. La gente cree en él y eso le dará esperanza. Esa podría ser la frontera entre el aspecto científico de la película y el religioso ya que esas personas, esos pacientes que lo visitan clandestinamente, ven en él alguien con poderes sobrenaturales, alguien que tiene que ver con lo religioso, cuando él en el fondo es un científico atrevido e inteligente, pero que ha elegido mal su camino. Esta especie de ironía me parece bastante interesante como la desarrolla Roger Corman… el final aleccionador nos dirá, como la moralina de un cuento, que no se deben sobrepasar ciertos límites que entrarían en un terreno vedado en el que sólo Dios tiene cabida. Alguien como Xavier sería un pecador que merece el castigo más cruel. El final es impactante y se puede estar más o menos de acuerdo con él en la idea que comunica (Ciencia  vs.Religión); pero viendo como se ha desarrollado la peli no deja de ser grandioso y lleno de sentido.


 


Por cierto, y para terminar, la chica, Diane, como lo quiere lo buscará para ayudarlo a pesar de que el hombre lo tenga bastante crudo. Un amor sin condiciones, un amor que, aunque no se desarrolla, porque no es lo principal a contar, denota compromiso y solidaridad con alguien que ha cometido un error y ya no tiene remedio. Diane es una gran mujer y un pequeño (o grande…eso tampoco lo tengo claro) consuelo para el martirio del Dr. Xavier.
La película tiene partes que han quedado anticuadas en muchos aspectos, pero siendo del año 63 hay que reconocerle su fuerza, su vigencia narrativa, su fascinante atmósfera. Un muy buen film del famoso director de películas de serie b Roger Corman.



jueves, 26 de julio de 2012

Pijama para dos/ Delbert Mann/ Estados Unidos 1961




Creo que la mayoría de los que lean esta pequeña reseña no van a estar muy en mi línea al hablar de esta conocida comedia protagonizada por Rock Hudson y Doris Day. En general la peli la ponen bastante bien en algunas de las webs a las que le he echado un vistazo. A mí no me gustó a pesar de haber alguna que otra escena simpática. No me parece una buena comedia, ni mucho menos, y a continuación diré brevemente por qué:

Percibo momentos wilderianos de comedia en las situaciones alocadas que se dan; sólo que en Billy Wilder se exageran de un modo convincente mientras que en la película de Delbert Mann (director, curiosamente, con títulos tan destacados como Mesas separadas o la también excelente Marty) se presentan de un modo entre ingenuo y surrealista.


En Wilder hay ingenio, chispa, locura, diversión y credibilidad dentro de lo que es la esencia del género, unido a unos diálogos que rebosan cinismo pícaro y agilidad. En Pijama para dos, sin embargo, lo que contemplamos no terminamos de creérnoslo en ningún momento por postizo, artificioso, de una ingenuidad (cosa que para nada le ocurre al cine de Billy Wilder, sino todo lo contrario) cercana al Disney de las películas no animadas, si somos suaves, o a Barrio Sésamo si nos ponemos más duros en nuestra crítica, repetitivo, alargando la engañifa hasta límites insospechados como una goma que se utiliza sin pudor alguno, y por ser muy, muy ñoño y bastante tonto lo que se nos cuenta y el modo en el que se hace. A mí esa fue la sensación que me ha producido esta popular comedia.



lunes, 28 de mayo de 2012

El reptil/ John Gilling/ Gran Bretaña 1966



Un hombre muere en extrañas circunstancias como consecuencia de lo que denominan muerte negra. Harry Spalding, hermano del fallecido Charles Spalding, viajará al remoto pueblo donde se ha encontrado el cadáver, acompañado de su esposa Valerie, para heredar la casa de su hermano. La llegada al lugar alarmará a los vecinos; éstos parecen esconder un inquietante secreto y mirarán al nuevo vecino con recelo. Los forasteros como Harry Spalding no son recibidos con amabilidad por temor a las consecuencias. Cualquiera de ellos podría ser el siguiente en ser presa de la mortal enfermedad que ha llevado bajo tierra al hermano de Harry, otro de entre muchos que han sucumbido a lo que allí consideran una maldición. Será únicamente el tabernero del pueblo el que ayude a Harry a esclarecer los sucesos que tienen lugar para así poder saber de qué murió su hermano. El barman será el único amigo que encuentre allí Harry, a excepción de un hombre que le saldrá una noche a su encuentro en un camino, Peter el loco, al que todos consideran eso mismo,  un pobre y simpático loco. Éste pondrá bajo alerta a Harry cuando éste lo invita a cenar a su casa en una escena que sobraba porque todos, más o menos, sabemos por donde irán los tiros, pero que resulta simpática por lo pintoresco del personaje y las formas que usa para hacerse entender por Harry y su mujer.




Y a partir de ahí nada destacable que añadir. Si al inicio, y durante el primer tramo de la película, el interés era evidente por la misteriosa muerte de Charles Spalding, por descubrir qué o quién la causó y por saber qué ocurría en el pueblo, pasados unos minutos de metraje el misterio no es tan misterioso y se va haciendo más y más repetitivo, el ritmo decae, volviéndose casi soporífero, nada coge nunca más de sorpresa, el misterio que tan buena atmósfera había creado en el inicio se disuelve como un azucarillo en el café y la trama no avanza a pesar de entrar en escena tres personajes que no resultan tan inquietantes a pesar de las pretensiones elevadas puestas en el asunto, y con los que se quería crear más incertidumbre y desazón, pero con los que no se consigue ni de lejos: el Dr. Frankyn, su joven hija Anna y el ayudante con aspecto oriental, pero no de chino sino más bien de hindú. 


Ahora sólo queda saber quién es el monstruo, algo con lo que la película de la Hammer juega simplonamente: ¿Es el Dr. Frankyn? ¿Es su hija? ¿O es el ayudante con mirada hipnótica que parece tener bajo su influencia maléfica al doctor y a su hija? No, demasiado evidente, el oriental no puede ser; en tal caso participa y ayuda al mal. Entonces, por eliminación, nos quedarían el doctor y su atractiva y misteriosa hija, una mujer que tiene una escena con un instrumento de cuerda musical oriental que nos hace sospechar que le ocurre algo… ¿Y qué va a ser? Pues lo que todos pensamos, tal cual…
Resumiendo, y antes de meterme en una comparación con Drácula: buen inicio, pero desafortunado desarrollo, de ritmo lento e insoportable y que pierde la magia de un ambiente nebuloso, esotérico, amenazante. La dirección y el montaje no aportan el encanto que muchas de la factoría Hammer tenían, haciéndose plano y bastante insípido, como si de un telefilm británico de misterio de primeros de los setenta se tratara.




Como sucedáneo de Drácula, pero no del todo afortunado, decir que aquí también hay mordeduras, transformaciones (quizás sea mejor decir metamorfosis), antítesis que producen destrucción o conservación: en Drácula el día y la noche, en El reptil el frío y el calor; también hay un personaje perturbado, un loco, que no queda claro del todo si lo es de verdad o no y que aportará verdades, aunque la gente no lo tome en serio; en Drácula, claro está, será el atormentado Renfield, en El reptil será el simpático Peter, el loco, con menos protagonismo que Renfield, eso sí, pero que ahí está. Hay unos vecinos, tanto en una como en otra película (sí, sé que Drácula es una novela y que hay muchas versiones cinematográfica), que reciben a los forasteros donde se producen los acontecimientos misteriosos con cierta hostilidad al creer que pueden traer más desgracias al lugar, y todo en el bar del pueblo (lugar social donde se juntan unos rudos y un tanto asilvestrados personajes poco amigos de lo que viene de fuera: Jonathan Harker en Drácula, Harry Spalding en El reptil); y hay un personaje maldito que llega a Inglaterra desde un lugar exótico y lejano: En Drácula, el conde, personaje que proviene de las tierras montañosas de Los Cárpatos, en el límite entre oriente y occidente, en El reptil el monstruo llegará desde tierras malayas.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

El carnaval de las almas/ Herk Harvey/ Estados Unidos 1962





Serie B que debería considerarse serie A, en mi opinión triple A ahora que está de moda con las inmorales agencias de calificación que no dejan ni respirar.
Esta película de terror es como si fuese una transición hacia la muerte, como si nuestra protagonista Mary Henry aún no se hubiese muerto del todo, pero esté en camino de hacerlo. Este fascinante film de 1962, que seguramente influyó enormemente en David Lynch, muestra ese camino.

Propuesta sugerente y atrevida en una resolución brillante, ingeniosa, hecha con una enorme soltura la que nos ofrece este director desconocido para mí, un tal Herk Harvey. Desconocía también la existencia de la protagonista, Candace Hilligoss,  una mujer de la que apenas se sabe nada (miré por Internet y de su biografía muy poco; tan sólo que trabajó en el teatro, hizo una producción en gira de placer idiota, con Nina Foch, trabajó en televisión y en el famoso club Copacabana de bailarina. Hizo tres películas, fue novelista y estuvo casada con el también actor Nicolas Coster, con el que tuvo dos hijos… ¡¡fascinante, como esta peli protagonizada por ella!!  ;-) ). La mujer, sin ser una gran intérprete, le sobra físico y erotismo, además de profesionalidad y saber estar; Candance podía haber salido sin ningún problema en cualquiera de las producciones de la factoría británica Hammer en donde las mujeres eran sensualmente fascinantes y provocaban en muchos espectadores tentaciones inconfesables.




La música la interpreta obsesivamente un órgano que muy bien podría ser el mismo que toca la protagonista en la iglesia en la que trabaja; es una música lúgubre, como de entierro, extraña, pero que le va como anillo al dedo.
Hay un accidente de coche en un puente colgante y un río que se traga a las pobres chicas que viajan dentro…unas horas más tarde Mary Henry, que iba en el coche siniestrado, aparecerá andando en un arenal a las orillas del río…


Apariciones extrañas que salen al paso de la chica y la confundirán como en un mal sueño, como ya he dicho: muy al estilo Lynch, una actitud extraña, hermética y fría que la hará aislarse de la gente, aunque un médico trate de ayudarla y se interese de su caso y un vecino de la casa de huéspedes en la que vive Mary también, aunque a su manera y sin ser su intención, haciéndola sentir una mujer deseada, tratando de ligársela, pero que se dará cuenta en “su momento” que a la mujer le ocurre algo extraño e inexplicable que no le gusta. El chico terminará marchándose de su lado y dejará a la mujer a su suerte, que no es buena, cuando ella más lo necesitaba, cuando buscaba su compañía para seguir sintiéndose parte de este mundo.

Por cierto, la peli es en blanco y negro. Lo digo por si os la encontráis coloreada y creéis que se hizo así… para nada, y la verdad es que con su fotografía original gana bastante más que con ella manipulada.



domingo, 11 de diciembre de 2011

El desprecio/ Jean- Luc Godard/ Francia 1963


Se está haciendo una película sobre La Odisea y el productor Jeremy Prokosh quiere cambiar la visión que se da de ella al creer no encajar en el mundo de hoy, queriendo hacer de Ulises un personaje diferente a como lo concibió Homero. Se trataría de una versión caprichosa en la que Prokosh, papel que interpreta el agresivo (aquí también, como no) Jack Palance, le propone al escritor Paul Javal que la adapte a lo que él quiere. Esto choca con la idea que el director de la película, y que ya ha rodado parte de ella, quiere darle al proyecto. El director, ¡¡sorpresa!! , es el mismísimo Fritz Lang. Nada de un actor interpretándolo, no, es el famoso director alemán interpretándose a sí mismo, ya mayor y que se nos presenta con una cabeza muy lúcida.


 

Todo esto es el contexto en el que está circunscrita esta gran película de Jean- Luc Goddard. La historia se centra esencialmente en la relación de Paul Javal, escritor de obras de teatro y encargado de hacer un guión adaptado al gusto del productor, con su mujer Camille, interpretada por la bellísima y muy sensual Brigitte Bardot. Es una historia especial, tremendamente lírica, romántica, pasional, que produce una gran tristeza por el cambio que se produce en Camille. La mujer pasará de amar a Paul  incondicionalmente a un sentimiento de desprecio hacia él de un día para otro, o mejor dicho: en un momento que es como un castigo caído del cielo por esos mismos dioses que aparecen en La Odisea y que castigan cuando desean a los que viven bajo su amenaza, dioses que ejercen su justicia divina con crueldad.


En la relación de Paul Javal con Camille hay ternura, complicidad, inseguridad, yo percibo ciertos celos, más por parte de la mujer que del escritor, crueldad, tanto de una parte y ejercida con violencia por el escritor en un momento determinado, como por parte de la chica con su frialdad e hipocresía, sobre todo cuando ella ya siente ese desprecio hacia él y aún no se lo ha confesado.

Al ver como se suceden los acontecimientos, descritos con una sencillez y poesía maravillosas, nos preguntamos lo que tanto enfurece y desorienta al protagonista: ¿por qué ha dejado de quererlo su mujer? ¿Por qué su sentimiento ha cambiado tan radicalmente pasando del amor a ese rechazo molesto en forma de desprecio? ¿Es una versión a la europea intelectualizada de La guerra de los Rose en la que se aprecia algo parecido de Bárbara en Camille?


Ella sólo le dice a Paul lo que sus actos expresan claramente, que ya no lo ama, pero no le explica por qué  ha comenzado a despreciarlo; su crueldad es manifiesta cuando le contesta, ante la insistencia de Paul para que le explique qué ha motivado el cambio, que nunca le dirá por qué ha pasado, que moriría con el secreto. ¿No es eso un castigo? Sí, lo es. En la película yo veo comportamientos de Paul que son muy criticables, como que le de una bofetada a la chica cuando se comporta tan fríamente con él, algo que por lo que dice ella no es la primera vez que ocurre. Ese hecho sería motivo para separase de él sin discusión, pero no sólo y, creo, principalmente es eso, hay más. La mujer se ha dado cuenta de que la idea que tenía de su esposo ha cambiado, ya no lo ve igual sino como a alguien extraño y ajeno a ella, aunque lo reconozca en muchas otras cosas que no tienen tanta importancia, es algo que la ha cogido de imprevisto, seguramente. Ese hecho ha provocado su cambio, pero no se conoce el motivo y eso no sólo provocará amargura y angustia en el escritor sino asombro y cierta crispación en los espectadores.


 

No creo que el motivo de su desprecio sea porque ella se haya enamorado de otro con el que flirtea en un momento dado. Eso podría ser un enamoramiento, una especie de flechazo, no se puede saber, sólo interpretar. Si fuera así, si Camille se hubiera enamorado de otro hombre, el hecho podría explicar que dejara de querer a Paul, no que comenzara a despreciarlo. Ese desconocimiento hace de la atmósfera de la película uno de sus mayores atractivos al pasarse de la ambigüedad a un conocimiento que constata una obviedad confesada por la mujer, pero que deja la otra duda, la importante, ahí dentro como un rescoldo lleno de dudas y culpabilidad.