Esta fue la película más cara realizada por Woody Allen hasta la fecha. El director John Watters tiene una pequeña
intervención; su bigote le recordó a Woody
Allen el utilizado por muchos hombres allá por los años 30, época en la que
se desarrolla Acordes y desacuerdos,
por eso le ofrece el pequeño papel al director de Hairspray. Al igual que su otra película, Zelig, estamos ante lo que
podía ser un falso documental, inspirado en parte en la vida del músico de jazz
Sydney Bechet.
Esta película de Woody
Allen podría interpretarse como un homenaje al Jazz, música por la que el
director neoyorkino siente una especial predilección hasta el punto de que él
mismo la toca con su famoso clarinete. Aquí el homenaje lo concreta en un
músico clásico de ese estilo, Django Reinhardt, uno de los mejores guitarristas
de todos los tiempos; además, según el propio Allen quiere homenajear la película de Federico Fellini, La
Strada El personaje protagonista, interpretado magistralmente,
por el actor Sean Penn, como viene
siendo habitual en su trayectoria más reciente, es un admirador incondicional
del gran Django, del que proclama ser el mejor guitarrista del mundo;
¡Bueno! Eso mismo dice de él mismo (también es guitarrista profesional, aunque
se gane la vida, además, de otras muchas maneras, algunas de las cuales caen en
lo surrealista tratándose de quien es en el mundo del Jazz), pero siempre
citando a ese “gitano francés” como ejemplo inalcanzable e idealizado,
como alguien que es admirado hasta el extremo de desmayarse delante de él, no
sólo al escucharlo tocar su guitarra sino también con su sola presencia.
Spoiler (No leer el spoiler en color azul para no descubrir partes de la
película)
Pero no sólo le causa admiración este gran guitarrista gitano de
Jazz a Sean Penn, le causa temor y rehúye de encontrárselo siempre
que puede hasta el extremo de salir por piernas de un local en el que va a
tocar y donde se entera que Django Reinhardt está presente. / Fin Spoiler (Ya se puede seguir leyendo sin
problema)
Esto podría ser interpretado
como inseguridad a pesar de que él mismo es un genio de la guitarra, una marca
personal que lo hace ser vanidoso hasta lo exaspesperante y muy hermético
emocionalmente.
El personaje que interpreta Sean Penn es un puro defecto en cuanto a
persona, pero es un genio tocando la guitarra; lo que tiene de buen
guitarrista lo tiene de mezquino, simple, egoísta, vanidoso, insensible,
caradura, etc; al menos eso es lo que parece y nos lo demuestra escena tras
escena; sin embargo da la sensación de que no es tan malo como puede parecer y
que muchas de las cosas que hace son pura pose de artista para vanagloriarse
aún más de su gran talento como músico.
Sean Penn vive para la música y solamente puede ser un verdadero amante de su guitarra…
Sean Penn vive para la música y solamente puede ser un verdadero amante de su guitarra…
Spoiler (No leer el sopiler en color azul para no descubrir partes de la
película)
aunque en una escena final la destroce dolido porque a una mujer
con la que está, y a la que lleva a matar ratas a un vertedero de basura (una
de sus diversiones excéntricas favoritas, además de ver pasar trenes por la
vía), no parece haberle entusiasmado la actuación que le brinda. / Fin Spoiler (Ya se puede seguir leyendo
sin problema)
Película simpática y granuja; muy bien ambientada en la época de los 30. La puesta en escena es magnífica y su estilo es genuinamente clásico,
aunque la historia tenga algo de surrealista en cuanto a los comportamientos y
excentricidades de los personajes, aquí sobre todo cuando Woody Allen se detiene en Sean
Penn o en Uma Thurman, algo que Allen hace a veces en sus películas-:
exagerar la personalidad y los comportamientos; me viene a la memoria ahora a Javier Bardem y su especial personalidad
en Vicky Cristina Barcelona, su ex,
en la misma película, Penélope Cruz o
Scarlett Johannson en la aburrida Scoop-







