Me sorprendió que un director como Ron Howard hiciese esta película en la mejor tradición del cine
político y de indagación periodística, un cine comprometido como el
de la clásica Todos los hombres del presidente. Todo lo que había visto hasta el momento de Howard habían sido películas comerciales
y bien facturadas, pero sin nada especial que las hiciera medianamente
interesantes, un cine sin fuerza ni intensidad y en ocasiones hasta aburrido
(era ahí cuando Howard fracasaba del
todo porque él sabe que lo que hace son películas comerciales, y que
aburra su cine es lo peor que se le podría decir)… películas en ese plan diría
una cuantas: un, dos, tres… splash
(qué ñoñez! Aunque con algún que otro momento divertido), Cocoon, Willow, Dulce hogar, a veces, Llamaradas, Cindirella man (ésta de las más conseguidas, aunque no llegue a
gran nota), etc.
Pero ahora se nos destapa con esta película intensa,
bien llevada, interesante, comprometida con los valores más liberales y
democráticos de los Estados Unidos, muy entretenida y con un guión estupendo en
el que el duelo entre el periodista británico Frost y el ex presidente Nixon
resulta apasionante; parece desigual al principio, pero la tenacidad y la
convicción del periodista lo salvará de una quema que parecía inevitable… con
los lobos te puede pasar eso si no tienes las armas adecuadas para combatirlos.




