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domingo, 20 de enero de 2013

Django desencadenado/ Quentin Tarantino/ Estados Unidos 2012



Tarantino vive de homenajes, ese es el hábitat natural en el que desarrolla su mejor cine. Creo que no sabría hacerlo de otro modo para que resultase igual de atractivo, aunque con una serie de matices que favorecen o perjudican el resultado final. En esta ocasión el homenaje es al spaguetti western, un género de gran afectación que se recrea en la violencia, uno de los aspectos que siempre ha tenido cabida en él. El que los protagonistas sean un negro que va a caballo, ¡ y lo que sorprende entre quienes lo ven! , y un alemán dentista de profesión, o al menos eso dice él, pero que ya no ejerce porque ahora se dedica a trabajar de cazarrecompensas, con la ayuda de Django, quien a su vez se convertirá en un gran pistolero cazarrecompesas cuando vaya aprendiendo el oficio en compañía de su compañero teutón, ayudará a que las constantes del género, y la violencia también, como no podía ser menos, se desarrollen sin ningún tipo de dificultad ni disimulo; Tarantino va a lo sencillo, aunque tunee (por lo de llamativo y extravagante) la propuesta con innumerable anecdotario tarantiniano (la carroza-odontológica es un ejemplo, o el traje que se pone Django para la representación que le sugiere su compañero y lo que viene a continuación en las tierras del personaje interpretado por Don Johnson, o mismo, y siguiendo con el protagonista de la popular serie ochentera Miami vice, la parodia que trata de ridiculizar al Ku Klux Klan, con las capuchas y los malos resultados en cuanto a la visibilidad que éstas ofrecen para actuar adecuadamente en la caza del negro, y el alemán que en este caso lo acompaña). Algunas veces la violencia en el spaguetti es ofrecida de un modo contundente, sin ninguna contemplación, salvaje incluso, otras con una chulería desacostumbrada, algunas otras alargando los tiempos y recreando un juego de la tensión que llega a desquiciar; en este caso el tratamiento del ritmo es fundamental. Tarantino sabe cómo manejar esos ritmos como nadie y en Django desencadenado ofrece una exhibición, algo que ya sabíamos de antemano y que es marca de la casa. Todos esos rasgos característicos del género del spaguetti western que tienen que ver con la violencia  los pone el director a disposición de una historia sin demasiado interés en cuanto al fondo, una historia con un mensaje en el que no hay mensaje, una historia violenta en la que, otra vez, tiene cabida la venganza y en la que vuelve a hacer alarde de su humor característico; sólo que en algunos de sus films dicho humor encaja casi como un guante, como la música, pero en otros sólo hasta un punto...como la música tan heterogénea que se siente, aunque bastante chula si la oyeses en una emisora de radio con cierto gusto...

Si el fondo no interesa y podría ser producto de una mente con infantilismo manifiesto (y lo digo sin falta de respeto, sólo intentando analizar lo que creo que es su cine), pero hecha por un adulto al que le fascina la violencia y que tiene su bagaje pseudointelectual, algo que no ayuda (¿o sí? Quién sabe) para hacer algo más serio o medianamente reflexivo, no ocurre lo mismo con las formas y su estructura narrativa, en la que tiene cabida un gran guión (aunque no llegue a la altura del de Pulp fiction), dosificado con un ritmo en el que Tarantino es una estrella que brilla como ninguna otra y en el que aparecen de vez en cuando unas imágenes preciosistas de un esteticismo asombroso, precisas y equilibradas hasta el más mínimo detalle, de una evidente fuerza en la puesta en escena y engrandecidas en todo lo que tiene que ver con lo visual, aunque se pueda entrever en no pocas ocasiones un posismo (No miréis en el diccionario de la RAE, no creo que aparezca) heredado del cine que más le gusta, que seguramente sea el que más le interese también (spaguetti incluido), y que no deja de ser sinónimo de antinaturalidad, de afectación, como ya comenté antes, pero que resulta y engancha casi, casi de un modo perverso.


En Django desencadenado Tarantino se vuelve a repetir. Sus películas son prácticamente copias con distintos formatos, o sea: de distingo género. Sus personajes son arquetipos, moldes de los que salen como rosquillas  facturadas para la diversión de sus incondicionales, pero que a mí, personalmente, comienzan a cansarme. La verborrea dialéctica de unos se repiten en otros, como su estilo o sentido del humor; hablan y razonan de la misma forma, se comportan de un modo parecido, son resueltos y duros, casi indestructibles, los que llevan a cabo la venganza habitual en sus diferentes modos, se parecen hasta el cansancio cogiendo rasgos de unos para trasladarlos a otros o compartiendo las mismas características. La primera, la segunda vez te llamaban la atención y te gustaban, te reías mucho, ahora ya te los sabes y no deja de haber cierta decepción, aunque no deje de asomar de vez en cuando una sonrisa o carcajada por un desenfado tan bestial. Lo mismo ocurre con el uso de la violencia en la que se recrea como si de un niño medio sádico se tratara (y sigo sin pretender faltarle al respeto), influenciado seguramente no sólo por su mentalidad poco madura sino por su cultura de videoclub friki-undergruond que no deja de tener su fascinación, pero con la que no se debería uno quedar tan sólo, eso es limitarse demasiado.




Y en cuanto al “abuso” de esas escenas que se alargan o se inflan como si de un súperchicle se tratara y en las que hay diálogos ingeniosos llenos de chispa y originalidad, decir que hay que tener virtudes de estilo y ritmo para que no desesperen tanto y te interesen hasta el final. A pesar de dicha reiteración tan conocida, Tarantino construye un micromundo en tales escenas, son como un algo aparte, llenas de matices, se recrea en su dialéctica, en la tensión y en el humor, en la atmósfera y el clímax que casi consiguen que nos salte el corazón de la caja torácica. Su pulso narrativo en tales escenas es firme, su descaro divertido, refrescante y gracioso, su ambiente de una densidad dramática que puede atenazar. Logra que nos sintamos dentro y suframos con los que no parece que estén en buena situación, los buenos, o con los que no se sabe la forma en la que acabará su vida, los menos buenos.




Me gustan muchas de las partes de Django desencadenado, brillantes, de una gran concepción cinematográfica, muestra de un gran talento para el cine; pero no me convence tanto la totalidad, el conjunto, por tanta heterogeneidad, como ya comenté antes en relación a la música que nos brida. Esta peli, como otras de su filmografía (algunas más que otras) son homenajes que a pesar de tener grandes aciertos, como el ritmo, tienen aspectos que le pesan, como el fondo de lo que cuenta o como quiere meter demasiado talento cinematográfico en algo a lo que le vendría bien más mesura y cohesión (creo que pedirle eso a Tarantino sería imposible y, a buen seguro, de ser así ya no sería Tarantino en su esencia).

Hay aclaración en mi segundo comentario que viene abajo (en negrita y cursiva). Gracias.

Estreno Cine 
 

viernes, 10 de septiembre de 2010

Malditos bastardos/ Quentin Tarantino/ Estados Unidos 2009



Si cogemos una película de serie B y la adornamos con diálogos dinámicos y divertidos, además de originales, unas situaciones cuanto menos sorprendentes, pero bien resueltas, y una realización desde el punto de vista técnico impecable, nos daríamos de bruces con algo parecido a Malditos bastardos. Para mí esta es una parodia de las películas bélicas de la segunda guerra mundial y del nazismo en tanto que se mofa de lo que fue el conflicto bélico que asoló al viejo continente a mediados del siglo pasado. A los nazis, dirigentes incluidos (también Hitler), los ridiculiza y los somete a situaciones humillantes, y esto lo hace, aún por encima, reinventándose la historia( ya sé, ya sé que esto no es un documental, me he enterado, y de que no hace falta ser fiel a la historia, cosa que los yankis hacen de maravilla: son especialistas; pero…). Tarantino podía haber realizado la misma historia con nombres inventados, por ejemplo un general nazi cualquiera; de esa manera me parecería menos descarada (¿pero por qué hará esa tontería?). A él parece darle todo igual y se salta a la torera las normas del sentido común y del buen gusto al mismo tiempo, como con la música, ¡increíble! Semejante música de Tarantino en una de sus pelis cuando era de las cosas que mejor hacía; pero es que esto no es Pulp fiction ni Reservoir dogs, y la banda sonora que le pone a Los bastardos te descoloca totalmente.




Si te dicen que esta película la hizo un judío muy resentido todavía con los alemanes te lo puedes creer perfectamente. Todos los alemanes son malos hasta la médula, además de tontos, de cabezas cuadradas en el sentido más peyorativo.

SPOILER (No leer el spoiler en color azul para no descubrir partes de la película)
Se podía esperar que el personaje interpretado por Daniel Brühl podría tener algo de bueno y que se desmarcaría de alguna forma del comportamiento que “todo buen alemán” debía demostrar. Me imaginé que al conocer a la chica propietaria del cine habría un canto de esperanza a la reconciliación, al entendimiento, y que de ahí podía salir una historia de amor simbólica; para mi sería un giro interesante, además de bonito-valga la cursilería-, pero no, Tarantino tenía claro que ningún alemán podía salvarse de la quema y el que parecía ser un hombre bueno, aunque en le bando equivocado, no era tal sino todo lo contrario. /FIN SPOILER (Ya se puede seguir leyendo sin problema)


Aparte de todo esto la película es bastante entretenida y tiene su gracia. Si le quitaras gran parte de la violencia made in Tarantino y le añadieras algo más de humor sería una comedia sobre la segunda guerra mundial cojonuda, una parodia estupenda, muy coñera y más con ese toque cutre que Tarantino eleva casi hasta la maestría (¿acaso no es coñero lo que pone la sinopsis del guión cuando lo lees, todo eso del grupo de judíos que van a cargarse nazis como si de pieles roja se tratara? Así es, aunque no se detenga demasiado en la proezas del grupito, pero daría igual, lo otro también tendría sustancia más que suficiente para hacer una comedia).
Malditos bastardos es un spaghetti bélico. La música, las situaciones exageradas, los primeros planos de miradas intensas, prácticamente todo es cogido de los spaghetti western; no es de extrañar que en recientes declaraciones Tarantino hubiera dicho que le apetecía hacer un western en Almería.




Esta no es una película que pueda definir como mala, ni mucho menos. Tiene ciertos valores que se agradecen y que este director domina a la perfección. El montaje es excelente, es divertida, arriesgada, tiene un estilo ecléctico excepcionalmente mezclado que es resultón y que funciona de manera muy amena, y los diálogos siguen siendo un de sus fuertes, a pesar de que en esta película son algo más pesados y se alargan más de la cuenta en comparación con los diálogos (por supuesto del mismo estilo, marca registrada Tarantino) que salen en su joya Pulp fiction.