Tarantino vive de homenajes, ese es el hábitat natural en
el que desarrolla su mejor cine. Creo que no sabría hacerlo de otro modo para
que resultase igual de atractivo, aunque con una serie de matices que favorecen
o perjudican el resultado final. En esta ocasión el homenaje es al spaguetti
western, un género de gran afectación que se recrea en la violencia, uno de los
aspectos que siempre ha tenido cabida en él. El que los protagonistas sean un
negro que va a caballo, ¡ y lo que sorprende entre quienes lo ven! , y un
alemán dentista de profesión, o al menos eso dice él, pero que ya no ejerce
porque ahora se dedica a trabajar de cazarrecompensas, con la ayuda de Django,
quien a su vez se convertirá en un gran pistolero cazarrecompesas cuando vaya
aprendiendo el oficio en compañía de su compañero teutón, ayudará a que las
constantes del género, y la violencia también, como no podía ser menos, se
desarrollen sin ningún tipo de dificultad ni disimulo; Tarantino va a lo
sencillo, aunque tunee (por lo de llamativo y extravagante) la propuesta con
innumerable anecdotario tarantiniano (la carroza-odontológica es un ejemplo, o
el traje que se pone Django para la representación que le sugiere su
compañero y lo que viene a continuación en las tierras del personaje
interpretado por Don Johnson, o mismo, y siguiendo con el protagonista
de la popular serie ochentera Miami vice,
la parodia que trata de ridiculizar al Ku Klux Klan, con las capuchas y los malos
resultados en cuanto a la visibilidad que éstas ofrecen para actuar
adecuadamente en la caza del negro, y el alemán que en este caso lo acompaña).
Algunas veces la violencia en el spaguetti es ofrecida de un modo contundente,
sin ninguna contemplación, salvaje incluso, otras con una chulería
desacostumbrada, algunas otras alargando los tiempos y recreando un juego de la
tensión que llega a desquiciar; en este caso el tratamiento del ritmo es
fundamental. Tarantino sabe cómo manejar esos ritmos como nadie y en Django desencadenado ofrece una exhibición, algo
que ya sabíamos de antemano y que es marca de la casa. Todos esos rasgos
característicos del género del spaguetti western que tienen que ver con la
violencia los pone el director a disposición
de una historia sin demasiado interés en cuanto al fondo, una historia con un
mensaje en el que no hay mensaje, una historia violenta en la que, otra vez,
tiene cabida la venganza y en la que vuelve a hacer alarde
de su humor característico; sólo que en algunos de sus films dicho humor encaja
casi como un guante, como la música, pero en otros sólo hasta un punto...como
la música tan heterogénea que se siente, aunque bastante chula si la oyeses en
una emisora de radio con cierto gusto...
Si el fondo no interesa y podría ser producto de
una mente con infantilismo manifiesto (y lo digo sin falta de respeto, sólo
intentando analizar lo que creo que es su cine), pero hecha por un adulto al
que le fascina la violencia y que tiene su bagaje pseudointelectual, algo que no
ayuda (¿o sí? Quién sabe) para hacer algo más serio o medianamente reflexivo,
no ocurre lo mismo con las formas y su estructura narrativa, en la que tiene
cabida un gran guión (aunque no llegue a la altura del de Pulp fiction), dosificado con un ritmo en el que Tarantino
es una estrella que brilla como ninguna otra y en el que aparecen de vez en
cuando unas imágenes preciosistas de un esteticismo asombroso, precisas y
equilibradas hasta el más mínimo detalle, de una evidente fuerza en la puesta
en escena y engrandecidas en todo lo que tiene que ver con lo visual, aunque se
pueda entrever en no pocas ocasiones un posismo (No miréis en el diccionario de
la RAE, no creo que aparezca) heredado del cine que más le gusta, que
seguramente sea el que más le interese también (spaguetti incluido), y que no
deja de ser sinónimo de antinaturalidad, de afectación, como ya comenté antes,
pero que resulta y engancha casi, casi de un modo perverso.
En Django desencadenado Tarantino se
vuelve a repetir. Sus películas son prácticamente copias con distintos
formatos, o sea: de distingo género. Sus personajes son arquetipos, moldes de
los que salen como rosquillas facturadas
para la diversión de sus incondicionales, pero que a mí, personalmente,
comienzan a cansarme. La verborrea dialéctica de unos se repiten en otros, como
su estilo o sentido del humor; hablan y razonan de la misma forma, se comportan
de un modo parecido, son resueltos y duros, casi indestructibles, los que
llevan a cabo la venganza habitual en sus diferentes modos, se parecen hasta el
cansancio cogiendo rasgos de unos para trasladarlos a otros o compartiendo las
mismas características. La primera, la segunda vez te llamaban la atención y te
gustaban, te reías mucho, ahora ya te los sabes y no deja de haber cierta
decepción, aunque no deje de asomar de vez en cuando una sonrisa o carcajada
por un desenfado tan bestial. Lo mismo ocurre con el uso de la violencia en la
que se recrea como si de un niño medio sádico se tratara (y sigo sin pretender
faltarle al respeto), influenciado seguramente no sólo por su mentalidad poco
madura sino por su cultura de videoclub friki-undergruond que no deja de tener
su fascinación, pero con la que no se debería uno quedar tan sólo, eso es
limitarse demasiado.
Y en cuanto al “abuso” de esas escenas que se
alargan o se inflan como si de un súperchicle se tratara y en las que hay
diálogos ingeniosos llenos de chispa y originalidad, decir que hay que tener
virtudes de estilo y ritmo para que no desesperen tanto y te interesen hasta el
final. A pesar de dicha reiteración tan conocida, Tarantino construye un
micromundo en tales escenas, son como un algo aparte, llenas de matices, se
recrea en su dialéctica, en la tensión y en el humor, en la atmósfera y el
clímax que casi consiguen que nos salte el corazón de la caja torácica. Su
pulso narrativo en tales escenas es firme, su descaro divertido, refrescante y
gracioso, su ambiente de una densidad dramática que puede atenazar. Logra que
nos sintamos dentro y suframos con los que no parece que estén en buena
situación, los buenos, o con los que no se sabe la forma en la que acabará su
vida, los menos buenos.
Me gustan muchas de las partes de Django
desencadenado, brillantes, de una gran concepción cinematográfica, muestra
de un gran talento para el cine; pero no me convence tanto la totalidad, el
conjunto, por tanta heterogeneidad, como ya comenté antes en relación a la
música que nos brida. Esta peli, como otras de su filmografía (algunas más que
otras) son homenajes que a pesar de tener grandes aciertos, como el ritmo,
tienen aspectos que le pesan, como el fondo de lo que cuenta o como quiere
meter demasiado talento cinematográfico en algo a lo que le vendría bien más
mesura y cohesión (creo que pedirle eso a Tarantino sería imposible y, a
buen seguro, de ser así ya no sería Tarantino en su esencia).
Hay aclaración en mi segundo comentario que viene abajo (en negrita y cursiva). Gracias.
Estreno Cine
Hay aclaración en mi segundo comentario que viene abajo (en negrita y cursiva). Gracias.
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