Comedia del hilarante Danny DeVito con un esforzado Ben Stiller (sabía que DeVito era alguien importante en la
comedia norteamericana, con la joya La
guerra de los Rose como abanderada de un cine desvergonzado y con su acidez,
dependiendo su grado si era el de la ya mencionada y algo nostálgica La guerra de los Rose o la más
descarada y gamberra Tira a mamá del tren) y una dulce y más que
comprensiva Drew Barrymore, que se
irá transformando gradualmente a lo largo de la película en una desquiciada, al
igual que su marido Alex -Ben Stiller -, y con unas tendencias
lógicas homicidas que vuelven a coincidir con las de su marido.
El cine de Danny DeVito se
encasillaría dentro del género de la comedia negra, con aspectos misóginos
mezclados con egoísmo que justificarían el odio y los comportamientos violentos
de algunos de los personajes.
El contraste entre estos dos géneros tan contrapuestos (comedia pura y dura, y cine de terror) dan juego a la hora de crear situaciones grotescas, gamberras, a veces surrealistas, pero también entrañables al juntarse todo tipo de sentimientos, los más perversos y negativos con los mejores, algo que hará sentir más cercanía y entender mejor el comportamiento de cualquiera de los personajes que se deciden (o no, aunque estén a punto) a actuar tan vilmente, pero que en el momento justo de tener que actuar se desprenden de ese diablo que cualquiera de nosotros llevamos dentro para sacar el aspecto más humano de uno mismo.
El contraste entre estos dos géneros tan contrapuestos (comedia pura y dura, y cine de terror) dan juego a la hora de crear situaciones grotescas, gamberras, a veces surrealistas, pero también entrañables al juntarse todo tipo de sentimientos, los más perversos y negativos con los mejores, algo que hará sentir más cercanía y entender mejor el comportamiento de cualquiera de los personajes que se deciden (o no, aunque estén a punto) a actuar tan vilmente, pero que en el momento justo de tener que actuar se desprenden de ese diablo que cualquiera de nosotros llevamos dentro para sacar el aspecto más humano de uno mismo.
Otras comedias de este tipo, y con señoras de una cierta
edad haciendo maldades o chafando los planes de otros (como sucede en Duplex, o en Tira a Mamá del Tren), ha habido a lo largo de la historia del cine;
recuérdese sino Arsénico por compasión,
o la más reciente Ladykillers, de los Coen, con un Tom Hanks
absolutamente desternillante en su verborrea intelectualizada.
En Duplex las situaciones no llegan
a ser tan redondas como en La guerra de
los Rose. Es más sal gruesa y caras de Ben
Stiller que otra cosa; éste está intensísimo en algunos planos, con
expresiones que ni el mismísimo Jim
Carrey conseguiría (éste exageraría mucho más, seguramente, pero no
lograría ni la gracia ni la simpatía que desprende Stiller, aunque en esta peli también exagere lo suyo). Y estas
situaciones que van a más se mezclan con algo de humor escatológico (muy del
agrado del cine comercial de comedias actuales y, por ejemplo, de los Farrelly, pero éstos utilizándolo con
más descaro y sin cortarse absolutamente nada) y disparate un tanto
contenido (ni el disparate de los Farrelly
ni la elegancia e hipocresía que se vio en La
guerra de los Rose)





