Pocos años antes de realizar su película más conocida, Paseando
a Miss Daisy, no tan mala ni aburrida como pudiera sospechar
mucha gente (preferí verla para opinar con criterio y no prejuzgar algo que
creí sería un peñazo, pero que al final no lo fue, ni mucho menos), el director
Bruce Beresford hizo una película
histórica que ni tan siquiera sale en algunas de las filmografías del director
que hay en la red a pesar de ser protagonizada por una estrella del calibre de Richard Gere; y es que ésta es una de
sus películas menos conocidas, pero, para mi, una de las más destacables
del actor, y digo una de ellas porque tiene una cuantas muy buenas, por lo
menos para el que escribe esto.
Gere ya se había
convertido en una estrella y muchos directores importantes comenzaban a
rifárselo; el actor decidió hacer algo diferente a todo lo que había hecho
antes, embarcándose en una película histórica de connotaciones bíblicas, la
historia universalmente conocida del Rey David,
de su victoria sobre el gigante Goliat,
de su conflicto entre él, el elegido por
Yahveh para heredar el trono de los israelitas, y Saúl, un rey ya casi anciano,
violento y atormentado por no contar ya con el favor de Dios representado en la
tierra por el profeta Samuel.
Los celos de Saúl hacia el que debía
ser su hijo adoptivo provocarán una ira y odios intempestivos que llevarán al
actual rey a intentar matar a David
para sacarse el peso de encima de su creciente carisma y para demostrarle a
todos, Dios incluido, que él no era el elegido como habían querido demostrar
los profetas. David lo quiere, y
cuando sabe de los planes del despótico Saúl, huye desconsolado por el cambio
que se produce en el viejo rey. David
tiene la ocasión de matarlo cuando lo persigue, pero el amor hacia él es más
fuerte que el resentimiento por lo que le quiere hacer tan injustamente; su
corazón es puro y es un hombre valiente que hará todo lo que sea por su pueblo;
Dios se ha fijado en él y lo ha elegido a pesar de que otros, en principio,
serían candidatos más idóneos. David siempre
fue un pastor y nunca estuvo acostumbrado al manejo de las armas ni al arte de
la guerra; era extraño que Yahvé se
hubiera fijado en un chico que parecía tener pocas de las características que
se necesitaban para convertirse en el nuevo rey de Israel.
Estamos en un mundo de guerras entre pueblos y conquistas épicas. Muchos
hombres temen que David no pueda llevar
a los suyos a la gloria de la victoria; creen (no como Saúl que lo hacía por envidia y el consiguiente odio) que la
elección del profeta Samuel no ha
sido la acertada y no saben a quien echarle la culpa; en esto influye el hecho
de que Saúl lo haya repudiado y
condenado. El pueblo prefiere pensar que el fallo pudiera ser más cosa de profetas
que de Dios, así se sienten más protegidos. Pero ellos no caen en la cuenta de
que lo primero que mira Yahvé es el
interior, el corazón del hombre, y si el de David
es el más puro, éste podrá llevar al pueblo hebreo al mejor destino.
Es por todo esto por lo que la película es histórica y de corte bíblico (antiguo testamento). La recreación de este mundo es vigorosa, terrenal tocando casi lo agreste (los paisajes de tierra santa son desérticos y el clima es muy duro por el calor), indómita, hay momentos en los que parecieras estar en alguna de las escenas de Edipo Rey, de Pierre Paolo Pasolini, sobre todo en lo que toca a esa sobriedad y fuerza de las imágenes y en los paisajes acordes con ese realismo. La sencillez de sus propuestas de estilo es homogénea y por momentos creemos estar viendo un documental de un pueblo cualquiera de un país árabe y de algunas de sus costumbres.
En Rey David contemplamos también la
renuncia de un padre hacia su hijo (muy amado también) por Dios; el corazón del
hombre entra a veces en conflicto con la ley de Yahvé y a pesar de elegir la ley, David se atormenta al no entender que no se pueda hacer caso al
corazón y sí a una ley cruel e injusta por muy divina que sea. Él fue elegido
por su corazón puro y no sabe por qué no puede hacerle caso en ocasiones que tienen
que ver con lo que más le importa, en este caso su muy amado y
primogénito hijo Absalom, condenado
por incumplir la ley de Dios, pero injustamente castigado según su padre y rey
de Israel.
Película histórica con ingredientes religiosos y batallas bastante elocuentes muy bien rodadas, al viejo estilo, muy clásicas, inconfundibles, con una puesta en escena muy efectiva y resuelta. No son demasiadas las batallas que aparecen, aunque sea cierto que dejan un regusto de que se ha disfrutado de lo que se ha visto y de que el ritmo y la intensidad están muy bien conseguidos.





