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martes, 15 de enero de 2013

Tierra en trance/ Glauber Rocha/ Brasil 1967



El director brasileño Glauber Rocha nos vapulea con una reflexión trágica sobre la política, el poder y las necesidades de un pueblo que parece estar adormecido, un pueblo indolente al que le cuesta cobrar protagonismo en sus emergencias sociales de pobreza y desigualdad.
Hay un componente de desgracia en lo contado, de una profundidad considerable, de una poesía existencial que habla sobre el sufrimiento, sobre la necesidad de un cambio de conciencias para activar la acción política que permita la esperanza de un pueblo pisoteado, humillado por indeseables políticos corruptos capaces de lo que sea con tal de estar en la brecha, como será el caso del oscuro personaje de nombre Porfirio Díaz. Y todo contado excesivamente, de un modo simbólico, y en muchos momentos con una teatralidad que podría recordar a Fellini. Si a este exceso medio felliniano en alguna de sus formas se le añadiera lo ceremonialmente existencial que podría recordarnos a Igmar Bergman, el resultado sería Terra em transe, pero con toneladas de conciencia social, esa que pretende echar a un poder corrupto que va en contra del pueblo y a favor del capital más deshumanizado.


 


En otro tiempo el escritor y periodista Paulo Martins estuvo en la órbita del político Porfirio Díaz. Entre ellos surge una amistad engañosa, sobre todo para Paulo, aunque un tiempo después se corte de raíz. Los dos critican al pueblo, pero desde distintos enfoques. Al político el pueblo le asusta porque lo considera ambicioso y malo, vengativo, sin ninguna capacidad para emprender nada noble que ayude a la nación. La suya es una visión totalmente negativa, defensiva, en la que existe una autoridad que puede ejercerse sobre él por su inferioridad. La concepción en el presente del pueblo que tiene el protagonista, el librepensador y de tendencias anarco-revolucionarias, Paulo Martins es negativa, pero esperanzadora si prendiera la llama de la lucha y la conciencia, difícil eso en un pueblo ignorante y esclavo. Curiosamente la cultura y las ideas progresistas que querría Paulo para su pueblo vienen desde fuera, pero desde el extranjero también viene la explotación y el proceder corrupto.


 
Paulo desea formar parte de una élite política que se empapa de una cultura extranjera para “despertarse” y poder cambiar algo, como querría que ocurriese con su pueblo, pero se da cuenta de que ahí, en las alturas, existe algo peor que la ignorancia, más pútrido e indeseable... Él cree que el pueblo humilde está dormido, sin conciencia de lo que realmente le ocurre ni ideología que lo anime a la acción; aunque también cree que con un buen mensaje los dormidos se pueden despertar, la conciencia y las aspiraciones pueden cambiar. La religión que abraza el pueblo no es sino un impedimento para que sigan anestesiados. Paulo sentirá la indignación más profunda por una cultura religiosa que hace a la gente más sumisa; pero el escritor no quiere eso, quiere activistas, gente concienciada que anime a cambiar a los que aún no lo están. Es por este hecho, y haciendo un ejercicio de pragmatismo, como Paulo se une al proyecto del político populista, pero sincero (aunque a veces tenga flaquezas motivadas por presiones de poderosos políticos y empresarios), Vieira en la región de Eldorado, un hombre que pretende ayudar a los necesitados y devolverles la ilusión en un lugar en el que  Porfirio Díaz, junto a las ladronas multinacionales extranjeras,  es dueño y señor con su empresa  La explint, aliado en un último momento de “peligro” con otro empresario que se tenía por patriota y hombre de izquierdas, un individuo que pretendía competir con esas empresas extranjeras que arruinan al país, pero que a la hora de la verdad se deja comprar y se une a Díaz, o por miedo o por bajos principios morales (yo más bien creo que por este último motivo; me da que Julio Fuentes, que así se llama este empresario autóctono, se deja convencer porque es un corrupto)




Será con Vieira con el que habrá alguna posibilidad de cambio, un cambio con mensaje reivindicativo y progresista, por eso Paulo se une a él, con el incentivo de Sara, de la que está enamorado (una fiel colaboradora de Vieira).

Es triste como asesinan a un hombre que se atreve a decir la verdad de lo que pasa: que su familia pasa hambre y sus hijos se mueren, que la casa en la que viven los suyos es poco menos que una cabaña y que las tierras de las que habían vivido desde siempre se las quitarán ahora unos hombres que vienen desde fuera sin muchas ganas de solidarizarse con nadie. Y al pobre hombre, muerto y con la esposa llorándole entre sus brazos, se atreven a llamarle extremista los colaboradores y simpatizantes de los dueños de todo, incluso de sus vidas. ¡Increíble! Pero también terrible.



martes, 8 de enero de 2013

Duplex/ Danny DeVito/ Estados Unidos 2003





Comedia del hilarante Danny DeVito con un esforzado Ben Stiller (sabía que DeVito era alguien importante en la comedia norteamericana, con la  joya La guerra de los Rose como abanderada de un cine desvergonzado y con su acidez, dependiendo su grado si era el de la ya mencionada y algo nostálgica La guerra de los Rose o la más descarada y gamberra Tira a mamá del tren) y una dulce y más que comprensiva Drew Barrymore, que se irá transformando gradualmente a lo largo de la película en una desquiciada, al igual que su marido Alex -Ben Stiller -, y con unas tendencias lógicas homicidas que vuelven a coincidir con las de su marido.


El cine de Danny DeVito se encasillaría dentro del género de la comedia negra, con aspectos misóginos mezclados con egoísmo que justificarían el odio y los comportamientos violentos de algunos de los personajes.
El contraste entre estos dos géneros tan contrapuestos (comedia pura y dura, y cine de terror) dan juego a la hora de crear situaciones grotescas, gamberras, a veces surrealistas, pero también entrañables al juntarse todo tipo de sentimientos, los más perversos y negativos con los mejores, algo que hará sentir más cercanía y entender mejor el comportamiento de cualquiera de los personajes que se deciden (o no, aunque estén a punto) a actuar tan vilmente, pero que en el momento justo de tener que actuar se desprenden de ese diablo que cualquiera de nosotros llevamos dentro para sacar el aspecto más humano de uno mismo. 





Otras comedias de este tipo, y con señoras de una cierta edad haciendo maldades o chafando los planes de otros (como sucede en Duplex, o en Tira a Mamá del Tren), ha habido a lo largo de la historia del cine; recuérdese sino Arsénico por compasión, o la más reciente Ladykillers, de los Coen, con un Tom Hanks absolutamente desternillante en su verborrea intelectualizada.


En Duplex las situaciones no llegan a ser tan redondas como en La guerra de los Rose. Es más sal gruesa y caras de Ben Stiller que otra cosa; éste está intensísimo en algunos planos, con expresiones que ni el mismísimo Jim Carrey conseguiría (éste exageraría mucho más, seguramente, pero no lograría ni la gracia ni la simpatía que desprende Stiller, aunque en esta peli también exagere lo suyo). Y estas situaciones que van a más se mezclan con algo de humor escatológico (muy del agrado del cine comercial de comedias actuales y, por ejemplo, de los Farrelly, pero éstos utilizándolo con más descaro y sin cortarse absolutamente nada) y disparate un tanto contenido (ni el disparate de los Farrelly ni la elegancia e hipocresía que se vio en La guerra de los Rose)

jueves, 3 de enero de 2013

El demonio de los celos/ Ettore Scola/ Italia 1970

 

En esta comedia de Ettore Scola, Marcelo Mastroiani está de un gracioso subido no sólo por lo que hace, las situaciones a las que se enfrenta y el modo de acometerlas, sino por esa pinta tan desaliñada y de un bohemio-proletario que llama la atención (el hombre es del Partido Comunista Italiano). Mónica Vitti es una buena partenaire, que hace perder los papeles a Oreste (Marcelo) a causa de unos celos más que justificados provocados por ella y por otro hombre que trabaja en una pizzería y en el que se ha fijado la mujer, en una relación triangular muy made in Italia llena de pasión, humor y surrealismo.



El estilo de esta simpatiquísima comedia, y alguno de los temas que toca, podría recordar películas españolas del mismo género hechas durante el franquismo en las que gente como Paco Martínez Soria Alfredo Landa eran iconos populares con los que nos reíamos (algunos más que otros), salvo en una diferencia sustancial, importante: la de Scola tiene ingenio a raudales y se ve sin que rasque en momento alguno, o al menos sin que lo haga de modo alarmante, sobre todo cuando en alguna que otra ocasión asoma la exageración más pintoresca de un país latino y mediterráneo (similar a España en tal sentido, sobre todo a la España mediterránea y del sur) en el que los sentimientos son como estallidos de pasión poco disimulada, y en donde el humor sustituye a lo trágico que pudiese traer un romanticismo con unos conflictos que no por ser tratados con poca seriedad dejan de tener su trascendencia al retratar hechos universalmente reconocibles que algunos de nosotros, de un modo u otro, hemos experimentado.



Scola pone a sus personajes en situaciones al límite del aguante emocional y los enmarca no sólo en escenarios poco ideales, o anti ideales, trasgrediendo conceptos de lo que se supone es una relación amorosa, como merendar en un vertedero de basura (algo que no es precisamente el súmmum del refinamiento), sino también en situaciones en las que mantener la normalidad es poco menos que imposible.


En definitiva: comedia italiana de un director especial, un gran director, que sabe lo que tiene entre manos y lo explota como pocos. Surrealismo divertido, alocado, pícaro y tierno al mismo tiempo, trágico, pero lleno de ironía y humor, y con la maravillosa excentricidad de unos personajes que la llevan (sobre todo Oreste) hasta sus últimas consecuencias.
 

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Clarice Starling



El recuerdo de su padre muerto en servicio es constante. Él trabajaba de policía, como lo quiere hacer ella ahora, y era todo su mundo. Su madre muere cuando era todavía muy pequeña. A partir de entonces  se encuentra sola, y una gran añoranza por el padre muerto la acompaña. Unos primos se encargarán de su cuidado en la granja en la que viven. Allí tendrá una experiencia que la volverá a marcar. El recuerdo de los gritos de los pequeños corderos cuando los sacrifican aún los escucha muchas noches en pesadillas cuando se despierta empapada en sudor.


Clarice Starling es todavía una alumna que quiere conseguir su placa. En la academia se aprecia su duro trabajo, su dedicación, su entrega para conseguir ser como su padre: una buena policía. Ella tiene madera, no por cualquier golpe de suerte está entre los primeros del curso que hace y es la elegida para hablar con Hannibal Lecter en el psiquiátrico en el que lo tienen encerrado para intentar sonsacarle y conseguir toda la información que pueda acerca del asesino en serie al que llaman Buffalo Bill. Hannibal es un psiquiatra y un asesino psicópata, pero es muy inteligente y tiene un código de conducta claro. Él puede ayudar a la chica porque cree saber quien es Buffalo Bill. La ayuda no será a cambio de nada. En principio querrá conseguir que lo saquen del lugar en el que lo tienen confinado para trasladarlo a otro mejor, sin la mezquina y molesta compañía del director de la cárcel – psiquiátrico, después vendrán algunos privilegios si sus aportes ayudan en la detención del asesino en serie. Pero lo prometido a Hannibal sólo será un truco, y cuando lo sabe sólo mantendrá la ayuda si Clarice le cuenta sus recuerdos, todo lo que quiera saber. Su curiosidad es como una diversión ante una mujer que le cae bien y la encuentra interesante, un entretenimiento que lo aleja de la monotonía del encierro, por eso colaborará para coger a Buffalo Bill; Clarice lo ayudará únicamente por el trabajo, para conseguir que hable de un asesino de mujeres que había sido tratado por Hannibal en el pasado.



Clarice es una mujer joven, atractiva y con la ilusión de conseguir tener éxito en su profesión. De ser así, su padre estaría orgulloso. Su amabilidad juega a favor, y la calma que mantiene cuando las situaciones no son agradables, o violentas, le hacen mantener siempre la compostura (tirada de tejos a la mujer del director psiquiátrico del centro donde tienen a Hannibal).

La mujer es astuta y tiene una gran capacidad de deducción, de ahí la madera que tiene para ser una buena detective. A todo ello se le une su persistencia. Ella hará todo lo que tenga que hacer para cumplir su cometido. Defraudar al padre, aunque ya no esté presente, sería como el propio fracaso de nuestra protagonista.



Aunque Hannibal dice de ella en uno de sus primeros encuentros que es una persona ambiciosa, esta afirmación no se puede conocer con certeza porque no hay nada claro que pueda corroborar tal afirmación. Ambición se puede intuir, pero la justa, una ambición nada negativa. 


El personaje en la película Hannibal, de Ridley Scott, protagonizada por la actriz Julianne Moore








Otra característica personal que la ayuda es la previsión que tiene de los acontecimientos que hace adelantarse a ellos para tener una respuesta satisfactoria cuando hay que actuar. El ser una mujer decidida, que mueve ficha cuando tiene que hacerlo, sin contemplaciones, es un complemento ideal, como lo es su valentía.






Clarice es agradecida con quien la ayuda, siempre que sepa estar en su sitio (en este caso en la cárcel. Cuando se escapa el agradecimiento está condicionado por el miedo – pero la llamada telefónica final de Hannibal, tranquilizándola de que no le hará ninguna “visita”, hará quitarle un peso de encima – y por la obligación de detenerlo si tiene la oportunidad), o con quien valora su trabajo, aunque no sea ella misma la que pueda cazar a Buffalo Bill (escena de su jefe en el avión agradeciéndole sus servicios cuando se desplaza al lugar en el que cree que se encuentra Buffalo Bill)

                                                            La escena de Clarice Starling:




                                                           Próximo personaje de película: 


Madame de Tourvel

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Las uvas de la ira/ John Ford/ Estados Unidos 1940



Esta fue la respuesta que dio John Ford (Cine para gourmets) a los problemas sociales que sufrieron muchos estadounidenses en la gran depresión surgida a partir del crack del 29. Esta gran película de tono realista recuerda al cine que se hizo en Italia a partir de la segunda gran guerra europea. El retrato que ofrece, sin embargo, no es tan duro (aunque sí lo suficiente) como el que se da en las películas neorrealistas a las que nos referimos ya que hay algo así como un lirismo de la pobreza que no se da en aquel cine italiano hecho por gente como Roberto Rossellini o Vittorio de Sica. En ese sentido el neorrealismo sería más descarnado, cruel, de una tristeza aún más desencantada,  de un naturalismo dramático que nos podría recordar lo que podría venir siendo un documentalismo exacerbado. No ocurrirá plenamente este hecho en la película Las uvas de la ira precisamente por ese barniz poético que existe, aunque siga habiendo mucho drama en su esencia y mucha crítica social en el mensaje.


 
 


La pobreza y el espíritu de superación, de salir adelante, es constante. Vemos gente de un lugar a otro, vagabundos sin rumbo, dando tumbos por no poder agarrarse a nada, o persiguiendo una ilusión en un momento desolador en el que vivir es un lujo y sobrevivir una necesidad, una obligación no sólo hacia ti sino hacia los tuyos.
Tom Joad acaba de salir de la cárcel; ¿su delito?: haber matado a un hombre en legítima defensa, otra injusticia más entre otras muchas que veremos en la película. Tras cuatro años de encierro sale en libertad condicional y se dirige a su hogar, a la casa en la que habita su familia. Pero el panorama que encuentra fuera es muy diferente al que había antes de ingresar en prisión, un panorama fantasmagórico. Ahora sólo encuentra a gente que no tiene nada, desposeída, desahuciada, sin futuro; la pobreza es como una nueva peste que cambia el paisaje de todo cuanto se contempla, un paisaje humano desolador, deprimente, injusto, un panorama en el que las grandes compañías y los bancos echan a la gente de sus casas sin parecer importarles lo que les espera. El viento se llevará todo; el concepto será una buena metáfora para explicar toda la pérdida que ha sufrido el pueblo, esa gente desprotegida por un capitalismo salvaje e inhumano que sólo quiere salvarse a sí mismo a costa suya (del pueblo llano)... ¿Civilización? ¿Progreso? ¿A costa de qué? ¿Qué tipo de progreso es el que va en contra del pueblo? La escena del derribo de la casa de madera con el tractor oruga es desoladora, trágica para el que la padece, transmite toda la impotencia que un hombre puede sentir.
Es de ese modo como empiezan los desplazados por la necesidad a cobrar el protagonismo que no quisieran tener. La gente se va hacia el Oeste, hacia California, la tierra dorada, la tierra prometida; pero no todos lo harán. Hay hombres y mujeres demasiado arraigados a su tierra y a su hogar como para marcharse, y a los que se llevan con engaños por ser demasiado viejos y empecinarse en su decisión, como abuelo Joad, no les quedará más que morirse por el camino porque al desahuciarlos ya han muerto de algún modo. 


La familia Joad se mantendrá unida y cada uno de ellos sentirá verdadero amor por el resto de sus miembros: lo más importante; hay pobreza, pero también hay amor para compensar tanta amargura; en su convivencia, no sólo entre ellos sino con la gente que se les une en el viaje, o con la que se cruzan, se apreciará todo el humanismo que puede haber en momentos tan difíciles en los que la solidaridad es patente y nos llega a emocionar; aunque no sólo sentiremos ese humanismo, sentiremos también injusticia e impotencia por tanta adversidad de los desheredados, de los protagonistas de la historia que nos cuenta John Ford basada en una novela del gran escritor norteamericano John Steinbeck.
Y en medio de todos, como pilar que estructura y estabiliza la familia, nos encontramos con Ma Joad, la matriarca, una mujer luchadora, resistente al desaliento, alguien que cuida de los suyos y que siente verdadero amor por ellos, una mujer sentimental que se entristece, por contraste, con unos recuerdos a los que se aferra cada vez que siente el peso de una abrumadora realidad, un pasado que la ayuda a seguir adelante, que la reconforta y le da fuerzas. Ma Joad tiene todo el coraje del mundo y siente orgullo de lo que es ella y su familia; es la argamasa de la familia, la que inspira confianza y hace que no desaparezca. Su solidaridad es manifiesta, y su calidez enternecedora. Ma Joad es pura bondad, sensible, justa y comprensiva, pero también es una estratega vital, una persona puramente planificadora, toda una mujer.




En el viaje hacia California de los Joad se contarán historias duras de desesperación, trágicas, de pobreza absoluta. La meta hará de acicate, dará cierta ilusión, esperanza, servirá para moverse, para no quedarse estancado y sin ningún futuro, y esto no sólo en sentido literal sino metafórico. El aguante del camión destartalado que los lleva es el aguante de los Joad. El camión seguirá adelante a pesar de parecer estar en las últimas, como parecen estarlo los Joad. Pero nuestros héroes no tendrán tan sólo esa resistencia necesaria para seguir y no caer más abajo, mantendrán esa dignidad que ya le han querido quitar cuando los desalojaron de su hogar, como a tantas otras familias, muchas de las cuales se han sentido humilladas por tal castigo.

El campamento al que van a parar las familias más necesitadas semeja al campamento de refugiados de cualquier guerra. Se trata de un ghetto de la marginalidad y la pobreza. No existe la alegría precisamente en un lugar como este. La tristeza está presente en cada habitante. Es triste e injusto y a cualquiera con un mínimo de sensibilidad se le achica el alma al contemplar tanta necesidad. Ver a esos niños hambrientos parados delante de los recién llegados, los Joad, esperando una limosna comestible para devorársela es descorazonador…


Cuando encuentran algo a lo que agarrarse, aunque muy precario, surgen los conflictos con los que tratan de explotar a los que buscan trabajo. En los campos de recogida de fruta se apreciará lo miserable de una gente aprovechada y sin ningún tipo de escrúpulo. Es entonces cuando aparecerán esos agitadores (también de conciencias) para que se produzca un cambio; alguien muy molesto para el poder económico establecido al que nadie le importa, tan sólo el mayor beneficio posible (como sigue ocurriendo hoy en día). Para unos los agitadores, ya hemos dicho, son un problema con el que se debería terminar cuanto antes, exterminar incluso, como así se hará en la película, para otros serán camaradas que luchan por lo suyo, por lo justo, por lo de todos los que se encuentran en su misma situación. Pero donde hay un agitador hay un esquirol  al que sólo le importa lo suyo, alguien que no piensa en el grupo y que no es sensible a sus necesidades, o si lo es, aunque sea mínimamente, podrá más su egoísmo y su miedo que una presumible empatía y solidaridad con los de su clase: compinches del poder sin ninguna, o muy poca, conciencia social… el polo opuesto del agitador…la huelga servirá para enfrentarse no sólo a las injusticias del sistema sino a las desigualdades tan abismales que éste produce. Lucha obrera pura y dura. Hacer frente a las salvajadas de un capitalismo cruel e inhumano, a las injusticias que produce el sistema, a la compañía que a penas paga por recoger fruta. La violencia no tardará en llegar contra los huelguistas y los que los apoyan. El conflicto entre éstos y la compañía salpicará a los Joad a causa de Tom,  personaje interpretado con gran personalidad y fuerza dramática contenida por Henry Fonda.




El final será un buen ejemplo de lo que debería ser una sociedad más justa e igualitaria en la que todos deberían tener su oportunidad. Un campamento del gobierno vendría significando lo que hoy en día se conocería como estado del bienestar en alguna de sus formas. Para los Joad algo que antes de conocer sería como una quimera, una utopía en medio de la necesidad más apremiante, un oasis en pleno desierto del Gobi.

-         ¿Y por qué no hay más de éstos? – preguntará un miembro de la familia Joad al representante del gobierno en el campamento.
-         No lo sé. Tendrá que averiguarlo usted mismo – le responderá el funcionario responsable.


Tom Joad representará al futuro agitador, alguien que querrá acabar con lo injustamente establecido y que se aprovecha vilmente de la situación económica surgida, aunque le cueste la vida. En la despedida de su madre quedará patente su intención.
Pero una frase de su madre, de Ma Joad, albergará esperanza en el futuro: “nosotros siempre saldremos adelante porque somos la gente”.


martes, 30 de octubre de 2012

No-Do/ Elio Quiroga/ España 2009






Mi colaboración a esta fiesta de Halloween será con una peli de terror patrio titulada No-Do que dirigió Elio Quiroga y protagonizó Ana Torrent y Francisco Boira.
Al final de la escalera, Terror en Amytiville, Los otros, la más reciente y también española El orfanato etc. Películas de casas que esconden misterios, eso que llaman películas de casas encantadas, para el desarrollo de una historia inquietante hay unas cuantas, algunas de ellas se parecen en el hecho de que la iglesia sea pilar importante de la trama para, tal vez, darle más verosimilitud o importancia, cosa que a mí personalmente me influye lo justo, aunque haya excepciones, como cuando la iglesia adquiere un protagonismo necesario y es parte consustancial de los acontecimientos, como ocurre en El exorcista (la cultura cristiana está demasiado enraizada en la sociedad, aún, aunque cada vez haya menos gente que practique sus liturgias, y la presencia significativa en estas historias de terror paranormal  de la institución religiosa hace meternos más en el asunto y darle, en teoría, más empaque, aunque eso sólo pueda convencer a algunos).


Esta No-Do se hace algo pelmazo y a penas consigue inquietar como debiera por su historia porque casi todo es previsible; el recurso ya repetido que agota un tanto es el siguiente: casa encantada> familia atormentada por sus misterios (con sus ramificaciones y singularidades)> iglesia y sus secretos que forman parte de una explicación, aunque no del todo racional sino paranormal.
Su dispersión, los efectismos innecesarios y repetitivos, su falta de fuerza que apenas inquieta hacen que la película vaya perdiendo tanto gas como interés a pesar de la buena utilización técnica de unas imágenes gestionadas con profesionalidad, pero sin un ápice de encanto. La idea del No-Do especial y manipulado, que deja el claro mensaje de los engaños de un régimen que duró casi 40 años, y su fusión con la historia es original, es una buena idea que podía conducir a algo bastante interesante, pero el director no supo hacer de esta idea original, y que podía dar mucho juego cinematográfico, una película medianamente atractiva. Con un director con la suficiente personalidad para darle más fuerza dramática al conjunto y mejor gusto esta peli podría haber subido muchos enteros.