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| Al Pacino como Frank
Sérpico |
Es algo
que concierne a la moral. Se corrompe algo cuando pierde su naturaleza, su
esencia, y es entonces cuando se mancha en sentido figurado.
La
policía está para servir y proteger al ciudadano, no para aprovecharse de su
situación. Ese interés egoísta por beneficiarse de un puesto que le da poder,
mayor o menor dependiendo del grado que ocupe en el escalafón, atenta contra lo
ético de su profesión y contra él mismo como persona.
En lo
corrupto hay un beneficio, sobre todo económico, pero el corrupto también puede moverse por otras motivaciones.
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| Harvey Keitel |
Al
policía corrupto se le puede comprar para que colabore en determinadas
actividades, generalmente relacionadas con el crimen organizado, o para que
haga la vista gorda y no se “inmiscuya” en los negocios oscuros de gente poco
recomendable y peligrosa. Aquí se aprecia la transgresión de su cometido ya que
no sólo hace lo contrario de lo que tiene asignado sino que se aprovecha de
ello.
No sólo
el poder es algo necesario y acompaña a lo corrupto; puede haber simplemente
una satisfacción personal, un vicio, que lo arrastre al delito, porque el
corrupto delinque desde una posición en la que se entiende que debería combatir
el hecho delictivo, cualquier delito, y no al contrario, y un vicio podría
llevar a un policía a ser alguien corrupto desde su debilidad, si se le puede
llamar así (hay quien diría que no todos los vicios tienen porque ser producto
de una debilidad). Un “pecado” como la degradación sexual sería un ejemplo
clarificador, apreciándose este hecho en la película mítica Teniente corrupto, de Abel Ferrara,
protagonizada por un pasado de rosca Hervey
Keitel.
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| Dave Bannion (Glenn
Ford) y Debby Marsh (Gloria Grahame) |
También
hay corrupción si se beneficia a otra gente diferente de uno mismo para tener
algo tan básico como la protección, el estar seguro sin que ninguna amenaza
pueda caer sobre el, en teoría, defensor de la ley. Aquí lo corrupto está
mezclado de intimidación por parte del otro, del que presiona. Podría llegar a
ser más justificable por debilidad del policía, por miedo a la propia
integridad o a la de su familia, aunque nunca del todo, ni mucho menos, pues un
policía sabe a que juega y no puede consentir que una amenaza, aunque la sienta
cerca e intensamente, le obligue a actuar de una forma distinta a la que su
puesto le demanda.
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| Leslie Lane (Cornelia
Sharpe) y Sérpico (Al Pacino) |
Los sobornados, de Fritz Lang, es una película en la que gran parte del departamento
de policía en el que trabaja el sargento de policía Bannion, interpretado con gran contundencia y fuerza moral por Glenn Ford, está corrompido al estar
presionado por altas instancias políticas locales, que se entienden a su vez
con el capo Lagana y su salvaje
sicario Vince Stone (Lee Marvin).
En la
soledad del héroe que lucha contra todo un sistema establecido y podrido hasta
sus mismas entrañas la película de Lang
tiene puntos en común con Sérpico,
de Sidney Lumet. Ambos papeles hacen
de sus protagonistas auténticos Quijotes con causa, la causa de la justicia en
un mundo injusto. En el caso de Los
sobornados, sorprendentemente, triunfará el bueno intuyendo que la
corrupción no estaba tan extendida como ocurrirá en el caso de Sérpico, con final mucho más
desesperanzador.
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| Richard Gere y William
Baldwin en Asuntos Sucios |
El jefe
criminal Costello tiene un informante
en la policía, Colin Sullivan, y éste,
interpretado por Matt Damon, está
consiguiendo una posición de poder en la unidad de investigación especial del
departamento de policía de Boston. En Infiltrados,
de Martin Scorsese, hay corrupción
policial, pero en este caso concretada en la figura de Colin Sullivan, un tío frío, inteligente y de una moralidad
perniciosa que se sabe mover dentro de la policía para su ascenso profesional
y, seguramente, tener beneficios extra dados por su “otro jefe”, Jack Nicholson. En Infiltrados se intuye perfectamente lo que busca un policía
corrupto: sobre todo poder y dinero, aunque con un riesgo evidente.
En la
película de Scorsese también hay
dobles juegos en un duelo, a ver quien pilla antes al otro y lo desenmascara,
entre el corrupto Collin Sullivan y
el policía Billy Costigan (Leonardo Di Caprio) infiltrado a su vez
en la banda del jefe mafioso Costello,
protector de Collin Sullivan.
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| Matt Dammon en
Infiltrados, de Martin Scorsese |
En
películas como Teniente corrupto
(1992), de Abel Ferrara, se llega uno
a preguntar como un individuo como el que interpreta Harvey Keitel en el papel de policía puede andar por la calle a sus
anchas haciendo y deshaciendo como le viene en gana.
La
sensación de moverse en la cuerda floja es patente en cada plano, el riesgo es
asumido con una temeridad descarada, parecida a la que tendría un loco. Keitel demuestra todo el tiempo lo que
es: un corrupto. Sexo, drogas y alcohol son el pan nuestro de cada día. Está en
el fondo y no parece que pueda salir de allí. Las deudas de juego no le ayudan.
Su
comportamiento es un síntoma de su estado vital, su existencia corrupta esconde
dudas y desesperación. ¿Es esa su naturaleza? Quién sabe. Él es lo que hace,
pero un final lleno de misticismo cambiará sustancialmente la idea que nos
habíamos montado alrededor del personaje. Bueno, eso ya se venía gestando
anteriormente con alguna que otra escena religiosa, pero el final aclarará
cualquier duda al respecto.
Habrá
momentos en los que se crea que Keitel
pueda tener problemas psicológicos. Dará la sensación de que quiere que se lo
carguen por su actitud desafiante ante todo y ante todos. Irá a la deriva,
atormentado y sin remedio. Su viaje se convertirá en la crónica de una muerte
anunciada.
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| Teniente Corrupto, de
Abel Ferrara |
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| Billy (Leonardo
DiCaprio) y Frank Costello (Jack Nicholson) |
En
otros lugares esta película de Ferrara
se tituló Teniente maldito. Supongo
que el hecho religioso tendrá que ver en ello. Y hablando de lo religioso,
comentar que un hecho sacrílego alarmará a Keitel,
confundiéndolo. A partir de este hecho sus remordimientos de conciencia
comenzarán a producir un cambio. Él se declarará católico en una escena entre
compañeros de trabajo mientras hace
apuestas de juego, importándole tres pimientos lo que piensen éstos de él. Por
el hecho de ser católico se creerá protegido de todo en una especie de delirio.
Sus debilidades, sus pecados, serán una carga. Querrá ser perdonado. Será como
el hijo pródigo que quiere volver a casa; se ha descarriado, pero siempre se ha
sentido dentro de la comunidad que un día abandonó. Keitel será un creyente confundido que ha escogido un camino
equivocado. La redención lo ayudará a salvarse. Hablará con Jesucristo en una especie de alucinación
llena de culpa y súplicas. Desea sólo el perdón, por eso no hará lo que pretendía
en principio relacionado con los violadores de la monja y sí lo que le pide
ésta en un acto de perdón, de amor, de bondad cristianas, el mismo perdón que
anhela él.
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| Al Pacino |
Dennis Peck no es un simple policía corrupto, es un
mafioso con todas las de la ley que patrulla las calles.
Las
investigaciones que llevará a cabo Raymond
Avilla y su compañera Amy Wallace
sobre Van Stretch por abuso de
autoridad, conducirá a asuntos internos a iniciar otra investigación por
corrupción policial sobre Dennis Peck,
amigo y compañero de Stretch.
Peck parece tenerlo todo controlado y muy bien
montado; trabaja de policía y eso le ayudará en sus negocios. Su vida
privada es asombrosa: tiene 3 ex mujeres, con las que no ha perdido la relación
(en ningún sentido) y que se pasan por su casa como Perico lo haría por la suya, con el sorprendente consentimiento de
su actual esposa (Annabella Sciorra)…
todo bastante inaudito. Tiene, además, un montón de hijos de todas las relaciones
que tuvo; lejos de conformarse con eso
se lo montará con las mujeres que tenga a tiro y le atraigan, como alguna
esposa de policía que parece moverse por interés.
Peck, según él mismo, se embarcará en esos
negocios porque sólo piensa en darle lo mejor a sus hijos, una actitud y
maneras de pensar no sólo temerarias sino de una hipocresía y cinismo
asombrosos.
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| Asuntos Sucios, de
Mike Figgis |
Kathleen Avilla, la mujer de Raymond, el hombre que irá a la caza de Dennis Peck, le servirá a éste para confundir a su esposo; la
inseguridad provocada con su mujer le podría servir a Peck para desembarazarse del policía de asuntos internos que lo
investiga. Tocarle la fibra sensible de su esposa a Raymond por ese encanto oscuro que tiene Peck, y que puede atraer a algunas mujeres, le podría servir a éste
para que el agente que lo persigue se extralimite en sus funciones y termine
por arruinar su trabajo. Pero Raymond
usará bien sus armas para detenerlo, sea por las buenas o por las malas. Esta
parte de la película entre Kathleen
Avilla, su esposo y Dennis Peck,
que conducirá a un final muy dramático, pero muy de telefilm, no hay quien se
la crea. Está pillada con hilos muy finos, resultando artificial a más no poder.
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| Los sobornados, de
Fritz Lang |
En Asuntos sucios, de Mike Figgis, Richard Gere,
que interpreta a Dennis Peck, hará lo
que sea necesario para mantenerse a flote en el gran negocio que tiene, incluso
deshacerse de los que estaban con él, y que eran como de la familia, si son
una carga. Los engaños, como todo buen mafioso, servirán a Peck para moverse con total libertad e impunidad, por lo menos
hasta que comienzan a sospechar de él.