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martes, 26 de octubre de 2010

En la boca del miedo/ John Carpenter/ Estados Unidos 1995


John Carpenter haciendo de las suyas en una historia de terror fantástico que te sumerge en una espiral de locura y violencia desmedidas. Es visualmente alucinante, como lo es el guión, y su instinto para hacer estas películas es innato, surge de muy dentro, lo lleva en la sangre. Serie B y buen hacer, con un estilo muy personal en el que nunca se llega a traspasar la línea del mal gusto; como mucho las historias se nos presentan con una sencillez  (aunque su contenido no sea tan sencillo)y empatía  propias de alguien que sabe lo que quiere contar y la forma de hacerlo, así es Carpenter: directo, conciso,  generoso, genuino, visceral en ocasiones,  pero sin que esos excesos se conviertan en heridas demasiado traumáticas en las sensibilidades de quienes ven sus películas.


En La boca del miedo el guión es muy original: la gente que lee las novelas de un escritor que se está haciendo popular se va transformando; el proceso es gradual según se leen esas novelas, y todo conduce a que los lectores, ávidos de experiencias radicales y terroríficas, se vayan trastornando según se  adentran en  sus páginas, como le ocurre al protagonista de la película, un Sam Neill intenso y curioso que sucumbe a esos mundos fantásticos llenos de pesadillas propuestos por Carpenter y desarrollados en la historia por un escritor maldito y que pretende cambiarlo todo en nuestro mundo.

Planet terror (Grindhouse)/ Robert Rodriguez/ Estados Unidos 2007

Las películas de género fantástico o de terror denominadas serie B, o, las más cutres, serie Z, serían  algo así como las que se hacen con medios económicos tan exiguos que hace falta mucha imaginación y muchas ganas para hacer algo medianamente bien hecho desde el punto de vista artístico, o cinematográfico si se prefiere esta expresión. Estas películas se detienen, o se fijan, en su principal objetivo de divertir  o de conseguir la emoción más gorda, el asco más nauseabundo o el terror más simple surgido de la región más primitiva del cerebro de cualquier mente atrevida, pero con algún que otro rasgo de inmadurez que la hace aún más simpática.


A mi este tipo de películas me hacen pasar un rato divertido y muy ameno, por lo general, pero las veo como rarezas en el cine y las veo cada mucho tiempo porque tampoco es que me digan gran cosa; sin embargo se hacen muy especiales y recordadas cuando consiguen dar en el clavo, pero éstas son las menos. De todas formas la calidad, por lo general, brilla por su ausencia no sólo por la falta de medios para realizarlas sino por la carencia, en la mayoría de los casos, de brillantez en la realización.

Hay quien teniendo de base este tipo de cine hace cosas bastante interesantes, como John Carpenter, un maestro en hacer series B acondicionadas a su apabullante estilo visual. En películas como En la boca del miedo, de la que pronto hablaré en mi blog, Están vivos, El príncipe de las tinieblas o en su Vampiros del año 1999, este director demuestra un claro dominio de todas las reglas que tienen que ver con el cine de serie B; pero lo hace con un gusto distinguible y distinguido; lo hace con una personalidad y solvencia fuera de toda duda, y su estilo marca tendencia. Hay quien lo considera genial dentro de las limitaciones que su fantasía desbordante y su presumible inmadurez conllevan. Otros directores como Tobe Hooper han hecho algo parecido a lo que hizo John Carpenter, pero sin éxito: tan sólo hay que ver Invasores de Marte para darse cuenta. Sin embargo Hooper ha hecho buen fantástico que no tiene que ver demasiado con la serie B, como Fuerza vital, con una muy atractiva Mathilda May paseándose desnuda por la ciudad de Londres, actriz que trabajó años más tarde con Bigas Luna en La teta y la luna. De Hooper no se debería olvidar su magistral La matanza de Texas, un paroxismo de terror y de sangre, con la sierra  mecánica más famosa de la historia del cine, pero ésta poco tiene también de serie B, no así la ya citada, y muy malograda, Invasores de Marte, cuya comparación con algunas de Carpenter quería destacar.

Y va y nos llega Robert Rodríguez con ese trabajo tan certero llamado Planet terror: un ejercicio de estilo y dominio de la técnica cinematográfica como pocos. Aquí el de origen mexicano  nos sumerge en una sesión doble de un cine de barrio de una ciudad cualquiera; hay un trailer antes de la película que forma parte de la misma película,  el avance es Machete, un personaje peculiar y vengador que destroza a sus víctimas con el arma que da nombre a su personaje. Rodríguez descuida los fotogramas haciendo que aparezcan esas líneas horizontales molestas, o fotogramas velados para realzar esa sensación de cine de serie B, y no sólo eso: se atreve a meter cortes que deberían ser desechados, pero que por descuido por falta de organización, o intencionadamente  por falta de medios económicos (¿quién lo sabe?), se introducen en el montaje final: todo un acierto para impregnarla aún más de ese espíritu cutre de la serie B. 



Es cierto que lo fantástico le va mucho, y cuando se desata es un creador. Aquí coge la más genuina serie B y le da mil piruetas para que no nos aburramos. Es movida, divertida, graciosa, sencilla en como cuenta la historia, compleja en las formas de contarla, como claro dominador de cualquier técnica cinematográfica que se le ponga por delante: a Rodríguez, cuando se pone así, no se le escapa ni una. Nada que ver con el Rodríguez que hace The Faculty, ese entretenimiento light para adolescentes muy comercial y previsible.

viernes, 22 de octubre de 2010

El frasco/ Alberto Lecchi/ Argentina 2008



Un conductor de autobús que comienza a hacer su ruta, una maestra de escuela que enseña a unos niños en un pueblo alejado de cualquier parte. Sabemos que se encontrarán, y ocurre pronto.

De una pasado difícil que lleva a la amargura y a la culpa se pasa a una pasión camuflada a punto de estallar en puro romanticismo, algo que llegará sin desgarros y con ilusión para dar un nuevo impulso a la vida de la pareja. Amor romántico, pasión interiorizada, pasado difícil, culpa, amargura: aquí se vislumbra un proceso que contiene todos esos elementos.

Pérez es tímido y de pocas palabras. Parece esconder dentro una gran personalidad y un secreto que no desvelará fácilmente. Hay quien le llama mudo sin inmutarse. Los sueños lo agitan y creemos que puede tener que ver con  ese pasado.



Un frasco con orina para realizar unos análisis sirve de pretexto para contar una historia que, aunque pudiera parecer tener cierta complicación al inicio por su hermetismo, pero  de una forma fluida y anécdotas simpáticas, lo hace, y lo consigue, lo más sencilla y honestamente posible. La pareja protagonista no sólo se necesita, sino que se quiere. En El frasco se cuentan dos historias: la principal entre Juan y la maestra, su relación, y la de ésta con su hermano, con nueva novia, y a la que parece querer; esta segunda historia sirve algo así como de fuga de escape, aunque tenga alguna conexión con la historia principal, no interfiriendo significativamente. Las dos historias se unen a las propias y personales de cada uno de los dos protagonistas de la cinta.

La historia de amor es original, muy hermosa, entrañable; de un gran lirismo, y el sentido del humor es especial, pero genuino y de un enorme encanto; suele estar presente casi siempre a pesar de haber un trasfondo dramático que también está ahí y se percibe sin dificultad. La intimidad entre la pareja protagonizada por Leticia Brédice y por Darío Grandinetti se irá consolidando según avanza el viaje que los lleva a visitar al médico, y, aunque Juan demuestra gran timidez y se reserva, se irá soltando cada vez más con ella.

Hacer mención también a una música que, en ocasiones, curiosamente, nos recuerda a la de los spaghetti western. Tal vez al desarrollarse en lugares alejados de cualquier centro de civilización pueda tener algo que ver, por lo que le va bien y le da un componente misterioso y de impenetrabilidad similar al que demuestran los protagonistas, sobre todo Pérez, que no es tal sino Juan López, protagonizado por Darío Grandinetti con maestría y enorme fuerza, grande sin duda alguna. No es de extrañar que Pedro Almodóvar se fijara en él para trabajar en Hable con ella.

Finalmente comentar algo que va en contra de esta gran película, pero que apenas tiene importancia a la hora de valorarla en su justa medida, y sería la afectación que demuestran en ocasiones los protagonistas en algunas escenas donde interactúan. Hay quien podría ver en esto falta de naturalidad, o incluso de credibilidad, pero también es cierto que hay gente, en la vida real, que actúa así, por lo que no sería criticable y sí perfectamente entendible ese comportamiento; además: el tono permitiría esa licencia, aunque a mí, personalmente (y esto creo que va más en función del gusto y no de que esté bien hecho o no), hubiera preferido más comedimiento, o contención: no tanta expresividad ni tan subida (la expresividad está bien, pero con cierto control) para que todo hubiera resultado más redondo, casi de sobresaliente. De todas formas, y repitiéndome, eso no altera en nada el enorme nivel cinematográfico de El frasco.

jueves, 21 de octubre de 2010

Fellini ocho y medio (8 1/2)/ Federico Fellini/ Italia 1963


      Una crisis creativa de su protagonista, interpretado por Marcelo Mastroiani, le servirá a Federico Fellini para hacer una reflexión profunda y acertada de lo que es la vida, un ejercicio de estilo a la altura de un gran creador como lo es este exuberante e imaginativo director italiano. Mastroiani es un director de cine famoso bloqueado en un proceso introspectivo que lo sume en un caos con el que parece no encontrar las salidas que busca. Su pasado vuelve a él una y otra vez: recuerdos que lo confunden y que son asociados  involuntariamente por un presente en el que hay dolor y amargura. En este recorrido vital tratará de elegir con conocimiento, querrá saber si su mujer actual es la mujer de su vida, si la película que pretende realizar merece la pena llevarla adelante:- al menos es un pretexto para descubrirse a sí mismo, aunque tenga serias dudas de que la empresa pueda llegar a buen puerto-, si su moralidad le permite seguir con una farsa que forma parte de su vida, pero con la que ahora tiene serias dudas de continuarla porque su proceder afecta a personas que lo quieren, y eso dificulta sus relaciones.

     Hay constantes en el cine felliniano, como las hay en el cine de cualquier creador. Se habla de la familia, con un peso específico de la figura de la madre, y algunas pinceladas por ahí sueltas del complejo de Edipo; se habla también de religión, de moral católica, tan enraizada en la sociedad italiana, con represiones de distinto tipo, y con profundidad y carga crítica en un permanente conflicto entre las leyes de la iglesia y las propias leyes de la vida, de la naturaleza, que casi nunca van en la misma dirección. También hay apuntes intelectuales que son como una conciencia que nos habla desde un pedestal y que son como dagas en nuestros egos inflados; hay, de hecho, un personaje, amigo del director, que es un crítico y ejerce ese papel iluminador que tanto poso y densidad le da a un todo cautivador; tenemos, además, retazos de teatralidad, farándula y variedades de todo tipo que producen luminiscencia y color a esas escenas de fiesta y embriaguez, una embriaguez producida muchas veces no sólo por el vino sino por la sensualidad y las emociones que se disparan en situaciones tan elocuentes de vida y alegría y que surgen en cualquier excentricidad que nos regala Fellini, escenas muy vistosas que no sólo deslumbran sino que hipnotizan.



    En fin: un collage lleno de vida y reflexión, llamativo y sorprendente; en ocasiones excesivo, pero no cargante sino divertido y provocador. Casi todo está configurado para el deleite y la admiración, y todo está para algo, aunque a veces nos podamos perder o confundir; pero Fellini nos lo termina explicando con convicción y muchas dosis de emociones que van y vienen como en una marea, en ocasiones acompañada de una tormenta en la que hay mucho viento, pero cálido, y la violencia de las olas quisiera decir algo que sale desde muy adentro y que permaneció escondido demasiado tiempo.

         Fellini genio y figura…

La mosca/ Kurt Neumann/ Estados Unidos 1958


 Clásico del cine fantástico de gran calado en posteriores producciones del género. David Cronemberg hizo un remake a la altura de la película del artesano Kurt Neumann. Esta historia de curiosidad y de búsqueda, aunque de gran riesgo para el que quiere adentrarse en esa “verdad científica”, es desasosegante e impacta. Los límites hacen reaccionar, y si se pasan se puede encontrar uno con lo inesperado que te arrolla en forma de terror. Lo dramático y angustioso van de la mano en esta historia, y el espectador sufrirá por lo que le ocurre al protagonista inevitablemente. Su tragedia entristece y supera los límites de la compasión porque el científico no pretendía ser Dios, simplemente quería ser un hombre en búsqueda de la verdad.



miércoles, 20 de octubre de 2010

Dersu Uzala/ Akira Kurosawa/ Unión Soviética 1975




            Gran película del maestro Akira Kurosawa. De las que he visto del japonés ésta es la que más me gusta junto con El infierno del odio. Es una película que cuenta la amistad entre un capitán del ejercito ruso y un cazador muy especial que se encuentran en plena naturaleza y que luchan contra la inmensidad y fuerza de ésta cuando las condiciones del entorno se vuelven demasiado hostiles; en esto me recuerda a otras películas que me gustaron y de las que guardo muy buen recuerdo como Las aventuras de Jeremiah Johnson (qué manera de atacar tenían los indios la casa en la que estaba Robert Redford ) o Los dientes del diablo de Nicholas Ray, esa lucha tenaz contra el tiempo extremo de unos esquimales encabezados por Anthony Queen.

      Todo lo que vemos hace darnos cuenta de lo insignificantes y vulnerables que somos ante tan gran y, a veces, cruel espectáculo. Dersu Uzala es una película sincera y contundente que cuenta una historia entre épica y entrañable, tan entrañable como lo es el personaje principal, Dersu, un hombre sencillo hecho a sí mismo porque no le quedaba más remedio, un autodidacta de la naturaleza tanto humana como la otra, un hombre respetuoso no sólo de la naturaleza, de la que vive, sino de la gente de la que siempre habla… todo lo que hay a su alrededor es eso: gente; el fuego es gente, el agua es gente, el viento también lo es… la gente también es gente (qué bueno este Dersu! Qué bien cae!)… lo que tiene vida y se manifiesta de algún modo es gente y se tiene que respetar para vivir en armonía plena y pasar por esta vida orgulloso de haber cumplido.
        Esta es una de las pelis que más me gustó en cuanto a la relación que mantienen los dos protagonistas: lo que nos cuentan es verdadera amistad, verdadero respeto, como no debería ser de otro modo tratándose del gran Dersu Uzala.