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martes, 26 de noviembre de 2013

En un lugar solitario/ Nicholas Ray/ Estados Unidos 1950




Cine negro y un Humphrey Bogart tan duro como siempre. Gloria Grahame lo acompaña en la intimidad de un amor tormentoso y con demasiadas sospechas. La actriz está muy bella y tiene momentos muy tiernos en esta noir dramática de elevado suspense en la que el clímax nos mantiene expectantes y entretenidos hasta su gran final. Gloria Grahame hace de una “femme fatal” que no lo es del todo, o simplemente no lo es ya que ni es mala, más bien todo lo contrario, ni usa su sexualidad para atraer al héroe (en el presente caso más bien antihéroe): es sensual, pero no explota su dote actuando sin reparos para su provecho, la sensualidad está ahí porque ella es como es y al hombre le atrae hasta un grado en el que no puede controlar su deseo; tal vez ahí guarde similitudes con la mujer fatal clásica de siempre; si tiene un barniz de mujer fatal lo es de puertas afuera, en apariencia, al poder creer alguien que arrastraría a Bogart hasta su destrucción si fuera preciso: después de todo él es alguien importante, reconocido y con una buena posición social…la mujer no. Mucha gente la podría tomar por una aprovechada. Pero la culpa del drama no es de ella sino de un personaje, el del escritor, que mantiene con la chica una relación demasiado posesiva, reaccionando mal cuando sabe que ella no confía lo suficientemente en él y decide terminar la relación disimuladamente. Para Bogart es una traición, un engaño demasiado grave como para perdonar.
 

 
Esa violencia que parece innata en el escritor que interpreta Humphrey Bogart es un problema cuando se desata en toda su dimensión. Eso, lamentablemente para él, no lo convierte en un hombre cruel (y digo lamentablemente porque, después de todo, él no merece acabar como acaba). Su parte más oscura es más apariencia, por esa violencia que aparece a veces, que otra cosa. Se ve que es alguien noble que no controla lo suficiente sus impulsos violentos cuando son motivados por injusticias o mismo por alguien que se pone chulo y le busca las cosquillas. Eso tampoco quita que a veces cometa errores como los pudiera cometer cualquier otra persona “más normal” (el término normal aparecerá en el film dándole un significado que explica todo esto).




La relación entre Bogart y Gloria Grahame se irá deteriorando aún a pesar del amor que se profesan. En Sospecha, de Alfred Hitchcock, ocurrirá algo similar con la pareja protagonizada por Joan Fontaine y su partenaire Cary Grant. Él, sin embargo, no sería culpable de nada y las sospechas se desvanecerían de un modo antinatural; su esposa en realidad sí le debía tener el miedo que mantiene durante una parte del film, pero hasta sus últimas consecuencias, hasta el final. En la película del gran Nicholas Ray también hay sospechas motivadas por la violencia del escritor y el inconveniente de un asesinato que incrementará las dudas de una mujer tan enamorada de su compañero como Joan Fontaine de su marido Cary Grant. Sólo que en el film En un lugar solitario el final es consecuente con un clímax maravilloso que conduce a un amargo final.



domingo, 17 de noviembre de 2013

Persona/ Ingmar Bergman/ Suecia 1966



Me entusiasmó tanta genialidad condensada en a penas 80 minutos rebosantes de fascinante reflexión existencial, cuyo discurso, como si de un psicoanálisis o íntima confesión se tratase (con la mujer “muda”), sería la propia película. Persona es una comedura de coco existencial del gran director sueco Ingmar Bergman, reflexión profunda sobre el ser humano elevada a la categoría de obra de arte. 
En su discurso no hay resistencias y se procura ser sincero en la voz de Alma, a pesar del obstáculo interpuesto en su personalidad (apropiado el nombre, después de todo su alma se desnuda), algo que no ocurre tan fácilmente en una vida llena de falsedades.

Alma es una enfermera encargada del cuidado de una actriz que ha sufrido un episodio desconcertante cuando representaba una obra de teatro, Electra; la mujer deja de hablar en plena obra y muestra unos síntomas preocupantes de inestabilidad emocional que, una vez puestos a examen en una clínica, no demuestran ningún tipo de alteración que haga sospechar por su salud mental. La actriz, Elisabeth (Liv Ullmann), y la enfermera (cuyo papel hace la actriz Bibi Andersson) intentarán arreglar el mutismo de la primera trasladándose a una casa de verano donde las condiciones de tranquilidad serán ideales para el caso.







Lo que parecía una cosa: el misterio que escondía el mutismo de la actriz, un silencio revelador con el que no quiere seguir desnudándose para pasar de ser alguien observado y juzgado a ser como una cosa que se protege del mundo (¿Una buena elección para dejar de sufrir?), qué era lo que le podía ocurrir y si había algún remedio para el estado en el que se encontraba, se pasará gradualmente a un ejercicio vivencial llevado a cabo por la enfermera, que para intentar arreglar lo de Elisabeth se lanza a un intenso e íntimo monólogo en el que habla de ella misma. Es en ese relato donde lo existencial y los desequilibrios cobran presencia de un modo rotundo. El silencio de la actriz ayudará a Alma a expresarse. En su relato hay angustia, deseo y remordimientos. Las imposturas reflejan inautenticidad y la frialdad es una constante. El yo (unido a ese superyó freudiano censurador) y el ello se confrontarán y producirán una alteración. El pulso entre el deseo y un deber incómodo atormentará a Alma quien, no obstante, elegirá en ocasiones el camino con el que luego se sentirá culpable. Puede que el desdoblamiento surja por la presión sentida en la disputa interior, quién sabe, pero lo que sí puede creerse más fácilmente es que el conflicto provoca una reacción desestabilizadora que conllevará angustia y obsesiones de tipo moral. Esa angustia se percibe intensamente y de un modo fantasmagórico cuando observamos los primeros estadios del desdoblamiento de la personalidad; el miedo al mundo, a la crueldad del mundo, será insoportable y no se podrá escapar de él. Las dos mujeres se convertirán en una única persona. 



Las imágenes inconexas llenas de poder visual, a veces hipnóticas, nos bombardearán de un modo abrumador, pero sin ningún tipo de excesos (lo formal es equilibrado, curiosamente, tratando el tema que trata y de una elegancia absoluta, elegancia existencial se le podría llamar, primeros planos incluidos), igual que en ese inicio en el que se suceden las simbologías de connotaciones religiosas y en las que la presencia de la muerte no deja de incomodar; es también aquí donde se dejará caer que la propia filmación es una mascarada, una fantasía, una escisión de la realidad cuando se nos mete de lleno en sus entrañas y descubrimos aspectos técnicos que después en pantalla nos maravillarán, pero siempre recalcando que es una representación en la que se usan numerosos trucos, como en la vida, pero sin ser la vida misma. ¿Y qué decir sobre esos primeros planos ya mencionados? No sé, pero son distintos a cualquier primer plano de cualquier película que se nos ponga. Son grandiosos y están llenos de vida, pero no de esa vitalidad alegre de quien la ama y la disfruta con plenitud sino de dura existencia, expresan casi lo inexpresable por la dificultad que conllevaría intentarlo con palabras, esas palabras que, sin embargo, tan bien se expresan en el monólogo interior de Alma que oímos todos y que tanto sentido tienen, dolor incluido, o en las palabras de la, creo que era, directora del hospital referidas a Elisabeth. Y si a tales imágenes se les ayuda (que tampoco hacía falta) con una música de apariencia difícil, inestable, pero hermosa, confusa, impenetrable como la propia mente, mejor que mejor; porque esa música arrastra a las mil maravillas a un ambiente que oprime por la culpa y una existencia amarga en la que las mascaradas se sucederán y en la que ni la ternura de un hijo, y el amor que necesita de su madre, es suficiente para calmar el malestar provocado por el propio egoísmo, un interés que se resiste a renunciar a sí mismo y que, tal vez,  por un efecto rebote, obligue a odiar al propio hijo.

lunes, 28 de octubre de 2013

Fuerza bruta (Entre rejas)/ Jules Dassin/ Estados Unidos 1947





Gran película carcelaria de Jules Dassin protagonizada por Burt Lancaster en el papel del férreo Joe Collins. Se retrata una penitenciaría en la que el alcaide, presionado por el político de turno, trata de mantener el control y orden del centro para no verse perjudicado por una posible decisión llegada desde arriba en la que podría perder su puesto si continuaran sucediéndose los desórdenes que motivan estar en el punto de mira.






En los hechos narrados además del protagonismo de Lancaster hay que destacar la interpretación de Hume Cronyn en el papel del desalmado capitán Munsey, el de Art Smith haciendo de médico de la cárcel (Dr. Walters), un hombre que simpatiza más con los presos que con un sistema carcelario indeseable, un personaje éste el del doctor que sabe siempre donde está y que será como un grano en el culo en todos los que deben llevar la gestión de la cárcel y la disciplina de los presos (y en este caso no me refiero precisamente al alcaide, alguien que quiere llevar más bien una política “amable” y no represiva en la que pudiesen sucederse molestas confrontaciones).

Otro personaje de interés es Gallagher, interpretación que hace con gran fuerza y convicción el actor Charles Bickford (el ganadero padre de Carroll Baker en Horizontes de grandeza), un colaborador del alcaide que tiene bastante influencia entre los reclusos y que aprovecha su situación para prestar sus servicios al jefe, y con el que Collins querrá contar para el plan que se propone llevar adelante en compañía de los compañeros de celda y, más tarde, cuando el asunto ya esté en marcha, de todos los que se quieran unir. También tendrá su protagonismo el alcaide en un papel en la cuerda floja y sin demasiado mando por las presiones recibidas y por un capitán encargado de la seguridad de la cárcel interesado en heredar su puesto llegado el momento.



El film Fuga de Alcatraz, protagonizado por Clint Eastwood, es heredero en cierta medida del film de Dassin que comentamos hoy. El plan para fugarse de la cárcel en la que se encuentran encerrados los reclusos que protagonizan la historia será de difícil ejecución por las características del lugar (una isla). Hay similitudes también en la vigilancia que ejercen los guardias, en la manera en la que esos reclusos se zafan de esa vigilancia o en muchas de las relaciones carcelarias que existen en las que cabe cierto grado de intimidad entre los compañeros, de camaradería, y en las que los recuerdos de cuando estaban fuera, y que se relacionan con su mala situación actual, inciden en su estado de ánimo y en sus decisiones de intentar una fuga demasiado complicada que podría arruinar su vida definitivamente. En todos esos recuerdos, expuestos como líricos flash backs, las mujeres de las vidas de esos presos cobrarán una importancia vital; ellos añorarán su vida fuera y las mujeres con las que estaban, un buen motivo para intentar huir. De cualquier modo, y aunque se puedan vislumbrar similitudes con la película de Clint Eastwood, en esta de Dassin los preparativos del plan de fuga tiene menos relevancia, la peli, sin embargo, tiene más contundencia que la de Eastwood, aunque en cuanto a entretenimiento puro y duro que tendría que ver más con lo comercial tal vez ganase la película de Clint Eastwood; de cualquier manera el vigor, la dirección, puesta en escena y la reflexión que provoca la de Dassin supera con cierta diferencia a Fuga de Alcatraz; para mí es mejor película la de Dassin.



                                

En Fuerza bruta hay una crítica al sistema, sobre todo en el discurso del médico penitenciario, y más que en los planes de la fuga que se va a intentar, la peli fija su foco en lo que representa cada personaje, como el capitán Munsey de quien dirá el doctor qué tipo de persona es en una escena más que memorable: un enfermo de poder, un psicópata que hará lo que sea para conseguir lo que pretende, torturas despiadadas incluidas (y que acabará consiguiendo, pero con resultados no del todo satisfactorios para consuelo de todos. Sería demasiado injusto que se saliera con la suya de un modo tan rotundo). La fuerza bruta que lleva a cabo el capitán en su política de represión llena de odio hacia los presos y de coacciones psicológicas será como una metáfora de lo que significan los fascismos. (La peli es del año 47, sólo dos años después de terminada la segunda guerra mundial)



Y llegado el momento de fugarse aprovechando los trabajos forzados en la fosa, una mina en la que trabajan a destajo los reclusos, el tramo final será pura dinamita, con un intento de escapada muy marcial en el que Joe Collins será un héroe para todos sus compañeros de prisión haciendo lo que todos desearían haber hecho en infinitas ocasiones, pero que no pudieron (o no se atrevieron a hacer) por su situación. El plan no sale como se esperaba, pero no deja de haber justicia.


El final, sin embargo, protagonizado por el doctor, deja un mensaje pesimista: eso de que nadie puede escaparse de las cárceles (cárcel como metáfora), aunque lo pretenda con todas sus fuerzas e inteligencia, y que siguen y seguirán repitiéndose sin parar intentonas sin ninguna posibilidad de éxito. Aquí se presume una doble lectura: quizás nos esté diciendo que uno no puede escaparse a un destino que por más que intente modificar nunca podrá hacerlo a su gusto y que las injusticias seguirán existiendo si a uno le ha tocado formar parte de ellas. También se puede interpretar la noción de cárcel como un prejuicio que limita y encierra en la ignorancia al individuo, o como imposiciones sociales (de poderes económicos o políticos), que maniatan, en las que el hombre es un engranaje que forma parte de una gran maquinaria que sirve al sistema (orden, clase o casta... antes y ahora) del que no puede desembarazarse.

lunes, 14 de octubre de 2013

Wonderland/ Michael Winterbottom/ Gran Bretaña 1999



Grandísima película del director británico Michael Winterbottom trascurrida en la ciudad de Londres con múltiples personajes apareciendo y desapareciendo de pantalla con bastante acierto y un equilibrio envidiable tanto en lo estético como en el fondo. Podría considerarse un film coral por el hecho de que hay un claro nexo de unión en el protagonismo de tres hermanas con sus diferentes historias que contar y que coinciden en diversos momentos del metraje con una naturalidad envidiable. A las hermanas se les unirán otros personajes, cada uno por el lado que le toca a cada una de las chicas, con lo que nos meteremos mejor en sus historias personales. Unos cuantos de estos personajes secundarios (algunos de ellos tendrán casi tanto protagonismo como las hermanas, como sus padres y la mala relación que mantienen) se encontrarán en momentos concretos con otros con los que no parecían guardar ninguna relación; o sea: los del círculo de una de las hermanas se terminan encontrando tarde o temprano con otra de las hermanas o con alguna de la gente que pertenece a su círculo... es por todo esto por lo que la peli del director británico tiene mucho de coral.






¿Y qué nos encontramos en la película de Winterbotton? Pues con fragmentos de vida muy bien contados, de una honestidad brutal y sin ningún tipo de exceso, aunque haya bastante drama en muchas de las pequeñas historias que contemplamos.
La soledad de una de las hermanas es patente y entristece. Ésta hará de su estado una continua búsqueda de un hombre al que poder querer y con el que se encuentre bien; de encontrarlo en sus múltiples quedadas tal vez no se sienta tan insignificante y desaparezca su soledad.
La segunda hermana está embarazada y su marido tiene dudas relacionadas con su vida y su trabajo. El chico ha dejado el trabajo porque no lo aguanta y ahora que su novia se ha enterado parece haberle sentado muy mal. La inseguridad en su vida, sobre todo ahora con uno más en la que parecía recién formada familia, lleva a una situación difícil de llevar llena de dudas y de un futuro incierto. Que el chico desaparezca sin dejar rastro durante horas hará que la mujer se desespere aún más y se resguarde en su familia, en sus padres y sus hermanas.


Y llegados hasta aquí sólo queda decir algo sobre la tercera hermana, una chica separada, peluquera y con un hijo pequeño de unos 7 u 8 años cuyo padre es un perfecto inmaduro con ramalazos violentos producidos posiblemente por sus inseguridades y una cultura callejera un tanto macarra y barata. Al conocer un poco a este hombre no nos extraña que la madre del niño lo trate con tan poco respeto. De cualquier modo la chica defenderá a su ex cuando las cosas se ponen serias para así dejarle claro a su pequeño hijo que su padre no es mala persona, sólo un poco tarambanas que con el tiempo cambiará para mejor si lo intenta.

Me gusta mucho el estilo que se imprime a la historia, algo parecido al documentalismo, sobrio a la vez que dinámico en el ritmo. Su fotografía medio granulada es un acierto. Las escenas urbanas son como sacadas de cualquier documental de cualquier gran ciudad con un añadido valiente y que encaja a la perfección: un montaje lleno de técnica cinematográfica puesta a disposición de lo que acontece, visualmente una fiesta del montaje en la que todos esos momentos de realidad que aparecen por un lado, se desvanecerán mágicamente por el otro de un modo más bien poético cuando el objetivo no se fija en nadie en concreto y trata de hacer una radiografía del entorno.




La película es realista ya que es como la vida misma, con sus dramas, alegrías y tristezas, momentos divertidos, esperanzas y bajones vitales producidos por la inestabilidad de unos personajes que no lo tienen tan fácil como querrían. Winterbotton hace un film tal cual es la vida, sin imposturas o moldes de géneros, quiere retratar momentos en las vidas de cualquiera de nosotros. Los conflictos surgidos y las personalidades tan bien definidas se reflejarán de un modo sincero, honesto, sin efectismos ni ningún tipo de pedantería (la más mínima pedantería quedaría aquí como el culo). Y la telaraña de relaciones resulta estupenda, es redonda y llega a emocionar. Lo social, tímidamente manifestado, se entremezcla suave y armónicamente con lo familiar y unas relaciones problemáticas en las que la llama de la esperanza y los mejores arreglos, en los que el amor hará de gran motor, pondrán la nota más positiva.



Aunque este es un cine menos social, reivindicativo, que el de Ken Loach, no deja de tener una mirada social, un reflejo de lo que ocurre realmente, aunque la crítica sea menos explícita. El no tener la intensidad de los dramas más descarnados no hará que no dejemos de interesarnos (e identificarnos) con su realismo, con la ternura y dureza que hay, con ese espejo en el que nos sentimos reflejados que transmite vida y emociones. En el film de Winterbotton las pequeñas cosas que ocurren, rutinarias incluso, son tan importantes que harán feliz a quien las experimenta en momentos en los que se necesita la ternura. A veces lo pequeño dice mucho y es con lo que mejor nos sentimos por familiar y cercano, por no haber en ello ninguna tipo de falsedad.

martes, 8 de octubre de 2013

Gravity/ Alfonso Cuarón/ Estados Unidos 2013



Nada más salir del cine con mi amigo, éste se pregunta cómo haría Cuarón para hacer semejante espectáculo por la complejidad técnica que conlleva. Le doy la razón y llegamos a la conclusión de que el rodaje no debió ser fácil; nos lo imaginamos lleno de cuerdas y los actores colgados todo el tiempo, como si de marionetas se tratase, dando vueltas y chocando con satélites y demás aparatos espaciales. Bueno, fue él el que sugirió tal posibilidad y yo le di algo de juego con la duda, en un primer momento con una mala idea: igual se hicieron con un avión, lo subieron muy alto y lo dejaron en caída libre para conseguir la ingravidez para poder así rodar dentro todo aquello... descabellado! A veces no tengo remedio y no me extraña que mi amigo dijera que eso no podía ser. Luego lo pensé mejor y llegué a la conclusión de que, efectivamente, no podía ser... cómo se iba a montar todo aquel complejo escenario espacial, tecnología digital a parte, dentro de un avión por muy grande que fuera. Tal idea sería como matar moscas a cañonazos y no sería práctica, de poder ser posible, que ni por esas. Pero en fin, que no pensé muy bien lo que dije, lo hice así como quien no quiere la cosa y le di la razón en eso de que el uso de muchas cuerdas, y los actores todo el tiempo volando impulsados por ellas (o sujetos a ellas para producir la sensación de flotación), era la opción preferible por ser la más lógica.






Y ahora con un pequeño análisis de esta grandísima película de ciencia ficción. Lo primero que es de un virtuosismo técnico y visual deslumbrantes; como ya dije antes: un espectáculo espacial admirable, fascinante. El protagonismo no sólo es para Sandra Bullock, o para George Clooney (algo menos). El otro protagonismo, siempre presente y que gira todo alrededor de él, es para la falta de gravedad (o ingravidez si queréis llamarle así) y los efectos que en una situación complicada puede producir. Si hay una catástrofe, y le añades un medio complicado en su dominio como es el espacio exterior y la ingravidez, donde las manipulaciones son torpes y no hay casi desenvoltura, la aventura por la supervivencia está servida...Y eso es lo que admiramos en la película de Alfonso Cuarón cuando nos escandalizamos (permítaseme la exageración, en este caso positiva) con esta aventura espacial, tremendamente emocionante, en la que se une equilibrada e intensamente lo catastrófico con la supervivencia, un instinto innato que se revela contra unos acontecimientos de connotaciones personales apocalípticas, prácticamente imposibles de superar, pero a los que se le plantará cara por unas inmensas ganas de vivir que saldrán a flote cuando parecía que la científica (la doctora interpretada por Sandra Bullock) había perdido la ilusión por la vida y ésta era pura inercia, rutina que la arrastraba sin casi enterarse (situación personal que no desvelaré pero que se conoce en esos pequeños y mágicos – el entorno ayudaba y el caos aumentaba el romanticismo – momentos de intimidad que tiene con el compañero astronauta).



La historia es sencilla, el fondo de la película, y se nos cuenta poco, aunque ese poco se haga mucho (algo grandioso) en su recreación, sintiéndose como una gran tragedia, otra odisea espacial (el camino a casa en este caso no es tan largo, pero está lleno de dificultades). Es cierto que a veces da la sensación de haber demasiada acción (o más bien acción un poquitín exagerada; se acerca un poco a un James Bond astronauta que podría haber hecho algo parecido en pelis tipo Moonraker, o intentando ser un poco más precisos: una acción similar a la que se veía en Star Treck, de J.J. Abrams, sólo que centrada en la ingravidez) y esos momentos por los pelos tan característicos del cine comercial de acción, pero no pasa nada, es perdonable porque, después de todo, ésta no es una película de arte y ensayo precisamente (Tarkovski hubiera hecho una acción de otro modo posiblemente si se le diese la libertad necesaria) y el tipo de acción que contemplamos forma parte del espectáculo del cine comercial (ya se sabe que hay cine comercial que está muy bien, y para prueba un botón; pero siempre dejando claro que Gravity no es una peli comercial cualquiera) muy del gusto hollywoodiense de toda la vida...aunque después veamos, confirmando las buenas sensaciones y dándole un barniz de prestigio que le hará justicia en un futuro próximo, escenas como la de la cámara acercándose a la doctora: de ser una cámara que la enfoca a ella pasa en un instante mágico, y con una suavidad que ni te das cuenta, a ser una cámara subjetiva que observa desde dentro del casco lo que ve, y a continuación sentirá, la misma doctora: la inmensidad del espacio y el miedo que produce en una situación tan comprometida. Es en esos grandes detalles donde te das cuenta de que aparte de comercial es una película con personalidad; curiosa contradicción: lo comercial no es precisamente sinónimo de personalidad, pero en este caso es más entendible porque lo comercial aparece en momentos puntuales, pero el todo no es todo –valga la redundancia – igual que algunas de esas partes en las que la acción cobra más relevancia.



Me pregunto en este punto del comentario si hay, o se puede interpretar, una metáfora de la gravedad, o la falta de ella, cuando la trasladamos a la vida de la doctora. Su tragedia hace que su vida carezca de alicientes, que deje de tener los “pies en la tierra” por la fuerza de la gravedad cuando había un sentido por el que vivir. Desde esa falta tan importante la doctora se desentiende de la vida y su infelicidad trasciende en mayor grado en la ingravidez que su profesión le aporta, pero en la ingravidez se corren demasiados peligros, se está en el filo de la navaja; el hilo que se une a la existencia es muy fino y se puede romper con demasiada facilidad en semejantes condiciones. Su gran, alucinante, experiencia, ayudada por el astronauta, hará que vuelva a abrazar la vida con pasión, no sólo por ella misma sino por lo que dejó atrás.






Y para concluir decir que los dos actores están estupendos. Me gusta la lucha de ella y cómo afronta la tragedia encontrándose en una situación vital frágil; y el compromiso, la camaradería y esa renuncia que llega hasta el sacrificio de él, rasgos que lo convierten en  una persona extraordinaria, muy especial y valiente.

En resumidas cuentas: una película inolvidable que casi seguro pasará en poco tiempo a ser todo un clásico del género como en su momento lo fueron otros films, como Blade Runner. Esa es mi apuesta, apuesta, por otro lado, sobre seguro creo yo.



Estreno Cine
 

martes, 1 de octubre de 2013

Las brujas de Zugarramurdi/ Álex de la Iglesia/ España 2013



Otro exceso en plan gracioso de Álex de la Iglesia con el que pasas un rato divertido, a pesar de que vaya perdiendo frescura según avanza esta locura fantástica, en donde las mujeres, da la impresión de que todas sin excepción (esto sería como una guerra de sexos donde la mujer es la peor parada), son unas brujas metafórica y literalmente; ellas lo que querrán y mejor harán será joder a los hombres de una u otra forma, volverlos locos, destruirlos si el tema se complica con señoras que andan por el techo mientras se toman una taza de té.






El arranque, como ya dejé caer, es prometedor, a mil por hora, con un ritmo movido que está muy bien llevado y con un humor un tanto surrealista, perruno, en el que se critican aspectos que tienen que ver con la relación hombre-mujer e hijos pequeños que pueden entrar en la disputa y que son casi siempre víctimas de las desavenencias (las custodias en este punto tendrían una importancia capital). Por supuesto la mujer sale siempre peor parada y es más culpable que el hombre en esos conflictos de pareja. El director se posiciona claramente del lado de los hombres, como si estuviese resentido por algún motivo con el sexo femenino (tal vez le dieron muchos palos o unas cuantas calabazas y lo sintió). De cualquier modo hay cierta “reconciliación” con ellas reflejada en el personaje de la nieta-bruja, la joven motera que se siente atraída (enamorada podemos decir sin pudores) por el personaje interpretado por uno de los guapos oficiales del cine y la TV en España, un tal Hugo Silva (eso lo digo porque muchas mujeres me lo tienen dicho. A mí, sinceramente, no me lo parece  ;-D). El amor vence cualquier contratiempo, parece que quiere expresar el director vasco, algo con lo que estaría de acuerdo.




La peli está plagada de tópicos en lo que concierne a la relación Hombre Vs. Mujer, en los problemas que surgen en cualquier relación que se deteriora y provoca reacciones o comportamientos chungos que lo único que hacen es perjudicar a terceros, los hijos, con unos daños colaterales que pueden resultar traumáticos (tema muy manido, pero que sigue teniendo vigencia y es importante); de la Iglesia aquí, sin embargo, hace un gran sarcasmo con una transgresión simpática (siempre con la exageración que lo caracteriza) ya que al hijo la mala relación de los padres y su situación en vez de sentarle mal, o traumatizarlo, hace que se lo pase pipa cuando, por ejemplo, atraca un banco con su padre.

Pero de ese tópico Álex hace una hipérbole en forma de comedia disparatada fantástica (parecido en ese sentido a la de El día de la bestia) que no deja de divertir, pero que se repite un poco en su desarrollo y que no por ese hecho no resulta aceptable, con momentos estupendos. Por supuesto que en los tópicos que aparecen nos encontramos sobre todo prejuicios, algunos con tufillo machista que con la excusa del humor se pasan con mayor benevolencia, y generalizaciones un tanto facilonas que no tienen que ver demasiado con la realidad, y si existen se transforman de una manera grotesca por inflar las cosas desmedidamente para que la crítica surta más efecto (ahí la exageración, no sólo de ésta sino de otras muchas películas de la filmografía de Álex de la Iglesia).






Estreno Cine

domingo, 29 de septiembre de 2013

Hard Candy/ David Slade/ Estados Unidos 2005



La ganadora del festival de cine fantástico y de terror de Sitges en el año 2005 presenta una propuesta bestial, de una radicalidad que crispa los nervios de cualquier espectador por mucho que le guste y esté acostumbrado al género que promueve este gran festival internacional de cine hecho en Cataluña.
La película de David Slade es muy original en el modo de ser concebida. Nunca cae en estancamientos o aparatosidades (aunque su propuesta exagerada pueda hacer creer lo contrario) que podrían salir a relucir con facilidad si el pulso no fuese lo suficientemente firme y la trama no evolucionara con una soltura muy necesaria en casos similares, y (o mejor debería haber puesto pero) sin perder ni una pizca de radicalidad.

La dulce y adolescente protagonista no es lo que aparenta. Cuando contacta por Internet con un hombre sabe perfectamente con quien está tratando. SPOILER (No leer el spoiler en color azul para no descubrir partes de la película) Ella podría ser otra víctima del pedófilo, alguien que también está detrás del asesinato de otra mujer tiempo atrás. FIN SPOILER (Ya se puede seguir leyendo sin problema).


La confusión se apoderará en un determinado momento de nosotros y llegaremos a creer que el hombre, sometido a lo que parece un juicio sumarísimo atroz en el que deberá pagar por su gran pecado, es inocente y no hizo nada de lo que es acusado por la chica, alguien que aparenta un desequilibrio por el que se quiere vengar de un modo alucinante. Pero lo que nos puede pasar por la cabeza, por la situación creada, irá cambiando y se irá aclarando poco a poco terminando siendo desechado cuando descubrimos quién es él realmente y qué es lo que está llevando a cabo la adolescente: hacer justicia (bajo su punto de vista, aunque que lo tenga tan claro y aporte tantos argumentos siempre ayuda a estar con ella de algún modo), eso sí: de una manera cuanto menos peculiar y que nos deja helada la sangre.


Las primeras tre cuartas partes del film son extraordinarias, excesivas, pero coherentes, de una enorme ambigüedad morbosa (sobre todo al inicio), con un suspense que atenaza completamente y para estómagos y sensibilidades de acero, sin que se vea nada desagradable explícitamente en ningún momento, sólo sugiriéndolo. El último tramo se hará más convencional y trillado, sin que pierda exageradamente, pero bajando un tanto el clímax y nivel de angustia que habíamos sentido en esa primera parte comentada, la más extensa y por la que más se valora la película.El no tener un gran remate (tiene un buen remate, no excelente)hará que pierda algunos puntos de cualquier modo, pero sin dejar de parecerme una notabilísima película.

 














La pareja protagonista está muy bien, metida todo el tiempo en situación y muy creíbles; su esfuerzo interpretativo merece un gran elogio. La adolescente realiza una venganza por todas y cada una de las víctimas del hombre al que ahora tiene echado el lazo (y nunca mejor dicho, modestia aparte), al que humillará y se lo hará pasar tan mal como a las desdichadas forzadas por él mismo.
Me gusta el misterio que ofrece el personaje femenino al no saber de dónde sale, quién es y por qué hace aquello. Esa incertidumbre y su fuerte y sarcástica  personalidad rebosante de determinación juegan muy a su favor y le confieren a la mujercita un perfil de lo más sugerente, alguien que podría haber salido de un cuento para adultos de terror de lo más oscuro, una nueva Caperucita Roja invertida, como lo era la Reese Whiterspoon de Freeway, que transgrede sin preocupaciones, con un desparpajo digno del más sobrado de los sobrados, y que seguirá con lo suyo hasta sus últimas consecuencias.

domingo, 22 de septiembre de 2013

La senda tenebrosa/ Delmer Daves/ Estados Unidos 1947



Película de Delmer Daves protagonizada por la famosa pareja Lauren Bacall y Humphrey Bogart en la que éste hará el papel de Vincent Parry, un prófugo de la cárcel de San Quintín que se ve metido en una complicada y arriesgada huida. La publicación de su foto en los periódicos y la oportunidad que le ofrece un taxista salido de sabe Dios dónde harán que se decida a cambiar su rostro por medio de la cirugía plástica. El cirujano es de un surrealismo similar al de su amigo taxista, un hombre que trabaja en la clandestinidad practicando cirugías estéticas por unos cuantos dólares y con su propia técnica, un autodidacta con su lado siniestro expulsado del colegio médico, pero con un algo altruista que lo hace amigable y en quien poder confiar. Los personajes, prácticamente todos (de ahí el apunte sobre el cirujano y su compinche, ese taxista solitario que conecta con Parry y que lo ayuda) tienen lo suyo en cuanto a inverosimilitud. Lo es también Irene Jansen, protagonizada por Lauren Bacall. Su enamoramiento se puede considerar enfermizo por la relación que guarda con el recuerdo del padre, pero también hay en su amor romanticismo y compromiso férreo. El papel de Lauren Bacall es de absoluta entrega hacia Bogart. ¿Tendría que ver su vida en común fuera de las pantallas para que aceptara un papel tan comprometido hacia su compañero? Creo que aquí se mezcla ficción con realidad, o si no se mezcla sí ayuda al menos a que haya una química especial y veracidad en la relación a pesar de esa inverosimilitud de la historia, demasiado estrambótica para ser cierta a pesar de que a veces el creer estar en una pesadilla pueda ayudar a dar una respuesta más coherente a lo contemplado, aunque aquí tampoco estemos en algo tan onírico como para darle todo el beneplácito. Hay aspectos que se acercan a lo onírico, pero son insuficientes y de una importancia relativa como para que los podamos catalogar de oníricos.
La ayuda que Irene le brinda a Vincent es desinteresada y total, no ofrece ninguna duda y es producto del amor que siente hacia él, un amor entregado hasta sus últimas consecuencias. Su recorrido es rocambolesco, como lo es la historia del huido, de cómo llega a la cárcel y de cómo después de su fuga se vuelve a ver metido en unos acontecimientos (con aspecto de cine negro, como no, es Bogart), reviviendo el pasado, injustos para él.




¿Y qué decir del hombre que trata de chantajear a la pareja de enamorados al que ya se había encontrado antes el protagonista y que consigue seguirlo cuando Parry lo ayuda en su huida? Es como un pobre hombre ingenuo que se atreve a intentar coger el toro por los cuernos. Inaudito. Por no hablar de la mala de la peli, la mujer que declara contra Parry y que lo lleva a la cárcel por el asesinato de su mujer; su personaje es como una caricatura de la maldad, bastante irreal, una mala poco usual, entrometida hasta la exasperación, un incordio para los que la conocen (la sensación de ser una verdulera es patente a los pocos minutos de que haga acto de presencia). En conclusión y acabando con esta parte: la trama de la película se hace rocambolesca, como eran rocambolescas las historias de algunas películas de antaño, como la que acontecía en La burla del diablo o en otra como Larga es la noche, a las que yo personalmente no les llamaría clásicos por algunas deficiencias en la propuesta que llevan a una visión distorsionada o confusa de lo que ocurre, aunque fueran dirigidas por grandes nombres del cine con cojonudísimos films en su haber.


 
La cámara subjetiva durante la primera parte de la película, antes de la operación para cambiarse el rostro, es un acierto para meterse mejor en lo que puede sentir Parry en su huida, es una cámara situada en el mismo interior del personaje; en ningún momento se verá su cara, sólo conseguiremos oír su voz. Lo que observa él le da una dimensión a su experiencia de un gran realismo en la que se nota la presión y nos sentimos solidarios con él, y más cuando comenzamos a sospechar que es inocente.

Hay en La senda tenebrosa un ejercicio para el lucimiento de un actor ya consagrado de aquellas como es Humphey Bogart. La sublimación de su físico, el atractivo trascendente de su personaje (creo recordar que Ava Gardner decía de él en La condesa descalza que era el hombre feo más guapo que había conocido en su vida. Seguramente Lauren Bacall le sacaría lo de feo) se hacen todavía más patentes con la cirugía plástica que cambia su rostro y que le dan un componente legendario, y no sólo al personaje que interpreta en La senda tenebrosa sino al de los personajes que interpretó a lo largo de toda su carrera cinematográfica. El proceso que se sigue se engrandece en un contexto hostil, asfixiante. El ambiente es en ocasiones pesadillesco por el cerco al que es sometido y por todas las muertes, incluida la que no se ve de su mujer que pondrá en marcha los acontecimientos, que son como una maldición de la que parece no poderse librar Parry. Quiero ver hacia Bogart una especie de homenaje en ese cambio de rostro –se trataría de una especie de ceremonial engrandecido por las circunstancias – por todo lo que es en el género del cine negro, una de sus indiscutibles estrellas. Él mismo se dice en la película cuando se quita las vendas de la cara y se mira en el espejo: “he quedado bien”, con media sonrisa satisfactoria que le da un estilo de seguridad que lo encumbra por encima del bien y del mal. Lauren Bacall le dirá que ahora le gusta aún más (se supone que antes ya le gustaba, pero ahora, con la cara de Bogart, resulta irresistible).


 


¿Lo qué más me gustó? La espiral vertiginosa de acoso y mala fortuna (o fatal destino) a la que se ve sometido Parry sin merecerlo, aunque, como ya he comentado, lo inverosímil no deje de ser una molestia. A ese hecho se le podría añadir cómo es representada la figura de Bogart, y no sólo de su personaje en la película sino de todos y cada uno de los que llevó a cabo en el cine que más fama le dio, el cine negro, en algo que no es propiamente un homenaje porque es él mismo, Bogart, quien lo hace (¿quedamos en autohomenaje entonces?). El caso es que tal vez se hizo un homenaje prematuro, a destiempo y sin pretenderlo.
Pero todo esto del “homenaje”, la relación con Bacall en la vida real y ese arrastre a la gran pantalla – se casaron en el 45 y la película es del año 47 – o lo icónico del personaje, aquí y en todas sus demás películas de género negro, son sólo una teoría que me he montado, pero en la que creo que hay parte de verdad. Hay quien puede pensar en una teoría de la conspiración con tales argumentos expuestos; estaría en su perfecto derecho y yo no trataría de convencerlo más de lo que ya he intentado en la entrada.