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viernes, 16 de agosto de 2013

La quimera del oro/ Charles Chaplin/ Estados Unidos 1925



Imposible andar por un precipicio lleno de nieve con tanta desenvoltura y despreocupación; y si entra en escena un oso, como si estuviésemos ante una aparición, del que ni se percata el bueno de Chaplin, todos nos asombraremos con el susto y nos reiremos seguidamente por el comportamiento tan despistado del animal, parecido al que demostrará el buscador de oro.
La búsqueda del preciado mineral y el cambio de vida que supondría el hecho de encontrarlo, convirtiendo a esa persona en una afortunada de lograrlo, lleva a la gente en masa a embarcarse en los más arriesgados proyectos, aventuras como la que experimentará Charlot quien tendrá que vérselas con forajidos peligrosos, animales salvajes con sus peculiaridades que parecerán más de otro mundo que de éste, parajes imponentes de naturalezas inhospitalarias o “crueles” mujeres cuya diversión favorita es divertirse a costa de un hombrecillo singular y entrañable aprovechándose de que sus sentimientos han quedado al descubierto por un descuido. Charlot se ha enamorado de una de ellas; la relación que surge es deliciosa se mire por donde se mire. Su ternura, sinceridad (a pesar de los juegos sin malas intenciones de ella y sus amigas), gracia, respeto serán auténticos y contagiarán buenas sensaciones. El interés que se desencadena por la evolución de esta historia romántica tan poco habitual será creciente.

Situaciones al borde del desastre, de lo trágico, son contadas sin que lo cómico deje de asomarse con la habilidad del saltimbanqui o del Douglas Fairbanks de los mejores tiempos, la precisión más matemática, la gracia, ingenio y magia (como en la historia de amor) como la que sólo un genio de un enorme corazón y  un extraordinario talento podría llevar a buen término, siempre con el desparpajo de quien es simpático, sin falta de carisma, y con la naturalidad de quien a parte de no fingir lo que hace es facturado del modo más fácil, esa sencillez tan difícil para la mayoría de los mortales en determinados momentos en los que sería un preciado regalo. 


 
 


En La quimera del oro la necesidad se apodera de la historia, como en tantas otras de Chaplin, hasta el punto de tener que llegar a comer lo incomestible con algún que otro pudor, pero sin cortarse una vez se ha empezado a hincar el diente al zapato cocinado por un hambre que hará que su amigo Big Jim vea en los momentos más críticos un pollo listo para sacrificar en vez de a un amigo. Esa pobreza es la del vagabundo, Charlot, y la gente más humilde, historias recurrentes que no dejan de ser duras, a la vez que tiernas, historietas protagonizadas por Charles Chaplin, ese maravilloso ilusionista que nos hacía reír y también soñar… y eso que soy más de Keaton. Su mímica, su comicidad, su respeto por el equilibrio en el humor y sus grandes historias contadas con una sencillez universal y un dinamismo de un ritmo perfecto, ideal, a veces vertiginoso, convierten al personaje en único e imprescindible. Y si le sumamos a una película como esta unos efectos especiales increíblemente resultones para la época (¡¡¡pero si ni siquiera han pasado de moda y no rascan prácticamente nada!!! Ahí está el desplome de una parte de la montaña o mismamente la escena de la casa sobre el precipicio)


Alguien tan noble no puede merecer tanta penuria, sería injusto, y como esto es cine que debería hacer sentir bien el final lo arreglará todo a todos los niveles, un merecido happy end, aunque alguien pueda pensar (a mí se me pasó por la cabeza) que la chica acaba con él porque se hace rico en la empresa del oro junto a Big Jim, su socio… pero eso sería de mal pensados y posiblemente no procedería en unas circunstancias en las que hay tanta ternura y calidez humana, en la que hay tan buenos sentimientos.








 

17 Ya han hecho su aportación. Sigue comentando si quieres:

miquel zueras dijo...

Siempre recuerdo la magnífica escena de la bota cuando como espaguetis... por cierto que leí que la bota estaba hecha de regaliz y que Chaplin pilló un buen empacho al tener que repetir la toma ocho veces.
Saludos. Borgo.

Gonzalo Aróstegui Lasarte dijo...

Qué película tan deliciosa, y lo sigue siendo casi un siglo después, sí, señor. Un genio, Chaplin, que continuó haciendo grandísimo cine hasta el final de sus días (véanse "Monsieur Verdoux", "Candilejas" o "Un rey en Nueva York").

Un abrazo, Javier.

Daniel Bermeo dijo...

Una excelente película. Mi tercera preferida de Chaplin (detrás de Luces de la Ciudad y Tiempos Modernos, y un poco por delante de El Chico). La manera en la que Charles presentaba esta historia sobre la crisis y con ese tono tan innovador, cómico para esos tiempos resulta una experiencia inolvidable. Yo soy un poco más de Chaplin que Keaton, pero cada uno a lo suyo :D

Un abrazo!

ricard dijo...

Junto a "Luces de la ciudad", es su mejor título. Un abrazo.

David Amorós dijo...

Yo estoy con Ricard, tras Luces de la ciudad (que quizás me parece la mejor película de la historia del cine) su mejor título. Una auténtica obra maestra llena de sensibilidad.

Un abrazo.

Sese dijo...

Hace mucho tiempo que la vi y la escena del refugio permanece intacto en mi memoria. En cambio del final no me acordaba, y es que cuando la peli es buena, que más da el final. Y eso que con Chaplin el Happy end no era muy habitual.

Yo, en cambio, soy más de Chaplin que de Keaton.

Y para los amantes de ambos siempre nos quedará Candilejas.

Saludos

GCPG dijo...

Yo la vi hace poco y mi niño de 6 añitos no paraba de reir con el escena del refugio, el crio ponia los ojos como platos cuando veia a Chaplin comiendose el zapato y chupando las puntillas. Buen post felicidades.

Javier Simpson dijo...

Hola a tod@s. Siento no haber contestado antes. A ver si a partir de ahora que se acaba el verano empiezo a ponerme al día y entro más por la blogosfera (la palabra sigue pareciéndome muy fea) para leer y escribir. Se os ha echado de menos. Un abrazo. Creo que la peli de Chaplin es una delicia, y bastante graciosa, como no podía ser menos. Me parece que la elección ha sido acertada para ser la primera de cine mudo que pongo, qué caray!!
Ya iré contestando a partir da ahora uno a uno, como era mi costumbre. Ahora estoy remolón… Abrazos. Gracias a los que os habéis pasado, o a los que habéis leído el post… con los otros estoy un poco enfadado :-( pero creo que se me irá pasando…

Alí Reyes dijo...

¿Puedes creer que todavía no he visto La Quimera del Oro? Aunque si te puedo decir que estoy muy familiarizado con los cuentos de Jack london que llevan ese nombre.
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En otro orden "La fuga de Logan" se parece mucho al argumento de ARGO la película ficticia para sacar a los diplomáticos norteamericanos de Teherán.

Javier Simpson dijo...

Yo también tardé en ver la de Chaplin, pero mereció la pena hacerlo.
De Jack London me gustó la adaptación que se hizo en cine con La llamada de la selva, esa que protagonizaron Clark Gable y Loretta Young (muy buena pareja. Ella es única).
Un abrazo, Alí. Gracias por el comentario.

JLO dijo...

genial este film... mucho de Chaplin lo es, no descubrimos nada pero en esta película el ritmo y la calidad de los gags la hacen una de las mas grandes suyas...

soy mas Keaton también, pero comencé a ver cine mudo gracias a Charles... salu2...

Javier Simpson dijo...

A mí también es de las que más me gustan del genio. Buenísima. Chaplin en cine es como el que aprende a leer... lo primero es Chaplin, y después viene lo demás, sobre todo para los admiradores de Hollywood y el cine estadounidense. El cine es a la cultura norteamericana lo que la cultura norteamericana es al cine.
Un saludo y gracias por tu primera (y espero no única) participación en este mi espacio virtual sobre cine (bueno, y otras cosillas que van surgiendo :-D) Me pasaré a leerte por tu blog, JLO.

Elisaul dijo...

Definitivamente una estupenda película que te hace sentir bien. Me gusto mucho tu reseña, pasate pro mi blog:

http://pixelyceluloide.blogspot.com/

E.C. Belmont dijo...

Wow tienes una excelente lista de películas reseñadas que me encantaría ver! :D
Oye me podrías decir de que peli es la foto de tu cabera, me ha llamado la atención!
Saludos :)

Javier Simpson dijo...

Elisaul
Es cierto, da buenas sensaciones, como la mayoría de las de Chaplin. Gracias, Elisaul. En cuanto me sea posible me pasaré por tu blog. Un saludo.
Belmont
Pues gracias; sí ya vi y comenté algunas, pero el ritmo últimamente está bajando por diversos motivos entre los que se encuentra la pereza. Pero bueno, supongo que serán momentos…pues claro: es un fotograma de la enorme película canadiense Léolo, una de mis referentes cinéfilas. Un saludo y hasta pronto, Belmont.

Gracias a los dos por pasaros

Ariadna dijo...

¡Hola, Javier! Por fin me paso por tu blog. Has hecho una crítica muy bonita y descriptiva, como siempre. No creo que hayas bajado tanto el ritmo, jolín, si sigues publicando muchísimo :) Yo sí que estoy perezosa, uf, y además desde hace tiempo :( Bueno, en cuanto a la película, pues la verdad es que no la he visto, aunque me impresionó la famosa escena (la que conoce todo el mundo) en la que Chaplin se come la bota. Una secuencia que cuenta con humor una situación trágica, y muy real en otras épocas y lugares. Ah, yo también soy más de Buster Keaton, lo reconozco. ¡Un abrazo y hasta pronto, espero!

Javier Simpson dijo...

Gracias, Ariadna, eres muy amable.
Voy publicando, pero no tanto como antes. Hay ocasiones que no se puede todo lo que se quisiera, pero bueno…rachas, supongo.
La peli te la recomiendo mucho, es una delicia, muy graciosa y muy tierna. Seguro que te gusta. Ya he comprobado que la que has visto es Arsénico y te ha parecido muy divertida, creo que algo normal tratándose de todo un clásico del gran Capra y actuando el rey de la comedia ;-D El ritmo de la primera parte es tan espídico como no sé, mismo Uno, dos, tres de Wilder; y mira que eso es difícil :-)
Un abrazo y gracias por pasarte, Ari. Nos vemos, espero pronto…