" cinódromo: octubre 2011

domingo, 23 de octubre de 2011

The game/ David Fincher/ Estados Unidos 1997



Esta no es la mejor película de David Fincher; está por debajo de otros de sus films como la tenebrosa Seven o la irreverente y transgresora El club de la lucha. Técnicamente es puro virtuosismo cinematográfico, con una fotografía impecable (su fotografía me recordó El caballero oscuro de Christopher Nolan), un manejo de la cámara certero, equilibrado, funcional hasta el extremo y una puesta en escena moderna y con un dinamismo que se adecua perfectamente a lo que cuenta, con un inicio prometedor, en el que el personaje interpretado por Michael Douglas parece no ser feliz a pesar de ser  multimillonario; el protagonista se ha convertido en un hombre solitario que no vive la vida como debiera y sí se dedica a ganar cada vez más dinero sin ningún remordimiento de conciencia en su forma de hacerlo; si por su forma de actuar destroza una familia, o la limita a vivir de unas rentas que él mismo les proporciona ya está satisfecho de la “obligación” contraída, pero no aceptada por la gente a la que se le hace la oferta; es un tiburón con pocos escrúpulos y una vida triste que lo encierra en sí mismo, un hombre sin ilusión que arrastra traumas que tienen que ver con lo que le ocurrió a su padre cuando era niño.
Pero de un inicio interesante pasamos, poco a poco, a la repetición de la repetición de la repetición de los mismos efectos; la película se vuelve fría y ya sabida. Es un perpetuarse en lo mismo que en un principio nos asombró, pero que a partir de la media hora nos va robando  el interés, no así el gas (no pierde gas, eso es otra cosa) ya que su ritmo ( como no podía ser menos hablando de Fincher: hay claros ejemplos de que esta parte la maneja a las mil maravillas- pensemos sino en Alien 3, o en El club de la lucha para darnos cuenta del buen tratamiento del ritmo en sus films-).


 


The Game podía haber sido una verdadera obra de arte si David Fincher la hubiera tratado de otra forma, si la hubiera hecho más oscura, aunque perdiera algo de su entretenimiento (que, me temo, ese fue el único y más importante motivo por el que la hizo). Sí hay cierta sustancia kafkiana, pero Fincher no ahonda lo suficiente en este aspecto, lo difumina y se centra prácticamente sólo en la acción, por lo que al final de su visionado resulta algo plana e intranscendente, aunque no aburrida. El juego que se traen con Michael Douglas, que no se llega a saber qué es exactamente (sólo al final, y esto, naturalmente, si se ve por primera vez), aunque sí lo intuyes, podía ahondar en la personalidad y los traumas del protagonista, haciendo del conjunto una verdadera pesadilla, donde los giros argumentales(que sí los hay, pero para volver a lo mismo) condujeran a una nueva situación, más angustiosa y terrorífica; lo kafkiano se convertiría en motor de una historia en la que el personaje principal (y nosotros también) no sabría que está sucediendo y cuál es el motivo por el que le ocurre aquello que lo está atormentando; sería angustia vital pura y dura; pero no, Fincher quiso seguir el camino fácil, un camino que remata en un final que aunque para muchos es bueno, incluso genial, es un final a lo cuento de hadas, un cuento pretendidamente oscuro que no resulta tan oscuro como pudiera parecer, o venderse(que aquí tiene mucho que ver el marketing y la publicidad de la película), un final feliz que te sorprende, y que está más o menos bien por todo lo que se ha visto, pero que de haber arriesgado más podría haber sido otro distinto y brutal, o sea: que todo lo que había pasado fuera verdad, no un juego (el desconocer quién y por qué se metía en tu vida de forma tan intimidatoria, como si estuvieses viviendo una auténtica pesadilla sin aparente solución, sin concretar o mostrarnos la empresa que se dedicaba a tales “distracciones” hubiera sido acertado a mi modo de ver), aunque en principio lo pudiera parecer: el hijo (Douglas) una imagen de su padre reflejada en el mismo espejo de la desgracia, que se repetiría sin ningún tipo de esperanza; entonces sí que estaríamos hablando de otra cosa, con un proceso catártico del protagonista descrito de una forma mucho más densa y pensada…pero eso hubiera sido otra película seguramente, la que me hubiera gustado ver a mí y que tal vez en ningún momento se le pasó por la cabeza a David Fincher porque lo que él quería era entretener, algo que consigue, pero sin deslumbrar.


Reconozcamos que a pesar de todo esto la película entretiene, lo justo, y aunque es tramposa (una trampa hecha con gran disimulo, pero hecha al fin y al cabo), se vuelve demasiado obvia y sin alma, como ya dije antes, y esto enfurece a cualquiera que esperara mucho más de un director con talento  que parecía tener las herramientas adecuadas, que no precisas,  para hacer algo bastante más grande.

jueves, 20 de octubre de 2011

Conflictos de pareja


Cathleen Turner y Michael Douglas

Las desavenencias  en una pareja pueden cuajarse a lo largo de períodos de tiempo más o menos prolongados en los que el conocimiento del otro (el contrario, cuando se está inmerso en pleno proceso beligerante) hace que salgan a flote ciertos defectos que antes no parecían estar ahí.


Al surgir el amor siempre se tiende a idealizar al compañero si no se conocía de antes, por lo que ese conocimiento es necesario para saber si en esa idealización hay cualidades reales que hagan de la pareja alguien que merezca la pena; si no fuese así lo normal sería que comenzasen los problemas.

La convivencia desgasta normalmente si no hay libertad, un espacio propio en el que desenvolverse como individuo. La violencia, el sometimiento, la coacción son un veneno para la relación. No sólo llega con quererse, hay que respetarse para que la pareja se perpetúe en el tiempo y se ahuyenten los conflictos.
Es en la convivencia y en el conocimiento recíproco cuando llegan las fricciones si no se vieran las cosas de una manera similar y, consecuentemente, los tristes desengaños; y más cuando uno creía estar enamorado de su pareja.

Este trabajo parte de los conflictos de la pareja que nacen del desengaño, una reacción muy interesante de analizar que siempre suele ir acompañada de frustración, amargura, tristeza.

Revolutinary Road, de Sam Mendes
Pero no sólo la convivencia y el conocimiento mutuo provocan conflictos. Hay otros factores externos ajenos a esa relación íntima que podrían causar problemas, no sólo existen las diferencias irreconciliables que tantos divorcios provocan, las ilusiones rotas, las maneras de vivir la existencia o el que la pareja sencillamente no se soporte, como ocurrirá en la película de Danny de Vito, La guerra de los Rose, aunque en ésta ese sentimiento sea tan sólo de uno en relación al otro y ese otro reaccione pareciendo en un momento concreto que el sentimiento es recíproco, no ocurriendo exactamente eso ya que Michael Douglas no dejará de querer a Cathleen Turner por muchas putadas que le haga. Algunas circunstancias como la familia (hijos, padres, hermanos), el trabajo, los amigos, las relaciones sociales o incluso, y yendo más lejos, otra persona que pueda llegar a atraernos lo suficiente y que provoque celos pueden acarrear problemas o rupturas si la relación se desestabilizara lo suficiente.

El desgaste provoca también conflictos. El deterioro se produce en ocasiones por simple y duro desgaste. La vida suele deteriorar casi todo lo que pasa por ella, los cambios son irremediables y esos cambios suelen producir llagas. ¿Y qué puede producir el desgaste? Yo diría la monotonía, esa rutina que nos apalanca y nos hace parecer vegetales poco menos, el aburrimiento, la falta de ilusión, los planes en común que se terminan estropeando, las pequeñas decepciones del día a día por ese conocimiento del otro del que hablé…

Martha y George en ¿Quién teme a Virginia Woolf?
Pero también hay conflictos sin la necesidad de que haya desgaste por choques puntuales que son como tempestades y que no tienen por qué ir a más ni tener tanta importancia, sólo producir fuertes enfrentamientos pasajeros que consolidan la relación por ser algo así como demostraciones en las que el otro te importa tanto que las emociones poco menos que explotan en una demostración de amor muy distinta a la habitual que tiene que ver con la ternura.

En La guerra de los Rose el conflicto parece llegar de repente, sin apenas niveles de intensidad, o gradualmente. Oliver Rose (Michale Douglas) notará ciertos síntomas extraños en la conducta de su esposa Barbara, pero cree que forman parte de su personalidad especial y motivados por enfados pasajeros; hasta que se produce su inesperada declaración cuando su marido sufre un dolor agudo en el tórax que creen podría ser motivado por un infarto y Barbara no lo va a ver al hospital, aunque sepa lo ocurrido.

Cuando se conocen se atraen; se puede decir sin temor a equivocarse mucho que tienen un flechazo. No tardarán en acostarse y en hacer planes de futuro. Enseguida llegarán dos hijos y vivirán un período feliz, casi como en un cuento de hadas.
Pero ese cuento de hadas un buen día se torna en pesadilla.

Annette Bening y Kevin Spacey en American Beauty
A Barbara empiezan a molestarle detalles que antes le pasaban desapercibidos (aunque es posible que estuvieran ahí latentes esperando para asomarse con mala cara), como la forma en la que su marido corta la carne cuando se dispone a comer.
Las relaciones sociales que mantienen con gente del trabajo de Oliver y el modo que tiene éste de relacionarse con ellos exasperan a Barbara. No aguanta su perfección y que quiera demostrar siempre lo mucho que sabe de todo.
A algo como esto que tiene que ver con la personalidad de Oliver se unen otros problemas motivados por el estilo de vida de ella, una mujer a la que le gusta la buena vida y que consume a su antojo. Sus negocios para continuar con su tren de vida no son vistos con buenos ojos por su marido, pero ella insistirá en llevarlos adelante ya que busca independencia, una situación con la que se sentirá más libre. Tal vez sea por ver a su marido como alguien represor, aunque disimulado por la falta de violencia, el principal motivo por el que se produce el cambio en la mujer.

Barbara y Oliver Rose en La guerra de los Rose
Y es a partir de aquí, sobre todo, cuando la película se convierte en una mordaz sátira sobre el matrimonio, la convivencia y los problemas que surgen si cualquiera de la pareja empieza a no soportar al contrario, todo con un sentido muy negro del humor.
Es cuando comienza el proceso de divorcio cuando la guerra hace acto de aparición. Los juegos sucios iniciados por Barbara provocarán en Oliver una reacción de resistencia pertinaz. Oliver le hace frente. Una ley de la que le informa el abogado que lleva el divorcio (Danny de Vito) hace posible que en la separación Oliver pueda volver a la casa en la que vive su mujer.
Como en los mapas de las guerras, hay en los planos de la casa zonas de colores que corresponden a los dos bandos beligerantes; también hay coloreadas zonas neutras en las que hacen vida con sus hijos.


¿Quién teme a Virginia Woolf?
De cualquier modo Oliver seguirá queriendo y desando a Barbara, aunque a ella le ocurra todo lo contrario y sin una explicación clara del motivo por el que ha dejado de sentir lo que parecía sentir antes. Y es que el amor nunca es cosa de uno sólo, desgraciada o afortunadamente.

En Revolutionary Road, la película dirigida por Sam Mendes, con guión de Justin Haythe y basada en la novela Vía revolucionaria, de Richard Yates, April Wheeler es una aspirante a actriz que no consigue llegar a hacer carrera por carecer de las cualidades necesarias para abrirse camino en ese mundo. La mujer se inspirará en los sueños de su marido Frank cuando era más joven para ilusionarse y anhelar un cambio de vida. La pareja se ama, pero el cambio a un nuevo hogar en la calle Revolutionary hará que coincida con el deterioro de su relación en la que prevalecerán egoísmos personales y miserias. Cuando la llama de la pasión parecía estarse apagando por la rutina, la decisión de trasladarse a París vuelve a reavivar la llama; París es su destino y como una obsesión para la mujer. Allí pretende que la vida en compañía de su marido sea bohemia y libre. Frank podría encontrar su verdadera vocación, y si no lo hiciese podría vivir sin ningún tipo de responsabilidades relacionadas con el trabajo porque ella sería la que lo haría para mantenerlo; pero los planes irán cambiando irremediablemente al quedarse embarazada y al ofrecérsele a Richard la posibilidad de ascender en su trabajo.
Finalmente la individualidad primará y será más fuerte que el amor, por lo que no merecerá la pena continuar con la relación.

El desánimo es una constante en el insatisfecho e inconformista personaje femenino interpretado por Winslet, mujer víctima de la confusión a causa de una vida que no le corresponde, monótona y sin comunicación. Hay en ella un deseo imperioso por alcanzar la felicidad e independencia; ese hecho hará que sufra y se angustie. La relación, lógicamente, se deteriorará con su marido, mucho más conformista. El papel de éste será un cliché que servirá para desarrollar el de su mujer, mucho más interesante desde la profundidad de su psicología, alguien que se cree víctima de la rutina y la falta de ilusiones. Di Caprio será el contrapunto para hacer ver a su esposa donde le pueden llevar realmente sus sueños.

American Beauty, de Sam Mendes
La familia Burnham se compone por tres miembros: Lester (Kevin Spacey), su mujer Carolyn (Annette Bening) y su desencantada hija Jane (Thora Birch). American Beauty trata temas como la importancia que se le da, sobre todo en las sociedades occidentales, a las apariencias y al dinero,  y como eso menoscaba las relaciones interpersonales, cambiando su naturaleza hasta su deformación y haciendo una constante por parte de alguna de las víctimas, e incluso una prioridad existencial, la necesidad de escapar de las situaciones generadas por culpa de una sociedad en la que el éxito y lo material, y no así lo espiritual, lo es todo.

La esposa de Lester, Carolyn, es una ambiciosa vendedora inmobiliaria a la que sólo parece interesarle el éxito profesional. Ella misma pone de manifiesto que su compañía vende una imagen y es parte de su trabajo vivir esa imagen. Eso hará que explote un conflicto con su esposo cuando ella empieza a notar que Lester es un fracasado, que su vida empieza a cambiar y ya no le da importancia a lo que sí tiene para Carolyn, el prestigio social, la imagen, el éxito profesional. Las relaciones que mantendrá Carolyn con su esposo serán frías al ver la vida de un modo muy distinto, y con su hija serán poco cariñosas y cálidas, impersonales por ese querer aparentar siempre de una madre obsesionada con el éxito. Muchas veces Carolyn tratará a su hija de adefesio, algo que no debería corresponderse con lo que es una madre si lo dicho es en serio.

Si nos fijamos en las dos películas de San Mendes comentadas en esta entrada, Revolutionary road y American beauty, los papeles de Carolyn y de Frank le darán más importancia a la posición social y a una estabilidad material, sólo que en Carolyn de una manera descarada e inmadura, y en donde el otro tipo de estabilidad, la humana, no sabrá como expresarla, y en el papel de Lester y de April habrá menos compromiso social y más libertad individual que tendrá que ver con una vida encorsetada de la que se quieren desembarazar.

Frank (Leonardo DiCaprio) y April (Kate Winslet)
Nada más comenzar se tiene la sensación de que la mujer, Martha, es insoportable, de trato complicado, y te preguntas si a lo largo del film se explicará el porqué de su agresivo comportamiento hacia George, su marido. Al principio su marido se mantendrá a la defensiva. Es curioso como ella, cuando adopta esa actitud, prefiere verlo enfadado. Le dice que no sabe pelear por las cosas, que no tiene agallas (según un eufemismo dicho por él mismo y que hace que los dos se rían), en una clara insinuación hacia su trabajo y la ambición que debería tener para triunfar. Y es en ese punto donde nos enteramos del conflicto que hay entre los dos a causa de la profesión de George. Martha le tenía planificada su carrera profesional como buena hija del rector universitario que era, pero él no dio la talla y eso hizo convertirlo en un fracasado. No sólo será un perdedor por no ascender en su departamento de la facultad de historia, lo será por sus proyectos literarios que no tendrán salida por resultar poco entendibles y de difícil apoyo por parte de su suegro.

¿Quién teme a Virginia Woolf? es un continuo tira y afloja, un mal rollo extenuante con ramalazos de ternura, un herir de alguna manera a cualquier costa. En la invitación de Martha a una pareja de jóvenes, Honey y Nick, para pasar la velada en su casa se representará una especie de psicodrama en el que el alcohol servirá de fluido social, como decía uno de los personajes de la película de los hermanos Coen, Barton Fink, de inhibidor de conductas para no dejar de hablar y decirse todo lo que hay que decir, sin cortarse, humillando siempre que se pueda. “Una noche de borrachera llegaremos mucho más lejos”, le dirá Martha a su marido en plena pelea dialéctica. En la reunión las humillaciones serán constantes, sobre todo mutuamente entre Martha y George, o a las que somete George a la joven pareja en un juego cruel que parece tener algún propósito, como el que tenían las humillaciones en forma de juego en las que Lawrence Olivier sometía a Michael Caine en el excelente film La huella, de Joseph Leo Mankiewicz. Habrá secretos y se descubrirán verdades dolorosas que tendrán que ver con la joven pareja invitada, e intereses agazapados y listos para salir cuando llegue la oportunidad, eso se verá en el joven profesor de biología.
Pero habrá algo más de lo que Martha no deberá hablar a los invitados, de lo que ellos llaman el problema, de su hijo, eso que tanto les preocupa y que martillea sus vidas como una terrible y angustiosa obsesión.
El resultado de la reunión parece un juego de humillaciones que se hacen con algún fin, el de hacer de terapia para sus males, para su tormento. Llegará un momento en el que el profesor de biología no sabrá si están mintiendo o no, si es una representación lo que contempla o algo real.

En la relación tormentosa entre Martha y George se insinúa algo que tiene que ver con la culpa; pero la ambigüedad hará que no lo sepamos con certeza. El no es el culpable de la muerte de su hijo; sin embargo en un momento concreto creeremos que su esposa así se lo hace sentir.

En el juego escenificado se podría creer, o interpretar, que él mata al hijo si tuviésemos en cuenta que es pura ficción y no hay nada de real en lo contado, sin embargo quedará esa duda por un momento, sobre todo cuando George le cuenta a su invitado la siniestra y dura historia del muchacho que mató a su madre y a su padre (la verdad podría estar cambiada en lo referente al accidente en el que el hijo pierde el control del coche y mata al padre; tal vez fuese al revés y George lo disfrace para no resultar demasiado evidente y dramático, y para continuar con ese estilo de representación, de juego), como queda aquella otra duda en la que se pregunta uno si Martha y su marido pueden tener hijos y que es inducida por la insinuación que le hace Nick al atormentado matrimonio.

Merle Oberon y Melvyn Douglas en Lo que piensan las mujeres
Spoiler (no leer el spoiler en color azul para no descubrir partes de la película)
Finalmente se descubrirá que el hijo no existe. Él es una escusa que servirá de apoyo para esa catarsis, una realidad inventada y que necesitarán para soportarse, una ilusión que será como un oasis en una vida infeliz y de sufrimiento. / Fin Spoiler (Ya se puede seguir leyendo sin problema)

Pero la vía de escape cumplirá su función y al final sospecharemos que Martha y George se quieren, aunque quedarán abiertas demasiadas puertas a pesar de que se perciba un rayo de esperanza. ¿Continuará todo como hasta ahora o será un volver a empezar?  

Jill Baker, interpretada por la atractiva y exótica Merle Oberon, y Larry, interpretado por un elegante y distinguido Melvyn Douglas, son un matrimonio con una buena posición social. La rutina y el acomodo profesional de Larry, vicepresidente de una importante compañía de seguros y enfrascado en su trabajo obsesivamente, harán que la pareja deje de relacionarse como lo hacían en el inicio de su relación.
Jill padece insomnio y sufre ataques de hipo cuando está nerviosa. En el psicoanalista descubrirá, de una manera bastante chistosa, que sus síntomas son originados por la monotonía de su vida conyugal.
Erns Lubitsch trata el conflicto que acontece en Lo que piensan las mujeres en un tono de comedia elegante, lleno de sugerencias, de un dominio magistral del espacio y el tempo narrativo y de sutileza. Sin embargo ese conflicto es desarrollado de una forma simple, débil, en el desarrollo de ese triángulo formado por Jill, su marido Larry y el pianista interpretado con enorme entusiasmo y fuerza de convicción por el excelente y simpatiquísimo Burgess Meredith. Hay poca incisión en la desintegración matrimonial mostrada, un hecho que merecería más hendidura antes de ese inevitable happy end final.
De cualquier modo la poca profundidad que se le da al tema no deja de estropear una gran comedia ligera que no espera otra cosa más que divertir sin agobios; una lección de buen cine, otra más, del maestro Lubitsch.

lunes, 17 de octubre de 2011

El hombre que mató a Liberty Valance/ John Ford/ Estados Unidos 1962




Esta obra de arte contada en un poético flashback lleno de nostalgia y vigor narrativo es la muestra indiscutible de lo que representa el cine de John Ford. Está hecha en blanco y negro y cuenta el cambio que se produce en un pueblo, Shinbone, del árido estado de Arizona, y en todas aquellas regiones alejadas del centro del poder político del Este donde comenzaba a llegar el ferrocarril cargado de ley y civilización. Tal proceso coincide con la llegada a la región del abogado Ransom Sttodard, que interpreta James Stewart, y con el atraco a su diligencia por parte de un forajido sin escrúpulos, desaprensivo y salvaje, llamado Liberty Valance. En el encuentro hay una humillación del delincuente a Sttodard a quien golpea sin miramientos con su látigo de empuñadura plateada, un instrumento de miedo e intimidación que quedará impreso en la mente del abogado como lo está en las mentes colectivas de todo el vecindario por el que merodea Valance y sus crueles amigos.




Valance es lo viejo, el salvaje Oeste, un territorio donde no llega la ley, y si lo hace es tímidamente y sin ningún poder (véase quien representa al sheriff en esta película y qué se dedica a hacer: esconderse de Valance siempre que hace acto de aparición en el pueblo; personaje plasmado por Ford con humor y ternura, aunque en el tramo final se descubra, sorprendentemente, cierta valentía al advertir a Valance  que no se enfrente a Sttodard ya que en caso de matarlo se le acusará de asesinato).
El forajido atemoriza a toda una región y su fama le precede. Sus apariciones en Shinbone son recordadas por su descontrolada violencia y por el grupo de secuaces que lo pertrechan, tan malvados y desaprensivos como él mismo. Valance representa el poder de la intimidación. El uso de la fuerza parece agradarle y siempre se sale con la suya utilizando los mismos métodos violentos. Cuanto más le temen más se agranda en su vileza, en sus humillaciones. Liberty es como el mafioso moderno del siglo XX, pero sin sus mismos instrumentos de camuflaje que le ofrece una sociedad avanzada y una gran ciudad; de hecho él representa como nadie al mafioso-forajido del salvaje Oeste… Jonh Dillinger representaría la transición entre un mafioso, el primitivo (Liberty Valance) y el nuevo (los que observamos en El padrino o los personajes que aparecen en la famosa serie de televisión Los soprano). 


 


Una vez que llega herido al pueblo, el abogado es acogido por un matrimonio dueño de un bar de comidas y por la mujer que trabaja allí, Hallie (Vera Miles). Él trabajará también en el bar ayudando a lavar platos. Hallie sentirá simpatía por Sttodard a pesar de ser cortejada por Tom Doniphon, un hombre fuerte y nada temeroso al que ni el mismo LibertyValance lo haría retroceder.



Doniphon tiene pequeñas diferencias con Sttodard porque cree que su idea de la justicia allí no tiene cabida y que la mejor y más práctica justicia es la del revolver. De cualquier manera entre los dos hombres, interpretados por John Wayne y James Stewart,  hay simpatía y admiración porque, aunque con formas distintas de contemplar la justicia y su ejecución, los dos coinciden en señalar quien es el malo y que es lo justo. Doniphon tiene la cultura de Valance, pero es la otra cara de la moneda. Él es el bueno y con principios nobles y Valance el malo. Sólo tienen en común una cosa: una cultura de la violencia similar, la del hombre que sabe como usar su revólver, en Valance nunca justificada y arrogante, en Doniphon justificada, cuando se ejerce, y siempre en legítima defensa o por una causa justa (en la peli se ve claro que esa causa justa es la del abogado Sttodard).


Pero habrá otro conflicto entre Doniphon y Sttodard a causa de Hallie. Ésta empieza a sentir algo por el abogado no sólo por su sentido de la justicia, por su valentía, aunque distinta a la de Doniphon, o por su dedicación a las causas que tienen que ver con la civilización y la cultura, como ejercer de maestro con los niños, y algunos mayores (entre ellos alguna mujer, como la dueña del bar y su empleada Hallie que no saben ni leer ni escribir).

Quedará un regusto amargo por el desengaño sentimental que sufre Doniphon y por el olvido entre las gentes del lugar cuando en otros tiempos era el más conocido y respetado, un periodo transcurrido de cambio en el que hombres como Sttodard serán los protagonistas del presente y el futuro. 


Doniphon siempre permanecerá en el recuerdo del abogado y su mujer, un pobre balance por lo que significó y lo que hizo, aunque nadie, o casi nadie,  lo llegara a saber nunca. Doniphon es el verdadero mito en la sombra.
Spoiler (No leer el spoiler en color azul para no descubrir partes de la película)
Y para terminar dejo una pregunta en el aire: ¿Habría terminado Hallie con Sttodard de haber conocido en su momento quién había matado a Liberty Valance?




miércoles, 12 de octubre de 2011

Amanecer rojo/ John Milius/ Estados Unidos 1984




Sabía de qué iba y sin embargo me atreví con ella. Me dije: “tal vez tenga algo divertido con lo que quedarme y pueda merecer la pena de alguna manera”; pero nanainas. Fue una pérdida de tiempo, y en este caso no diré de dinero porque ni fue una película que viera en el cine ni la compré en dvd o blue ray, me la bajé directamente de mi maltrecho y envejecido emule, y digo envejecido no porque tenga muchos años sino por el duro trabajo al que está sometido, sin descanso y en continua producción para su insaciable dueño. Eso sí, mi cara de asombro duró toda la película.
Esto sólo se podría entender y tener su sentido si lo viésemos en la serie b, pero no en este cine comercial; lo irónico es que en Amanecer rojo las situaciones resultan más fantásticas que en cualquier película de género fantástico, aunque ésta fuese una producción de bajo presupuesto.




¿Y qué es lo que nos ofrece el producto? Pues la tragedia de la guerra, con su crueldad, y sentimentalismo, en este caso bastante barato y patrióticamente patético, como ocurría en tal sentido con la protagonizada por el simpático Will Smith en Independence day.
Tiene el espíritu de series de televisión tipo V en eso de la lucha por la libertad y la resistencia ante un enemigo fuerte que parece imponerse, o de películas como Están vivos (sólo que ésta, y a pesar de sus recortes presupuestarios, mucho más conseguida); lo que busca preferentemente es asombrar, e incluso impactar (véase la escena inicial de los paracaidistas en el colegio... demasiado efectista), como lo hacía el cine de Spielberg, con las evidentes diferencias en cuanto a equilibrio narrativo y buen hacer en general, aunque en el presente caso en vez de hacerlo con la mirada que pudiera tener un niño ante acontecimientos que resultarían impresionables para cualquiera, se hace con la mirada de un adolescente recién entrado en ese tramo vital en el que la tontería es una constante. El denominar a ese periodo de tiempo la edad del pavo tiene su justificación ;-P

El grupito de chicos que se echa al monte cual Curro Jiménez acompañado de sus correligionarios ante la presencia de los franchutes es una coña en sí misma, como la película en general. Y es que el asunto no resulta nada creíble, es más: es ridículo por tan descarada y absurda propuesta en la que los rusos (de aquellas todavía soviéticos), ayudados por cubanos, comunistas también ellos, y muy malvados, intentan invadir los Estados Unidos of América... pero, ¿Qué hay del país que se suponía más poderoso militarmente de la tierra? ¿No defienden? ¿Y su estructura militar? ¿No había espías que informasen del plan enemigo? ¿Dónde estaban? El desarrollo del guión es descabellado y la explicación que da el piloto de aviación militar que ayuda al grupo de jóvenes guerrilleros para intentar arreglar tal desaguisado de guión es una solemne estupidez, al igual que las respuestas que da ante todas las preguntas que surgen.
Poco más hay que contar porque tampoco merece la pena, sólo decir que en el epílogo se deja caer algún que otro mensaje antibelicista curiosamente formulado, y con cierto lirismo, por uno de los jefes militares comunistas cubanos que hace un adiós a las armas verdaderamente enternecedor :-P. 



 
Como única curiosidad que os traigo decir que en el reparto está Patrick Sawyce, C. Thomas Howell y Jennifer Grey … Los dos primeros ya habían trabajado juntos en la película Rebeldes, de Francis Ford Coppola; Sawyce lo haría  junto a Gray años después en el despiporre pseudoeróticodancante Dirty dancing.
Antes de irme quiero resaltar que se me hace difícil entender que un director como John Milius haya hecho algo tan entretenido, recomendable y lleno de aventura como Conan, el bárbaro y algo como Amanecer rojo que es tan diametralmente opuesto en cuanto a propuesta y resultados.

viernes, 7 de octubre de 2011

Secretos y mentiras/ Mike Leigh/ Gran Bretaña 1996





Gran drama del director británico Mike LeighEl secreto de Vera Drake es su otra gran película. Un maestro en retratar emociones y el reflejo de lo que es la vida en circunstancias difíciles. Hay un trasfondo social que sostiene el drama, gente que sobrevive a una sociedad competitiva y fría y a sus propias inseguridades…
…Y todo va yendo más o menos, con personajes un tanto peculiares en su forma de ver la vida (vaya madre, Dios santo! Qué inocencia tan grande, pero a la vez tan entrañable!), con situaciones que se podrían dar perfectamente en la vida cotidiana contadas con un realismo ideal (si sirve tal contradicción): la vida que en ocasiones resulta tan aburrida y triste, sin motivaciones realmente importantes por las que moverse ni reaccionar (aunque ya al poco de empezar el film la chica de color encontrara una motivación lo suficientemente importante como para actuar ilusionada: la búsqueda de una madre biológica para no estar sola en un mundo tan cruel, para saber de donde viene y si su origen puede ser un salvavidas para su soledad, su desesperanza), y todo se va uniendo y montando a modo de puzzle matemático en su configuración y en sus emociones, hasta una apoteosis final en la que se dice todo lo que no se atrevió a decir nadie a lo largo de una vida desencantada, hasta que llega la liberación total.