" cinódromo: junio 2011

martes, 28 de junio de 2011

El rock de la cárcel/ Richard Thorpe/ Estados Unidos 1957



      Tercera película en la filmografía de Elvis Presley y la primera que hacía para la compañía MGM. Se rodó en un mes y hubo cierto escándalo cuando se estrenó por cosas como que el protagonista fuera un convicto (Elvis en el papel de antihéroe; el único que haría en su carrera como actor), esos movimientos de cintura que provocaban más de un rubor o que apareciera en la cama con la malograda actriz, y protagonista del film al lado del rey del rock, Judy Tyler en la que también había sido, curiosamente, su tercera película y que moriría dos semanas después de terminado el rodaje en un accidente de coche junto a su marido y también actor Greg Lafayette, dedicado más a la televisión. Elvis, según parece, nunca quiso ver terminada la película por ese luctuoso suceso.
        A la semana de empezar a rodar, Elvis tuvo una caída en la que perdió una pieza dental que tragó y se le incrustó en el pulmón, con lo que tuvo que ser ingresado de urgencia en un hospital y ser intervenido quirúrgicamente para así poder sacar el diente.

        La famosa escena de Elvis Presley en la cárcel cantando y bailando la canción Jailhouse rock (título original de la película y de la grandiosa canción) está considerada por muchos como la mejor escena de Elvis de la historia (…y el policía con su porra –esto no tiene connotaciones sexuales- moviéndola al compás; ¡qué bueno!); aunque yo la considero más bien como un divertido y movido videoclip.


 


        Las películas de Elvis Presley no son nada del otro mundo. Cualquier ocasión que tiene para su lucimiento musical es aprovechada por el rey del Rock para ofrecernos un torrente de voz, espectáculo y buena música como  pocos podrían hacer. Sus películas suelen tener la misma estructura, llenas de números musicales y movimientos pélvicos míticos, con chicas enamoradas que harían lo que fuera para que el chico de la voz aterciopelada se fijase en ellas y lograran ganarse su corazón. El es el rey y el trato es “el que se le debe dar por sus facultades”. No obstante siempre surgen conflictos sentimentales por los que uno se llega a preguntar si el del tupé es realmente un buen tío o no merece tanto la pena; es aquí entonces cuando surgen las tensiones entre el chico y la chica. Los celos, el egoísmo, la ambición, el orgullo, aspectos que siempre pueden estropear una relación que tiene todos los ingredientes para que se pudiera convertir en algo bonito y natural hace que nos entretengamos como podríamos hacerlo en cualquier telenovela hispanoamericana, aunque en las películas de Elvis Presley no se exageren tanto el drama ni los sentimientos.

        En El rock de la cárcel pasan muchas de las cosas que mencioné antes. Hay gente que la considera la mejor película del cantante. En principio vemos una especie de película de género carcelario, pero suavizada para no meternos de lleno en el drama ya que la película, aunque sí tiene ciertas dosis de drama, y la productora la vende como tal, y violencia (el personaje de Elvis es violento y esta fue la causa de que lo encarcelaran), es más  un musical de género romántico, como casi todas sus películas, sobre todo cuando Elvis sale de la cárcel y comienza su carrera como si de un meteorito se tratara.


    De cómo se pasa de la nada, del arroyo, de pasarlas canutas a convertirse en una estrella aprovechando las cualidades que se tienen y sabiendo lo que se quiere, eso es El Rock de la cárcel: la ambición por ser alguien y por ganar mucho dinero (eso lo dice la estrella continuamente). Hay que ser muy duro y disciplinado para conseguir el éxito; no sólo vale con que hayas heredado una gran y melodiosa voz aterciopelada que vibra como la de un gran cantante negro de jazz sino que tienes que tener muy claras las cosas que quieres y cómo conseguirlas, abofeteando si hace falta a un directivo de una empresa de discos si te la ha jugado, y aprendiendo de paso la lección para que no te vuelva a suceder; lo importante es el éxito y el dinero y eso se consigue dejando de lado a veces los sentimientos por una chica que te ayudó y que  había demostrado que te quería.



miércoles, 22 de junio de 2011

Río Bravo/ Howard Hawks/ Estados Unidos 1959



La película se rodó entre Mayo y Julio de 1958 y se le buscó un título alternativo que fue el de A bull by the tail. Para la elaboración del guión los encargados siempre disponían de un par de buenas opciones para resolver las situaciones creadas. Unos años más tarde gran parte de ese material desechado fue utilizado en otra película de Hawks, El dorado, un western con ciertas características crepusculares y de gran aventura que retoma el tema del sheriff acosado y “solo ante el peligro”.
Aunque es considerado uno de los mejores westerns de la historia y cuenta con personas tan importantes como Howard Hawks o John Wayne, el film quedó sorprendentemente fuera de las nominaciones a los premios oscar.


Película de género de Howard Hawks  desarrollada en los límites de un pueblo donde los hombres de un  terrateniente local presionan al sheriff del pueblo para que saque de la  cárcel al hermano del potentado y desafiante cacique. He leído que esta película fue la respuesta de Hawks a otro western clásico protagonizado por Gary Cooper y la bella Grace KellySólo ante el peligro; en ésta un sheriff pedía ayuda en un pueblo  amenazado por unos forajidos y nadie se la daba; En Río Bravo ocurre lo contrario: mucha gente es la que le ofrece ayuda al sheriff sin pedirle nada a cambio.
Los grandes espacios a los que el cine del oeste nos tiene acostumbrados cambian aquí a espacios mucho más reducidos, como el pueblo (Río Bravo) donde se mueven los personajes de la película, los locales que forman parte de dicho pueblo, como la cárcel donde transcurre gran parte del metraje y se aprecia mejor el tipo de relaciones que se establecen entre los protagonistas (John Wayne y su amistad protectora hacia el ya anciano pero entrañable WalterBrennan y Dean Martin, a los que se le unirá un poco más tarde el cantante y actor Ricky Nelson con su, en alguna medida, temerario sentido de la justicia provocado por su juventud, y que requiere de la acción para conseguir resultados), el hotel regentado por un hispano que tiene amistad con el sheriff o cualquiera de los bares del pueblo donde se desarrollan algunas de las escenas con mayor tensión, como la que acontece cuando Dean Martin atrapa a un asesino en un bar ganando con ello una autoconfianza que había perdido por culpa de una mujer y del alcohol.


 


Es por esto que Río Bravo es el más intimista de los westerns de Hawks; en ese aspecto se parece a otro western legendario como es Johnny Guitar. Se sabe perfectamente cuando están tristes los personajes, cuando sienten alegría o rabia, muchas veces contenida, cuando están siendo humillados o cuando surge la valentía que los conducirá a la redención. En todos los westerns de Howard Hawks el análisis emocional y psicológico de los personajes era evitado en cierto modo por un espíritu de aventura genuino que los grandes espacios y el tipo de acción que ese marco abierto producía; en Río Bravo esto cambia: la cámara se centra más en el hombre que en la acción que pudiera desarrollar. Esto tampoco quiere decir que no haya acción en Río Bravo, sí que la hay, pero es muy distinta a la acción que puede haber en otras películas de Hawks como en la grandiosa y legendaria Río Rojo o en la entusiasta El Dorado (que es prácticamente la misma película y posterior a Río Bravo en casi diez años). Río Bravo tiene una puesta en escena tan magistral y clásica que hay escenas que fluyen con un gran dinamismo a pesar de ser muy estudiadas; cada gesto, cada paso, cada mirada se produce en el momento justo y como quiere el director, como en la primera escena de la película en la que durante aproximadamente tres minutos no se pronuncia ni una sola palabra y ocurre algo de vital importancia que será el origen de todo lo que ocurrirá después.



La épica de Río Bravo es la lucha del fuerte contra el aparentemente más débil; es la lucha de David contra Goliat, donde la única fortaleza que parece tener David es representar a una ley que poco puede hacer en condiciones adversas, no sólo por no poder llegar a todos los lugares y a tiempo sino porque el que la representa (el sheriff) tiene como ayudantes a un viejo cojo y cascarrabias, a un borracho con problemas sentimentales y a un joven que, aunque valiente, también es demasiado vivo e inexperto para actuar eficazmente en situaciones extremas donde se valoraría más la templanza.
Demasiados hándicaps para la ley (ahí podría residir uno de los mayores encantos de esta película magistral de Howard Hawks), mezcla de géneros con base en el western, pero que acoge también comedia, drama, pequeñas dosis de romanticismo y acción perfectamente calculada, casi al milímetro, venganza e historia de superación (cuando la historia se centra en el personaje interpretado por el también- como Ricky Nelson- actor y cantante Dean Martin, que hace sin duda alguna el mejor papel de su vida como actor, junto al que interpreta en la película de Billy Wilder Bésame tonto, pero aquí más encasillado en su faceta de galán romántico.

Imprescindible y un pecado no haber visto esta joya aunque no te entusiasme el western.

domingo, 19 de junio de 2011

Sueños eléctricos/ Steve Barron/ Estados Unidos 1984



         La sociedad evoluciona constantemente y la tecnología también. Los ordenadores comienzan una carrera imparable hacia su humanización; esta película es una metáfora de eso: de la conversión de las máquinas en algo tan humano como nosotros mismos, algo de lo que se viene especulando, y todavía se hace, desde hace mucho en las mentes de científicos o pensadores de distinto tipo, traslación a nuestro mundo del papel de Dios y la creación y que se plasmó en unas cuantas películas de ciencia ficción como la de animación  Wall.E o la misma 2001, Una odisea del espacio (fijémonos en ésta en el comportamiento que manifiesta uno de los protagonistas del film: el ordenador Hal, con una conciencia muy humana)

          Aquí el tema es tratado en tono de comedia ligera romántica, de género fantástico y con la inspiración de la música de Giorgio Moroder, icono de la música tecno pop y creador de multitud y conocidas bandas sonoras de cine. Este músico también es el protagonista de la película, pero no sale como actor, su música es la protagonista porque forma parte fundamental de la trama, de un ordenador enamorado de la vecina de su dueño; de su interior sale esa música que lo ambienta todo y nos transporta a unos años 80 divertidos, alegres, que ilusionan por todo lo que ofrece el futuro y sus enormes posibilidades que pasan por ordenadores como el protagonista de la historia. Yo no soy del tipo de música que hace Moroder, pero reconozco que en una película con estas peculiaridades, y muy de esa década, es bastante acertada.



          La gente que ve esta película no podrá dejar de sentir nostalgia por esa década ya que elementos que la recuerdan no faltan y son explotados en una especie de fiesta de los sentidos, de apología de la alegría y las ganas de vivir (desprende un gran vitalismo), y en un final absolutamente desbordante en el que se da vía libre a esas manifestaciones vitales con bailes a dúo o en grupo, música de Moroder a todo trapo e imágenes de estilo videoclip años 80, que no dejan de impregnarte con alguna dosis de felicidad, y de bastante nostalgia, aunque para el que escribe esto haya un claro componente hortera en el conjunto y el resultado final sea un tanto fallido, pero con gracia, la película acaba y la metáfora también; y esa alegoría no puede ir más allá igual que no lo puede hacer el ordenador enamorado, sustituido por su dueño en el infructuoso pero noble empeño de conquistar a la mujer; el dueño es alguien que sí merece el amor de la chica al igual que lo merecería el ordenador de ser una persona de carne y hueso. Su interior es muy parecido al de  su dueño…sólo que éste no sabe componer música.


lunes, 13 de junio de 2011

Las dos caras del Dr Jekyll/ Terence Fisher/ Gran Bretaña 1960







El conflicto con su esposa, que tiene un amante (Christopher Lee) y una vida social ajetreada, sobre todo de noche, cuando se encuentra con él, hará que el Dr Jekyll se atreva a probar una sustancia con la que está investigando que lo convertirá en alguien muy diferente.

Aquí el monstruo es de apariencia atractiva. Sólo está corrompido por dentro, y esa envoltura atrayente para las mujeres, menos para la que más le importa: - su esposa- hará que experimente los placeres mundanos sin ningún tipo de restricción ni de ley moral social. Es en los momentos en los que su instinto salvaje y depravado sale fuera cuando el terror se apodera  de sus víctimas. Hyde, el lado terrible del Dr Jekyll, manipulará a su antojo y en su propio interés la relación a tres entre su esposa, él y su amante Paul Allen, amigo del Dr Jekyll y que conocerá al oscuro Hyde una noche en la que Allen está con su amante y Jekyll se esconde en su nueva personalidad y bajo otro aspecto. Es entonces cuando Hyde, y por consiguiente Jekyll, descubrirá lo que siente realmente su mujer por Paul Allen. No le gustará lo que descubre, con lo que comenzará su sanguinaria y cruel carrera que no parará, aunque por un momento el Dr Jekyll trate de pararlo de algún modo destruyendo las fórmulas de la droga que ha probado. Pero ya es tarde; ahora sus cambios son frecuentes y no necesita inyectarse ninguna dosis que lo haga transformarse. Hay en esos momentos una lucha interior en la que el personaje tendrá parecidos con el de Dos caras, el popular personaje del cómic de Batman. Llega un momento en el que los cambios son continuos y el Dr Jekyll no los puede controlar; la máscara no puede durar y tan solo hay que esperar el momento en el que él mismo se delate delante de cualquiera.



Si la Hammer ya abordó el mito de Stevenson en dos ocasiones, en la parodia The ugly Duckking, en 1959, por parte de Lance Conford, y en ésta de la que hablo en el post: Las dos caras del Dr Jekyll, del gran Terence Fisher, la competencia lo hará en el año 1971 con la especial El Dr Jekyll y su hermana Hyde. Ésta fue la única incursión de la Amicus y se puede considerar fallida a pesar de un cierto encanto. El elemento frustrado radicaría en dos motivos tan importantes como la dirección y el guión.
Hay una enorme cantidad de adaptaciones y variaciones de la novela de Robert Louis Stevenson, entre las cuales citaré: El hombre y la bestia, de John Stuart Robertson, la maravillosa El extraño caso del Dr Jekyll, de Víctor Flemming, protagonizada por Spencer Tracy e Ingrid Bergman, El extraño caso del hombre y la bestia, de Mario Soffici, El testamento del Dr Cordelier, de Jean Renoir, Las dos caras del Dr Jekyll, de la que comento aquí, El profesor chiflado, protagonizada por el cómico Jerry Lewis,  la que citamos anteriormente: El Dr Jekyll y su hermana Hyde, de Roy Ward Baker o la misma Mary Rilley, de Stephen Frears, demasiado aséptica para mi gusto y con no demasiado encanto a pesar de que John Malkovich prometía en el doble papel.


Terence Fisher demuestra equilibrio narrativo y gran fluidez en Las dos caras del Dr Jekyll. Hay gran erotismo, misterio y ciertas dosis de terror mostradas con esa elegancia británica características, en el presente caso de las películas de no demasiado presupuesto. La serie B es marca de la compañía Hammer y aquí no se apura del todo para no radicalizar el film. La mezcla es atractiva y seduce, por lo que uno no puede más que seguir los acontecimientos con un interés y poder de fascinación elevados que te conducen a una de las partes más oscuras que se pueden encontrar en cualquier persona, aquella que junta sexualidad con tragedia.

miércoles, 8 de junio de 2011

El arco/ Kim Ki-duk/ Corea del Sur 2005



Producida por Happinet Pictures y Kin Ki-Duk Films, su presupuesto fue de 950.000 $ y distribuyó Golem.
Se rodó en el mar cerca de la “roca de las Hadas” en el pueblo de Euolwang, en Incheon, en un viejo barco de pescadores que se reparó y se echó a la mar. Como el barco era el único decorado prácticamente de la película, el encargado se empeñó en que debía encajar a la perfección con el paisaje marítimo. Antes de comenzar el rodaje se invirtió mucho tiempo en decorarlo; había que transformar un barco común en un lugar para pescar en alta mar. Su reducida cabina debía convertirse en una habitación para el viejo pescador y la muchacha. En la escena en la que el viejo pescador predice el futuro, la chica debía columpiarse delante de un retrato de Buda mientras que el pescador disparaba una flecha hacia el cuadro. El realizador encargó al pintor Jung Byung-Gook que pintara un Buda tradicional coreano.

El jefe de atererezzo pensó en hacer un arco nuevo artesanalmente, pero Ki- Duk eligió comprar un arco cualquiera; envolvió los extremos con telas de colores, para que fuese un poco más llamativo y se dio pátina a la madera para que pareciese más fuerte, pero usada.
El rodaje comenzó el 2 de Enero del año 2005 y duró 17 días en un barco que carecía de un lavabo en condiciones o un sitio donde resguardarse del frío invernal. 



El guión de la película es del propio director, así como el montaje. El director de fotografía es Jang Seung-Baek, el mismo que el de Hierro 3. En cuanto a la música, el director se preguntó si sería posible sacar notas musicales de la cuerda del arco; ante la imposibilidad de conseguir un buen sonido se decidió usar un violín coreano al tocarse como se podría hacer con un arco. Kim Ki-duk tuvo la oportunidad de oír un concierto de Kang Eun- Il y se quedó maravillado. La música le pareció escrita específicamente para la película por lo que se utilizaron dos piezas para cuerda de Kang Eun-il, Desaparición y Vuelo.
Se presentó en el Festival de Cine de Cannes dentro de la sección Una cierta mirada y en la sección Zabaltegi del Festival de Cine de San Sebastián.
Esta es una película con la sensibilidad que sólo los orientales saben darle a su cine, muy poética y visual, no en cuanto a montaje o técnicas cinematográficas que tengan que ver con lo tecnológico, sino más bien por una puesta en escena y una forma de moverse, de mirar o de expresar emociones que se veían en otros tiempos, yo iría hasta muy lejos: los comienzos del cine, el cine mudo que expresaba tanto con miradas o gestos y que también era muy visual porque la imagen y su significado lo eran todo. Y ésta de Ki-Duk, como todas las de su cine,  podrían haber salido perfectamente de aquél cine mudo, pero si lo viéramos, o nos lo imagináramos más bien, en blanco y negro.
Como todas las de Ki-Duk la historia es extravagante. Aquí hay poco diálogo. Importan las emociones que se expresan por distintos caminos y cómo el film es contado con calma y sencillez. Lo sugerente de la historia hace que se puedan interpretar muchas situaciones. No se sabe muy bien por qué la protagonista tiene ese vínculo tan especial con el viejo… ¿es una especie de síndrome de Estocolmo? ¿Está realmente enamorado de él, o del chico que la conoce en el barco más adelante? ¿Cómo conoció al viejo, y cuándo? Se supone que el viejo la recogió de la calle cuando era muy niña. Si es así hay un punto bastante morboso y enfermizo en la trama porque ese toque que mencioné antes del síndrome de Estocolmo no sería tan descabellado tenerlo en cuenta, unido a una relación que sería de padre y amante entre la joven y el anciano. Es un encierro y un aislamiento un tanto forzado porque el viejo no le da otra opción más que la de estar con él aislada de todo.



SPOILER (No leer el spoiler en color azul para no descubrir partes de la película)
Hay que tener en cuenta que el viejo la tiene siempre en un barco en medio del mar y la chica no sabe qué es el mundo: sólo conoce el mundo que le ofrece su padre, que también es su amante (descabellado!), porque, curiosamente, la chica ama de una forma singular al viejo, y él a ella, pero con el añadido, por parte del hombre, de que además es un amor posesivo. /FIN SPOILER (Ya se puede seguir leyendo sin problema)
Sin libertad todo lo que consigue el viejo es engaño y manipulación. El amor que refleja la película es enfermizo para cualquiera: el chico que conoce a la chica así se lo dice al viejo; pero los sentimientos de la chica hacia el viejo no dejan de ser contradictorios ya que también lo quiere a su modo, como ella aprendió en ese mundo hermético y triste. Las de Kim Ki- Duk son historias que hacen reflexionar; de todas formas hay una serie de repeticiones y constantes que rebajan un tanto el buen nivel de El arco, escenas calcadas que significan lo mismo y que dan la sensación de que está pasando poca cosa, aunque sí pase.

miércoles, 1 de junio de 2011

Crash/ David Cronenberg/ Canadá 1996



Antes de meterme un poco en materia, decir que en esta película del canadiense David Cronenberg sería deseable no quedarse tan sólo en su superficie extraña, mejor saborearla intentando meterse en todo lo que tiene de mórbido, aunque en ocasiones cueste; si conseguimos hacerlo, y conectamos, se podrá disfrutar muchísimo de una grandísima película.
Basada en el denominado estilo de estética ciberpunk, la novela Crash, de J. G. Ballard es una historia real que vivió su autor cuando estuvo en una secta de aficionados a los accidentes de tráfico y al sexo. Crash es uno de esos Films que, generalmente, o te parecen una obra maestra o provocan extrañeza y desinterés. Un ejemplo clarificador de tal afirmación sería el manifestado por el popular crítico Carlos Boyero cuando dice que la película es un tostón sobrevalorado, una estupidez violenta y pretenciosa. Yo, en este caso concreto, soy de la opinión opuesta.

En Crash nos encontramos con personajes que se mueven por impulsos que giran alrededor de una sexualidad perversa, agresiva y peligrosa. Hay un erotismo siniestro y difícil, una atracción enfermiza (lo que “la gente normal”considera enfermiza) por el caos que se produce en los accidentes de automóvil, por el daño físico que se puede dar, por esa vulnerabilidad que provoca acercarse demasiado a esa línea que separa la vida de la muerte y el intentar zafarse de ella, aunque en el juego se busque un placer incontrolable que es como una droga: un riesgo, sea natural (téngase en cuenta que siempre que alguien se monta en un coche hay un riesgo de accidente) o provocado (espectáculos montados por el maestro de ceremonias y gurú perverso- sexual Elias Koteas) que es aprovechado para que el señor Cronenberg nos cuente con rotundidez y desinhibidamente los instintos de una gente que parece vivir en otro mundo, en su propia subcultura, con códigos muy distintos a los nuestros, gente de otra pasta a la que no le importa ir más allá con tal de vivir lo que quieren: sus propias parafilias con orgullo, aunque su conducta no sea la más aceptada.
Algunas de las escenas de sexo fueron desechadas del montaje final ya que había demasiada química y complicidad y eso no encajaba con el mal rollo que Cronenberg pretendía transmitir.



Estamos ante un relato alucinado y alucinante; de aspecto compulsivo, hipnótico (tremenda la escena del accidente y el recorrido que se hacen por él los protagonistas) y provocador, que nos arrastra al lado más oscuro e incomprensible de nosotros mismos.
Las escenas eróticas producen una fascinación morbosa y causan un impacto de alto voltaje en las emociones no acostumbradas a tales “desvaríos” y desviaciones conductuales. Los coches como fetichismo sexual y el tráfico como posibilidad de contacto o acercamiento al erotismo más corrupto.