" cinódromo: marzo 2011

jueves, 31 de marzo de 2011

Vivir (Ikiru)/ Akira Kurosawa/ Japón 1952




Extraordinaria e inolvidable película del genio Akira Kurosawa en la que el director nipón hace una aguda y reflexiva crítica de la burocracia en el Japón de los años 40-50. Esta crítica tiene que ver con la existencia humana y la forma de acometerla mediante algo tan inherente al individuo como la libertad. El trabajo forma parte de la vida y arrastra a ésta. Podemos elegir: o no hacer nada y ser una marioneta inanimada y gris, un mecanismo oxidado que forma parte de un engranaje oxidado, arrastrando el desencanto e inapetencia de una vida pobre, triste y sin nada por lo que luchar, o reaccionar y concienciarse de tu paralizante conformismo.

Esta maravillosa película está dividida en dos partes claramente diferenciadas. En la primera parte contemplamos lo que le acontece a nuestro protagonista, un gris, después atormentado y finalmente comprometido con la vida y su trabajo actor japonés llamado Takashi Shimura. Cuando descubre que tiene un cáncer, su vida ya no será la misma; se producirá en el personaje un cambio sustancial, brusco y profundo que afectará a su vida, a la relación que tiene con la vida. Ese cambio hará que su deseo de vivir se acreciente. A partir de ahí, Shimura valorará más la vida e intentará no ser el mismo que había sido durante décadas, un hombre muerto en su Espíritu. Dentro de poco dejará de existir, pero hasta ese momento intentará abrazar la vida con plenitud y querrá aprender de ella con gente que le haga sentir de otra forma: un bohemio y artista librepensador que lo llevará por la calle del  hedonismo, lleno de noches alegres y mujeres con ganas de diversión, y una mujer que trabaja con él (él es su jefe), y que quiere dejar el trabajo por parecerle aburrido y poco satisfactorio. De esta chica, que interpreta la actriz Kyôko Seki, intentará conocer qué es lo que la hace ser alegre, vital, útil. Con ella tiene unas escenas memorables en las que el viejo moribundo (aunque no tan viejo) trata de arrancarle a la muchacha el secreto de su vitalidad y entusiasmo. Ella no sabe cómo ayudarlo y le dice que ella es así, que se siente feliz con cualquier cosa, incluso con la más sencilla…




El cambio de Shimura lo trasladará al trabajo de funcionario. Sentirá la necesidad de hacer algo, de no colaborar con la inutilidad burocrática y sí con la sociedad y sus necesidades.

Es en la segunda parte cuando, una vez muerto Shimura, en su velatorio, se hará un recorrido por los últimos meses de la vida de nuestro protagonista mediante saltos retrospectivos. Allí un grupo de políticos locales y funcionarios, que tienen que ver con Shimura, debaten sobre quién había sido el impulsor de una obra, un parque público para los niños, demandada durante mucho tiempo por un grupo de mujeres a las que se le había ido dando largas. En principio estos políticos aprovechados se querían poner las medallas de su realización, pero poco a poco se van dando cuenta, por los testimonios de unos y de otros, que conocían muy bien el asunto y la labor hecha, sorprendentemente, por Shimura, que la principal figura y valedor del proyecto había sido él. Hay lamentos y emociones alteradas en el velatorio en unas escenas poderosas y sobrecogedoras; finalmente la figura de Shimura sería honrada y recordada como se merecía. El compromiso de la gente que había acudido al velatorio es el de intentar cambiar, como había hecho la figura ensalzada, y ser útiles a las sociedad…



Pero el final es muy crítico, muy pesimista. Este final nos viene diciendo que el poder, y los peldaños que nos acercan a él, es ineficiente por carecer de la conciencia social necesaria como para servir al ciudadano y a la sociedad. La burocracia, la administración, es un poder apoltronado en el que los mecanismos para arreglar las cosas son ineficientes, y, en muchas ocasiones, innecesarios.

jueves, 24 de marzo de 2011

Cujo/ Lewis Teague/ Estados Unidos 1983

     

     Basada en una novela de Stephen King, esta película del director Lewis Teague está estructuralmente dividida en dos partes que convergen, mediada la película, en una cuando madre, hijo pequeño y perro San Bernardo tienen un mal encuentro.

      En la primera parte observamos a la madre, protagonizada por la conocida actriz del momento Dee Wallace, y la relación que mantiene con su marido, el hijo y el hombre con el que engaña al marido; y en la segunda parte, descrita en paralelo con la primera, vemos la historia del perro y su conversión, su metamorfosis.
      Una interpretación en la que se podría creer que lo que le ocurre a la mujer es un castigo cosmogónico merecido llevado a cabo por su adulterio sería una visión de la ideología más conservadora. Esta visión fanática no encajaría del todo si tenemos en cuenta que el castigo no sólo es hacia  Dee Wallace sino también hacia su hijo inocente. Pero en el ala más extremista de tal teoría hay quien podría decir que el castigo que se lleva a cabo hacia madre e hijo se hace para que resulte más completo: en este caso el hijo también sería culpable de los errores de la madre. Al morir el hijo, su madre pecadora sería doblemente castigada por su imperdonable desliz. Esta interpretación es extremista y quien la apoya lo hace como rechazo total al comportamiento inmoral de Dee Wallace. En los Estados Unidos (cuyos fanatismos religiosos en algunas capas de la sociedad son evidentes), seguramente, mucha gente que podía apoyar esta postura influiría en mucha otra gente para la que existe el pecado, la culpa y el castigo divino, aunque fuese inconscientemente bajo la amenaza del miedo religioso. Pero incluso para la gente que pensara de esa forma, entiende que ese castigo no debe llegar a su culminación ya que la mujer culpable se arrepiente posteriormente al dejar la relación adúltera, y es por ello perdonada, aunque con el ejemplo bien aprendido, y el ejemplo es el infierno pasado con su hijo, encerrados en un coche y con el mismísimo mal acechándolos. Salvada y arrepentida, la mujer vuelve al redil conyugal del matrimonio.



     Hago esta interpretación fanática porque creo en la intencionalidad con la que está hecha en algunas de sus propuestas, aunque el propósito sea como de dejarlo caer para que surjan las interpretaciones; yo no comparto tal visión “mística”; pero algo parecido ocurría en la película de Adrian Lyne Atracción fatal, un alegato en contra de la infidelidad en forma de adulterio. Si en Atracción fatal era Glenn Close el vehículo ejecutor del castigo, en Cujo lo es un perro San Bernardo rabioso, o maldito (según la interpretación más fanática).

    A pesar de estas consideraciones, y curiosamente, el resultado es impactante y no deja indiferente. Si se dejara de lado la intencionalidad a la que me he referido y se viera la película sin ningún tipo de mensaje interesado, la película se podía catalogar de efectiva y con un componente terrorífico importante, un film que trata sobre la supervivencia en las condiciones más angustiosas y al límite posibles.

miércoles, 23 de marzo de 2011

La hora del lobo/ Ingmar Bergman/ Suecia 1967





         Uno de los títulos que Ingmar Bergman rodó en la isla de Faro, en el Báltico, de tan sólo 600 habitantes y donde tenía su residencia; allí vivió durante sus últimos 60 años y allí también fue enterrado por su propio deseo; él mismo encargó la lápida que quería poner en su tumba.
        Esta película pertenecería a su época llamada por algunos de violencia, con otros títulos como La vergüenza (1968) o Pasión (1970). Al principio de la película, cuando ponen los créditos, escuchamos todo el ajetreo que sucede mientras ruedan una escena de la película, al igual que en su otra película Persona, que comienza con la puesta en marcha de un proyector y  algunos planos. Con esto Bergman nos quiere  presentar su obra como un artificio, una ilusión. Muchas de las escenas son simbólicas y representarían el miedo del artista a no estar a la altura que reclaman sus admiradores; en la película, por lo tanto, Max Von Sydow sería su alter ego, y como él mismo un artista.


           Si bien se tiene la creencia de que  este influyente director sueco fue alguien  que  sólo realizaba películas densas y de corte filosófico, algunos incluso que el aburrimiento era una constante de su cine, uno de sus largometrajes: Sonrisas de una noche de verano, que fue premiada en el festival de Cannes, y que lo lanzó a nivel internacional, es una comedia de un estilo Lubitsch inconfundible y que, aunque trata el paso del tiempo, y este tema es genuino y marca su comportamiento fílmico en otras de sus obras, Fresas salvajes, trata otros aspectos más ligeros de una forma desenfadada como los amores y los desamores. En este aspecto hay similitudes con otro director actual del norte de Europa: Lars Von Trier, cuyas películas son de una densidad intelectual evidente y hay más semejanzas en cuanto a ideas de concebir proyectos: Von Trier también hizo una comedia como Bergman, se trata de El jefe de todo esto… un poco más adelante seguiré con alguna que otra similitud entre ambos directores. Con otro director con el que se suele comparar a Bergman es con Carl Theodor Dreyer, y es curioso porque el sueco era un  ateo convencido mientras que el danés era muy religioso; tal vez los contrastes y las dudas eran dos caras de la misma moneda y la forma de tratarlas eran la misma, aunque la única diferencia era que en uno había escepticismo y en el otro fe (La Palabra es un buen ejemplo de esto).

        Si el cine de Lars Von Trier converge en muchas de sus propuestas, tanto estéticas como conceptuales, en su película de terror Anticristo, con las peculiaridades propias de este género, el cine de Bergman convergió en su momento en otra película del mismo género: La hora del lobo. Las dos son muy inquietantes, aunque la del danés roce la pura bestialidad y eso nos haga sobrecoger debido a su visceralidad que te remueve los mismos intestinos de una manera parecida a la convulsión.



       En La hora del lobo hay una realización que combina un tono contemplativo y cadencioso con una intensidad y nerviosismo que salen a relucir cuando lo terrorífico hace acto de aparición; en momentos puntuales, y cuando el horror se mantiene fijado en cada plano, el climax hipnótico y la irrealidad inundan una visión cruel y alucinada. Se respira el dramatismo típico que el terror lleva consigo; el misterio impenetrable ayuda a producir aún más irritabilidad, y es en todo esto en lo que se parecen estas dos películas de terror que contrasto: Anticristo y la de Bergman, La hora del lobo. También hay semejanzas claras con la obra de David Lynch, aunque las películas del americano tienen un carácter más onírico y menos de terror que las dos películas citadas. Siguiendo con La hora del lobo, decir que durante su desarrollo hay momentos en los que no sabes qué está pasando o qué es lo que está por acontecer, y eso crea desazón e incertidumbre, estados de ánimo adecuados para intensificar como un altavoz las sensaciones que este género oscuro y de terror demanda. Lo que se intuye e interpreta se impone. Las insinuaciones tenaces para recrear esa atmósfera que favorezca estados de inquietud son de una sutilidad y elegancia propias de un genio clarividente.

     Cine de gran altura; de una fuerza y de un magnetismo e intensidad tan grande como el realizado por Buñuel o Fellini. Aunque es una película de terror, también es una película reflexiva que  propone muchas cuestiones que crean tanta angustia como el mismo ingrediente terrorífico del film.

jueves, 17 de marzo de 2011

El gran carnaval/ Billy Wilder/ Estados Unidos 1951



Se desarrolla en Estados Unidos y la protagoniza un cínico y codicioso Kirk Douglas. Guión interesantísimo y arriesgado que sólo un maestro como el Señor Wilder  podía hacer de una forma tan convincente.

Kirk Douglas buscaba una noticia que lo catapultara a la fama; y lo conseguirá accidentalmente después de más de un año en un periódico de mala muerte. Algunos personajes de la peli parecen mostrarse de una forma diferente a como son en realidad: una especie de travestismo de la personalidad, aunque en este caso sólo interesado, para conseguir lo que quieren; aquí meteríamos sobre todo al personaje interpretado por Douglas, al sheriff, que hará todo lo que esté en su mano para salir reelegido en las próximas elecciones y al encargado de intentar sacar  al hombre que está atrapado en la cueva...


Spoiler (No leer el spoiler en color azul para no descubrir partes de la película) ...que aunque sabe que el método que van a utilizar no es el adecuado- entibar para poder llegar antes al hombre atrapado en vez de barrenar por la parte superior de la montaña-, no hace nada para intentar cambiar las cosas… /Fin Spoiler (Ya se puede seguir leyendo sin problema)

Es allí, el lugar de donde tienen que sacar al hombre de la cueva accidentado, donde se forma un espectáculo que podría semejarse a un carnaval (de ahí el título de la película): la tragedia humana como entretenimiento, como espectáculo casi de feria.



Y después tendríamos lo que son los dos tipos de periodismo: uno el representado por Kirk Douglas, para el que vale todo con tal de conseguir el éxito, con su labia y su poder de manipulación: un periodismo que se podría tachar de sensacionalista y oportunista; y en el otro lado tenemos el otro periodismo, el que representa el dueño del pequeño periódico local de Alburquerque, con su ética, y para el que no todo vale…




martes, 15 de marzo de 2011

Acordes y desacuerdos/ Woody Allen/ Estados Unidos 1999


Esta fue la película más cara realizada por Woody Allen hasta la fecha. El director John Watters tiene una pequeña intervención; su bigote le recordó a Woody Allen el utilizado por muchos hombres allá por los años 30, época en la que se desarrolla Acordes y desacuerdos, por eso le ofrece el pequeño papel al director de Hairspray. Al igual que su otra película, Zelig, estamos ante lo que podía ser un falso documental, inspirado en parte en la vida del músico de jazz Sydney Bechet.
Esta película de Woody Allen podría interpretarse como un homenaje al Jazz, música por la que el director neoyorkino siente una especial predilección hasta el punto de que él mismo la toca con su famoso clarinete. Aquí el homenaje lo concreta en un músico clásico de ese estilo, Django Reinhardt, uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos; además, según el propio Allen quiere homenajear la película de Federico Fellini, La Strada El personaje protagonista, interpretado magistralmente, por el actor Sean Penn, como viene siendo habitual en su trayectoria más reciente, es un admirador incondicional del gran Django, del que proclama ser el mejor guitarrista del mundo; ¡Bueno! Eso mismo dice de él mismo (también es guitarrista profesional, aunque se gane la vida, además, de otras muchas maneras, algunas de las cuales caen en lo surrealista tratándose de quien es en el mundo del Jazz), pero siempre citando a ese “gitano francés” como ejemplo inalcanzable e idealizado, como alguien que es admirado hasta el extremo de desmayarse delante de él, no sólo al escucharlo tocar su guitarra sino también con su sola presencia.

Spoiler (No leer el spoiler en color azul para no descubrir partes de la película)
Pero no sólo le causa admiración este gran guitarrista gitano de Jazz a Sean Penn, le causa temor y rehúye  de encontrárselo siempre que puede hasta el extremo de salir por piernas de un local en el que va a tocar y donde se entera que Django Reinhardt está presente. / Fin Spoiler (Ya se puede seguir leyendo sin problema)

Esto podría ser interpretado como inseguridad a pesar de que él mismo es un genio de la guitarra, una marca personal que lo hace ser vanidoso hasta lo exaspesperante y muy hermético emocionalmente.

El personaje que interpreta Sean Penn es un puro defecto en cuanto a persona,  pero es un genio tocando la guitarra; lo que tiene de buen guitarrista lo tiene de mezquino, simple, egoísta, vanidoso, insensible, caradura, etc; al menos eso es lo que parece y nos lo demuestra escena tras escena; sin embargo da la sensación de que no es tan malo como puede parecer y que muchas de las cosas que hace son pura pose de artista para vanagloriarse  aún más de su gran talento como músico.

Sean Penn vive para la música y solamente puede ser un verdadero amante de su guitarra…

Spoiler (No leer el sopiler en color azul para no descubrir partes de la película)
aunque en una escena final la destroce dolido porque a una mujer con la que está, y a la que lleva a matar ratas a un vertedero de basura (una de sus diversiones excéntricas favoritas, además de ver pasar trenes por la vía), no parece haberle entusiasmado la actuación que le brinda. / Fin Spoiler (Ya se puede seguir leyendo sin problema)




Película simpática y granuja; muy bien ambientada en la época de los 30. La puesta en escena es magnífica y su estilo es genuinamente clásico, aunque la historia tenga algo de surrealista en cuanto a los comportamientos y excentricidades de los personajes, aquí sobre todo cuando Woody Allen se detiene en Sean Penn o en Uma Thurman, algo que Allen hace a veces en sus películas-: exagerar la personalidad y los comportamientos; me viene a la memoria ahora a Javier Bardem y su especial personalidad en Vicky Cristina Barcelona, su ex, en la misma película, Penélope Cruz o Scarlett Johannson en la aburrida Scoop-



sábado, 12 de marzo de 2011

Elephant/ Gus Van Sant/ Estados Unidos 2003




           Gus Van Sant fue músico durante años y antes de ponerse en serio a hacer largometrajes dirigió videos musicales de cantantes y bandas como David Bowie, Elton John, Red Hot Chili Peppers o Hanson. Esta película está protagonizada por estudiantes de distintos institutos de Oregon. En el casting se presentaron unos 3500 estudiantes y a los elegidos se les animó a separar su papel de su vida personal y a integrar en la película sus experiencias personales. No había a penas un guión que seguir: era un guión improvisado hecho por el mismo Van Sant inspirado en un documental de la BBC dirigido por el cineasta británico Alan Clarke y con el mismo título que la película en el que nos cuentan como es la violencia en Irlanda del Norte. Clarke le puso este título a su documental al considerar que la violencia es un problema tan complicado de ignorar como el hecho de tener un elefante en el salón de tu casa. En el film se improvisaban los diálogos; de vez en cuando Van Sant les sugería que incluyeran historias que habían oído para darle más credibilidad a la historia. El director quería ante todo improvisación. A mí el planteamiento de la película y la idea de cómo hacerla me convence, no así su resultado final. Me sorprende que hubiese ganado la palma de oro en el festival de Cannes y el premio al mejor director.

       

       Resumiendo: poca alma para una película con un planteamiento interesante desde el punto de vista formal, casi como si de un experimento se tratara, pero que conduce a algo bastante plano. De cualquier forma, este ejercicio cinematográfico es preciso y muy coherente y su propuesta es moderna, aunque quede el aburrimiento estropeándolo casi todo. Una pena porque si se hubiera trabajado más el guión en cuanto a las relaciones de los personajes podría haber ganado muchísimo, y, puede que también, emocionado algo más, con lo que hubiese ganado bastantes enteros.




jueves, 10 de marzo de 2011

Cuando llega la noche/ John Landis/ Estados Unidos 1985





A partir de un relato de John Koslow, el director John Landis hace un comedia de acción  bastante Light, de continuos giros y bastante simple.
El apoyo que en esta película le da mucha gente del mundo del cine a su director se debe, según rumores bien fundados, al hecho de que Steven Spielberg le criticara y dijera que en su vida le volvería a dirigir la palabra por el hecho de una mala planificación en la película En los límites de la realidad, producida por Spielberg, donde dirige también una de las partes, y en la que hay un accidente en el que mueren dos niños asiáticos y el actor Vic Morrow. Humoristas como Dan Aykoyd comparten créditos en la película junto a veteranos de la talla de Irene Papas o Richard Farnsworth, cineastas como Jonathan Demme, Jack Arnold, Paul Mazursky, David Cronemberg, Jim Henson, Lawrence Kasdan, Daniel Petrie, Roger Vadim o Don Siegel (ahí es nada) o cantantes como David Bowie o Carl Perkins.


Tras películas como El precio del poder y Lady Halcón, siempre delgada y muy bella, la actriz Michelle Pfeiffer es tratada en el cine como un ángel al que nadie puede atreverse a tocar, tan sólo se puede mirar con ternura. En este film en el que Landis se permite incluso el sacarla desnuda, será utilizada del mismo modo en la relaciones que tiene con Jeff Goldblum, aunque al final se decidan a algo más.

Parece mentira que el director de una película tan mítica como Granujas a todo ritmo, o como la divertidísima Entre pillos anda el juego, hecha sólo tres años antes, hubiera hecho semejante despropósito.
Jeff Goldblum tiene insomnio y eso afecta a su trabajo y a sus relaciones de pareja. Su vida se le escapa de las manos y empieza a no tener control sobre ella. Una noche sale en coche desesperado por lo que le está sucediendo; no quiere volver a casa. Pero su escapada en vez de ser un punto final (el suicidio podría pasar por su cabeza) se convertirá en algo que él, en principio, no quería: una peligrosa aventura en la que una mujer, Michelle Pfeiffer, será perseguida por cuatro iraníes (de aquellas, y aún ahora, Irán era uno de los mayores enemigos de los EEUU después de la revolución islámica que derrocó al Sha de Persia)

A partir de ahí la trama se enreda de tal manera que te pierdes por momentos, no sé si es que yo también estaría algo despistado, y por momentos te vuelves a enganchar como puedes. La sensación de no pasar  nada, de ser una peli vacía, desesperante, es una constante, aunque con un envoltorio atractivo producido por la propuesta de la situación y por la pareja protagonista, pero por separado, cuya química deja bastante que desear.
Lo rocambolesco de esta trama de thriller con pinceladas de humor al estilo Landis, anécdotas que en ocasiones hacen bastante gracia, pero que son pegotes con los que se pierde credibilidad y equilibrio narrativo, es otro de los aspectos negativos que se resolverá lo más fácilmente posible con una explicación de Michelle Pfeiffer a Jeff Goldblum en la que entran en juego joyas, contrabando, iraníes cabreados y algún que otro nombre por ahí perdido involucrado en la historia: personajes que, después, aparecerán y desaparecerán como por arte de magia y sin saber muy bien por qué.

Como dato positivo comentar que la película gana un poco en el tramo final, cuando el tono de comedia, de género negro (thriller), gana enteros y Landis no se corta en realzar ese aspecto; insuficiente, no obstante, para arreglar todo el desaguisado montado desde un principio.

jueves, 3 de marzo de 2011

La burla del diablo/ John Huston/ Estados Unidos 1953





             El personaje que interpreta Humphrey Bogart en esta película de John Huston es de difícil catalogación; desprende fascinación y simpatía a partes iguales. Fascinación y misterio en cuanto a no saber de dónde procede ni cuál es su trabajo, aunque a los pocos minutos de metraje se sepa que se dedica a algo sospechoso desde el punto de vista de la legalidad.
             El grupo de conocidos, que no amigos, que están con él pretenden conseguir, por medio de chantaje, la propiedad de unas tierras en África en las que hay un mineral muy codiciado y peligroso: uranio. Bogart y sus contactos son imprescindibles para llevar la empresa a buen puerto, por lo que unos se necesitan a los otros y deberán colaborar aunque no se soporten demasiado.



         Con Bogart también simpatizaremos a pesar de mantener una relación íntima, pero sincera y un tanto platónica, con la esposa de un súbdito británico, de desbordante imaginación y muy supersticiosa. Su esposo parece ser un hombre rico y con una envidiable posición social; y enseguida comienza a liarse todo y a girar vertiginosamente un guión con su complejidad argumental que va asombrándonos cada vez más según se desarrolla.

Spoiler (No leer el spoiler en color azul para no descubrir partes de la película)

                La esposa de Bogart (Gina Lollobrigida) siente también algo por el marido de Jennifer Jones (el inglés), igual que Jennifer Jones siente algo por Humphrey Bogart. Sólo que Gina Lollobrigida desea del inglés lo que representa desde el punto de vista social, su éxito y su estirpe: su vida de hombre rico, noble y británico. / Fin Spoiler (Ya se puede seguir leyendo sin problema)


              La imaginación de Jennifer Jones y sus augurios de bruja frustrada por las circunstancias son escuchados tanto por su esposo, que no le presta demasiada atención, como por su admirador Humphery Bogart, que se interesa por ella no sólo por su belleza sino por su intuición y la verdad que en ella se esconde.



Spoiler (No leer el spoiler en color azul para no descubrir partes de la película)

               Jennifer Jones y su marido se ven involucrados en la trama oscura sin pretenderlo. Están justo en el lugar inadecuado(o adecuado según se vea, y más sabiendo como acaba todo) en el momento inadecuado también. La mujer comete una indiscreción con Bogart en la que le cuenta lo que les lleva a ella y a su marido a África, en la que detrás de un interés por el cultivo del café se esconde otro por algo que les interesa a Bogart y a sus “socios amigos”: el uranio; sólo que Jennifer Jones en su confidencia mezcla imaginación con realidad, aunque haya mucho más de lo primero que de lo segundo, y Bogart no sabe cómo tomarse lo que le dice en una mezcla de declaración de amor y de unos intereses que eran los suyos(de Jennifer Jones) y los de su marido, pero que ahora podrían ser los suyos y los de Bogart./ Fin Spoiler (Ya se puedes seguir leyendo sin problema)

Pero esta confidencia es oída también por uno de los del grupo para los que colabora Bogart y, cuando cuenta todo, la banda asume la peligrosidad bajo la que se encuentran si Jennifer Jones se entera de sus planes que podrían entrar en conflicto con los de ella y su marido (¿o los de ella y su amante? Cosa que resultaría mucho más peligrosa porque Bogart aún está con ellos).

           Después de una trama con estructura policial, aunque curiosamente no aparezca policía alguno, y con connotaciones de intereses económicos corruptos, se pasa en la segunda parte de la película a un género de aventura exótica y con algo de humor en las situaciones a pesar de tener un tono claramente dramático. Esta mezcla resulta desconcertante, nos descoloca según pasan las escenas y nos asombra por tanto cambio en un guión con tanto matiz, pero aún nos asombra más que después de meterse por caminos de difícil recorrido y más complicada resolución, Huston, con su gran genio y firmeza, y una varita mágica debajo del brazo, resuelva con evidente encanto y algún que otro toque magistral (aunque la película en su conjunto no lo sea, sólo entretenida y sugerente)todo este conglomerado de géneros y situaciones que nos brinda en un todo divertido y muy simpático.